En medio de la creciente división en el kirchnerismo, el círculo cercano a la ex mandataria sostiene que el Gobernador todavía no ha manifestado abiertamente su posición. Se afirma que Kicillof tiene la intención de forjar un “kirchnerismo sin Cristina”, buscando un lugar ideológico que no implique los riesgos de una ruptura total.
Desde la gobernación bonaerense se repite que 2026 será un año dedicado a la construcción política. El jefe de Gabinete, Carlos Bianco, apoya esta visión tanto en público como en conversaciones privadas. A pesar de que es evidente que Kicillof está en proceso de armar una candidatura de carácter nacional, su estrategia consiste en no prestarle demasiada visibilidad a su rol como candidato en la actualidad.
En las próximas semanas, Kicillof, quien ha evitado la interna en la medida de lo posible, intentará mantener el foco en su plan de acción y consolidar su posicionamiento de cara al 2027. Recientemente, después del discurso de Máximo Kirchner en Parque Lezama, admitió que no es el candidato propuesto por el sector liderado por Cristina Kirchner. La claridad le llegó tras escuchar al líder de La Cámpora, quien lo mencionó como el “candidato por default”.
Por otro lado, en el círculo íntimo de CFK se asegura que Kicillof desea crear un espacio político que no incluya a la ex presidenta, aunque aún no se atreve a expresarlo abiertamente. “No lo explicita, pero es una decisión tomada. Le conviene no hacerlo público en este momento. Es un candidato que no manifiesta claramente su deseo de construir un proyecto sin Cristina, pero cuenta con sus votos”, comentó una fuente respetada dentro del círculo de poder de la ex mandataria.
En el ámbito kirchnerista se afirma que el próximo año “el espacio contará con un candidato” y que CFK estará involucrada en el debate. Su liderazgo no pasará desapercibido en la contienda electoral, ya que su sector buscará representación a nivel nacional. Las pautas que se definan para las candidaturas serán determinantes para las decisiones que tome la líder peronista. A esta altura, nadie puede creer que Cristina Kirchner permanecerá alejada de la discusión decisiva, a pesar de su situación legal.
Los nombres que circulan en la esfera política peronista son muchos, aunque tres destacan recurrentemente: Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” de Pedro y una figura que podría surgir de un pacto, Sergio Massa. Este último, al ser líder del Frente Renovador, es considerado un actor que no podría representar a un sector específico, sino a una mayoría. Se opina que Kicillof se equivocó al intentar formar una línea interna del peronismo, al pretender ser candidato a la presidencia.
Si bien muchos en el justicialismo consideran que las PASO son la mejor opción, desde el kirchnerismo se cuestiona esta perspectiva. “Quizás al kirchnerismo le convenga presentarse en una elección general, con candidato propio y bajo la identidad de Cristina, en lugar de participar en unas PASO”, sostuvo un dirigente cercano a CFK. Esta declaración podría ser una de las novedades más significativas.
Entre los seguidores más férreos de Kirchner, hay quienes piensan que al Gobernador le sería beneficioso participar en las PASO, pues le permitiría mantener su identidad kirchnerista. Sin embargo, si decide separarse y Cristina presenta a un candidato respaldado por ella, la transferencia de votos no sería automática. Según sus argumentos, los votos de CFK irían hacia su candidato, no hacia Kicillof.
“Axel tiene el 97% de correlación de su voto con el de Cristina. No aceptar su identidad es un error político. Lo que está haciendo desgasta su base de votantes, no a CFK”, advirtieron allegados a Máximo Kirchner, quienes creen que el Gobernador “hace esfuerzos por mostrarse diferente” sin darse cuenta de que está luchando contra un enemigo imaginario.
La posibilidad de una fractura manifiesta en el peronismo, similar a la de las elecciones presidenciales de 2003, parece plausible a medida que avanza el conflicto. El quiebre en la relación política y personal entre los Kirchner y Kicillof sugiere que, si el Gobernador se convierte en el candidato de la unidad y asume la presidencia, sería difícil mantener un gobierno estable.
Esta preocupación, que prevalece entre muchos dirigentes, se fundamenta en el fracaso del Frente de Todos que llevó a Alberto Fernández al poder. Por ello, las posibilidades de unidad que se discuten no cuentan con un respaldo firme. A largo plazo, es cada vez más complejo imaginar un proyecto común, a pesar de que ambos sectores pertenecen al mismo espectro político.
Kicillof navega la interna con cautela, intentando avanzar en su proyección nacional sin quedar atrapado en el ciclo de críticas. “Axel tiene muy claro qué desea y hacia dónde se dirige. Eso genera incomodidad. En Parque Lezama revelaron que prefieren perder. Demostraron lo desconectados que están de la realidad de la gente”, aseveró un funcionario de alto rango en la gobernación.
Mientras tanto, el peronismo se encuentra en un proceso de fragmentación, mientras algunos sectores intentan construir un futuro viable. Se está desmoronando la protección que los mantuvo unidos, en medio de intentos por establecer un esquema de negociación y un programa económico cohesivo. En este escenario político, Cristina Kirchner y Axel Kicillof se encuentran en una partida de ajedrez, donde la táctica y la estrategia son fundamentales para no perder poder ante las maniobras de la oposición.









