En su inicio, bajo la dirección de su fundador, Marcos Meischenguiser, y luego de sus hijos Carlos y Ricardo, Perramus se limitó a un único local en la esquina de Sarmiento y Maipú, especializándose en impermeables. Diego recuerda que su abuelo Marcos era ante todo un comerciante y que externalizaba la confección a talleres. Su padre Carlos, abogado que nunca abandonó su profesión, así como su tío Ricardo, médico neurólogo, establecieron una fábrica en Caballito, donde Diego creció rodeado de la industria.
Desde una planta en Honorio Pueyrredón y Luis Viale, abastecían a Perramus y a otras marcas, y fue en ese entorno que Diego se inició en la fabricación en los años ’80, trabajando para Christian Dior, NewMan, Uma y Vitamina.
En 2005, adquirió la marca a sus parientes y comenzó a transformarla en una propuesta adecuada para los shopping centers, incorporando prendas informales y de vestir a su oferta tradicional de impermeables. Con el tiempo, reubicó la fábrica en Boedo, donde inauguró una nueva planta en 2013 con una línea de producción que ocupa la mitad de la cuadra, donde operan tanto humanos como robots en la confección para Perramus y otros clientes.
Actualmente, esa planta opera al 40% de su capacidad, según Meischenguiser. Sin embargo, ha encontrado la manera de mantener en empleo a las 170 personas que componen su equipo. Esto no sucedió por arte de magia: se estableció un acuerdo de licencia con una marca internacional para comercializar botas y prendas de lluvia de Hunter, lo que permitió una nueva transformación de Perramus hacia una oferta “bimarca”, integrando elementos de ambas marcas en los mismos locales. Además, ahora existen locales exclusivos de Hunter, como uno recientemente inaugurado por un franquiciado en Rosario.
“Ahora es menos producción y más logística”, resumió. “Estamos en un cambio de época que me recuerda a los años ’90. En aquella época, mi padre era un industrial al 100%, mientras que yo me inicié en la importación de algunos productos. Pero fue mi padre quien siempre me enseñó a ser flexible”.
Las botas Hunter, que hoy son vistas como un producto de moda por el público joven, también tienen un origen histórico, habiendo sido un elemento fundamental en los uniformes del Reino Unido durante las Guerras Mundiales. Fundada en Escocia en 1874, Hunter comparte con Perramus una conexión con las islas británicas: la lana para sus impermeables proviene de Gales.
“Siempre hemos tenido una pata industrial y una pata importadora, y hoy la importación ha crecido más. Contamos con menos cortadores, costureros y personal en el área de terminación, quienes ahora se desempeñan en el depósito o en el e-commerce. Contar con la marca Hunter nos ayudó a retener talento; seguimos siendo una empresa de 170 empleados, como ha sido desde la post-pandemia”, agregó Meischenguiser.
Respecto a las ventas, afirmó: “En términos de cantidad, estamos vendiendo de manera similar a hace un año; las ventas están estancadas e incluso han experimentado una leve disminución. Además, actualmente las prendas son más económicas que el año anterior, a pesar de que la inflación fue del 35%. El mercado se ha vuelto más competitivo y recesivo”.
La red comercial se compone de 12 locales propios, ocho franquiciados y una variedad de locales multimarca repartidos a lo largo del país. A comienzos de 2023, Meischenguiser implementó nuevas reglas más flexibles con su cadena: en lugar de vender la ropa a los franquiciados, ahora se entrega en consignación. “Los franquiciados nos piden más margen de venta, y podemos ofrecerles algún punto adicional. Al cambiar la forma de abastecimiento mediante la consignación, los franquiciados pueden ver la poca rentabilidad y no quedase con un stock sin vender”.
Como parte del selecto grupo de marcas argentinas con más de un siglo de historia, Perramus tuvo su propia historieta, que apareció en la extinta revista Fierro en los años ’80, con guiones de Juan Sasturain e ilustraciones de Alberto Breccia. El personaje principal era un detective llamado como la marca, con un estilo que evocaba el cine en blanco y negro de los años ’40. Sin embargo, Diego, quien era estudiante de secundaria en ese entonces, considera que aquella exposición a través del cómic no contribuyó a la visibilidad de la empresa.
“Las personas pasaban por el local de Sarmiento y Maipú y no reconocían la marca. Solo cuando la relanzamos en 2005 tomaron conciencia, ya que adaptamos nuestra estética a la de los shopping centers, introduciendo color y variedad en nuestras prendas. Y ahora estamos viviendo una conversión similar: los jóvenes entran en los locales buscando las botas Hunter y redescubren Perramus.”









