En una jornada fría y sin sol, Milei llegó a la plaza San Martín del barrio Retiro a las 14:50, donde se erige el monumento ecuestre al Libertador y a los Ejércitos de la Independencia. Paseó por la alfombra roja acompañado de la Fanfarria del Alto Perú y rodeado de su gabinete, autoridades legislativas, y el jefe de gobierno porteño, junto a una comitiva de la administración local.
El mandatario hizo un gesto especial al alcalde porteño y a sus ministros, destacándose su fuerte abrazo con Federico Sturzenegger, el primero en arribar al acto, en medio de las críticas internas hacia el titular de Desregulación debido a recientes fracasos políticos vinculados a sus proyectos.
Junto a su hermana Karina Milei, el presidente fue acogido por el ministro de Defensa, el general Carlos Presti, quien, vestido con su uniforme militar, lo condujo hacia el monumento para realizar la tradicional ofrenda floral al Padre de la Patria. Dos granaderos hicieron entrega del arreglo floral, el cual fue depositado ante la figura ecuestre. Posteriormente, Milei subió los escalones del monumento y se inclinó a las 15, hora en la que el creador del cuerpo de Granaderos obtuvo la “inmortalidad”, iniciando un minuto de silencio.
A continuación, el mandatario regresó a la plaza San Martín, donde, portando una carpeta, ofreció un breve discurso que no superó los diez minutos. Durante su alocución, recordó una frase que ha perdurado en la historia: “(San Martín) nos dejó un legado inmortal encarnado en una frase que es una obligación para todos nosotros: seamos libres, que lo demás no importa nada”.
El presidente otorgó especial relevancia a la noción de libertad en su discurso, defendiendo el curso de su gobierno y las desregulaciones que, por ejemplo, eliminaron el capítulo de Tierras de la ley de propiedad privada, que permitía la adquisición de extensas porciones de territorio por parte de extranjeros. “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”, aseguró, añadiendo que ser libres “no es el estado natural de las sociedades: es más fácil fijar un precio que dejarlo libre”.
Sin embargo, la parte más política de su breve intervención pareció contradecir su rechazo a las disputas políticas. En este contexto, enfatizó que “hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos internos y externos”. Respecto a estos últimos, justificó su alineación con Estados Unidos e Israel al afirmar que “nos enfrentamos a un mundo cada vez más complejo e incierto, donde las distintas potencias recurren a herramientas más sofisticadas para defender sus intereses”.
A pesar de no señalar a los “enemigos internos”, indicó que “hay quienes desean que regresemos al pasado en el que vivíamos, porque, aunque la mayoría se empobreció con el modelo anterior, una mínima minoría se benefició enormemente”. Las palabras parecieron dirigidas al kirchnerismo, así como a industriales como Paolo Rocca, a quien anteriormente se refirió como “Don Chatarrín”. Por ello, volvió a reafirmar su posición en la “batalla cultural para explicar la prosperidad basada en los valores que nos hicieron grandes. Nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado”. Esto ocurre a pocos días de que el líder de la Fundación Faro afirmara que “la gente no come batalla cultural” y expresara su optimismo por una pronta mejora del poder adquisitivo.
El presidente también afirmó que “un pueblo libre requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos”, en un momento en que todavía resuenan las quejas de los uniformados que deben recurrir a trabajos extra por Uber u otras plataformas debido a la insuficiencia de sus salarios mensuales.
Al concluir su discurso, Milei saludó al titular del Cuerpo de Granaderos, Cristián Castellanos, para luego dirigirse a su automóvil oficial que lo llevó de regreso a la residencia de Olivos. Karina Milei tardó un poco más, ya que se tomó su tiempo para despedirse de los ministros presentes. Ambos se perdieron la interpretación de la Marcha de las Malvinas, que se llevó a cabo minutos después por parte de la Fanfarria. Durante el acto, el presidente fue visto entonando con fervor el Himno nacional argentino y la Marcha de San Lorenzo, que cerró la ceremonia.









