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El creciente endeudamiento juvenil en Argentina: análisis y posibles soluciones

31 agosto, 2026
in Sociedad
El creciente endeudamiento juvenil en Argentina: análisis y posibles soluciones
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Cada vez más jóvenes en Argentina enfrentan el desafío de vivir en un estado de endeudamiento constante. Muchos de ellos aún residen con uno de sus padres, carecen de hijos y no suelen permanecer mucho tiempo en empleos formales. A pesar de ello, a menudo se permiten gastos que superan sus ingresos, lo que les lleva a autodefinirse como endeudados, y la realidad respalda esta percepción. Este fenómeno es especialmente preocupante entre los argentinos de hasta 24 años, quienes presentan los índices de morosidad más elevados del país. De quienes acceden a créditos —ya sean personales, a través de billeteras digitales o pagos mínimos de tarjetas—, la tasa de incumplimiento es mayor en comparación con otros rangos etarios. Este artículo busca desentrañar quiénes son estos jóvenes, qué causa su sobrecarga financiera y cuál es el perfil general de estos nuevos deudores en un sistema financiero que parece haberlos atragantado en un mar de obligaciones. Las luces de alerta se encienden al ver que muchos de ellos muestran una coloración crediticia que resulta alarmante: el rojo. “Este fenómeno surge porque ha aparecido un nuevo jugador en el mercado: las fintech, que se caracterizan por su eficacia en la concesión de créditos. Estas empresas han incrementado su participación en el mercado de crédito, lo que ha permitido la inclusión financiera, si bien de un modo que ha llevado a contrariedades, pues han otorgado créditos a personas que, evidentemente, no pueden hacer frente a sus pagos”, explica la economista Marina Dal Poggetto. Esta evaluación deriva de un estudio realizado por la consultora EcoGo, que analizó la base de datos del Banco Central —la fuente habitual de información sobre el crédito— junto a datos sobre el crédito no bancario. De este cruce de datos, se vislumbró una nueva ola de endeudamiento a la que se le ha denominado como la de los “jóvenes endeudados”. En mayo, según los datos revelados, 1.382.000 jóvenes menores de 24 años estaban registrados como deudores, de los cuales 528.000 se encontraban en mora, es decir, con una tasa de morosidad del 38,2%. En términos de dinero, estos jóvenes concentran un saldo irregular total que asciende a $ 536.000 millones, lo que representaría, en promedio, un atraso en los pagos por persona que supera los $ 1.015.000. “Este grupo etario es el grueso de los morosos en el país. Muchas de estas fintech han sido eficaces en la concesión de créditos, pero han creado un problema al no tener requisitos estrictos para su otorgamiento”, señala Dal Poggetto con preocupación. La realidad es que, en la mayoría de los casos, los jóvenes de hasta 24 años han recibido créditos de bajo monto por fuera del sistema bancario y, como resultado, se han endeudado en cifras que oscilan entre los $ 700.000 y los $ 800.000. Tal como informan fuentes del sector, a pesar de que cada plataforma tiene su propio sistema de evaluación crediticia (scoring), Mercado Pago sobresale en la gestión tanto de la concesión de crédito como en el nivel de cobranza, lo que le permite mantener tasas de mora más bajas que otras entidades. El análisis de la Encuesta Permanente de Hogares, junto con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y Anses, revela que, ya sea trabajando por cuenta propia o en la informalidad, estos jóvenes perciben entre $ 623.495 y $ 682.998 mensuales. Comparado con el sueldo promedio en Argentina, que es de $ 1.882.445 en el sector privado y de $ 2.011.056 en el público, se establece una clara desventaja para este grupo etario. Además, el perfil de estos nuevos deudores se vuelve más complejo y diverso; no solo se limitan a deber a billeteras virtuales, sino que también solicitan préstamos para comprar en empresas de crédito, en locales de electrodomésticos que operan fuera del circuito bancario, e incluso recurren a préstamos de las apps de delivery en las que están empleados, a fin de poder hacer reparaciones en sus bicicletas y continuar trabajando. En promedio, las deudas acumuladas en estas situaciones rondan el millón de pesos. La mayoría de estos jóvenes siguen residiendo con sus padres o comparten alquileres en diferentes modalidades, pero, tal como menciona Dal Poggetto, han llegado al límite de su capacidad de endeudamiento. “Se han convertido en nuevos endeudados, pero esta situación podría ser un techo. Muchos de ellos ya no podrán acceder a más créditos de otras plataformas o fintechs”, agrega la economista. Un caso que ilustra esta problemática es el de Valentina, una joven de 19 años que ganaba $ 700.000 al mes. Trabajaba ocho horas en una tienda de ropa deportiva y vivía con su madre. En un breve lapso, recibió ofertas de crédito de cuatro bancos, los cuales le otorgaron límites que eran enormes para ella. Dos años después, la joven revela que su deuda asciende a $ 42 millones. Su experiencia se volvió viral tras publicarla en TikTok, donde decidió compartir su situación y declarar su decisión de dejar de pagar. “No te preguntan si la necesitás. Simplemente te envían la tarjeta a tu casa, la usás y, después, por supuesto, terminas en una situación complicada”, asegura Valentina. La primera tarjeta que utilizó fue de una fintech, con un límite de $ 800.000, que utilizó para comprar ropa. Posteriormente, comenzó a usar una tarjeta de un banco tradicional para gastos más cotidianos, como alimentos y pequeños desembolsos. “Eran gastos hormiga que, al principio, no te das cuenta de cuánto vas gastando. Te parece que un gasto de $ 20 es insignificante y terminas gastando más”. Con el tiempo, dejó de utilizar su sueldo para subsistir y empezó a depender de las tarjetas de crédito. Valentina pagaba, restauraba el límite disponible y luego volvía a gastar. A medida que el saldo de sus deudas se incrementaba por los intereses, su salario se mantenía estancado. “La situación pasó de ser sobre un deseo de comprar algo a cómo sostener mi vida cotidiana”, recuerda. La crisis se intensificó cuando perdió su empleo y la situación dejó de ser sostenible, marcada por la imposibilidad de cubrir sus deudas. “No fue que un día decidí que ya no podía pagar. Cuando perdí el trabajo, me pregunté cómo lo iba a hacer, y no había forma de asumir ese compromiso”. En ese mismo periodo, empezó a utilizar herramientas para acceder a dinero rápidamente. Valentina mencionó que utilizaba billeteras virtuales para transferir fondos de una tarjeta de crédito a otra cuenta, operaciones que podía devolver en cuotas y con intereses. Para ella, esas opciones funcionaban como un salvavidas momentáneo; resolvían una necesidad urgente, pero no hacían más que aumentar su montaña de deudas. Con el tiempo, Valentina encontró un medio tiempo, con un contrato que duró solo unos meses, pero su salario era la mitad de lo que había percibido antes. Intentó mantener al día los pagos de sus deudas, pero eventualmente tuvo que dejar de pagar una de las tarjetas. Además, tuvo que mudarse y comenzar a vivir sola. Para conseguir un departamento completamente amueblado, necesitó $ 800.000, que logró reunir usando otra tarjeta de crédito. “No fue un capricho adolescente; fue por pura necesidad”, aclara. Luego, volvió a perder su trabajo. Después de transcurridos algunos meses, pudo acceder a un nuevo empleo temporal, pero su remuneración apenas cubría el alquiler y los gastos de comida. Un día, en la aplicación del banco donde cobraba su salario por un empleo de apenas una semana, le apareció una oferta: un préstamo de $ 1.600.000 a solo un clic de distancia. “Simplemente toqué ‘aceptar’, y ya tenía la plata en mi cuenta”. Lo usó para pagar el alquiler y comprar alimentos, y fue el último crédito que solicitó. Ante esta acumulación de deudas, decidió frenar el proceso de pago. Comenzó a dejar de abonar las tarjetas y el préstamo. Lo que siguió fue una avalancha de llamadas, primero de los bancos y luego de estudios jurídicos. “Empezaron a llamar a todos mis conocidos, a mi abuela, a todos, advirtiéndoles que iban a allanar mi casa o a embargarme electrodomésticos”, relata. Ante esta situación, se buscó asesoría y tomó la decisión de no seguir pagando más. En su relato, Valentina dice que su deuda original era de aproximadamente $ 4 millones, pero hoy, dos años después, aduce que adeuda $ 42 millones a causa de los intereses acumulados. “De la primera tarjeta debía solo $ 750.000, y ahora me quieren cobrar $ 30 millones”. La fecha de corte de sus pagos fue en diciembre de 2024, cuando aún tenía 19 años. La experiencia ha sido angustiante, y ella misma recuerda: “Cuando me quedé sin trabajo en el local de ropa le dije a mi jefa: ‘Me arruiné la vida, ¿cómo voy a hacer para pagar las tarjetas ahora?’”. Actualmente figura en situación 5, lo que se determina como “irrecuperable”. Valentina reconoce su responsabilidad y dice: “Todo comenzó por una falta de raciocinio, y sí, debo aceptar las consecuencias de mis actos”. Sin embargo, también cuestiona cómo le fue posible acceder a montos tan elevados siendo tan joven y sin la debida educación financiera. “Darles $ 4 millones a una chica de 19 años es como entregarle a un mono con navajas”. Su historia resonó en TikTok, donde su primer video atrajo miles de visualizaciones, lo que desató un debate entre quienes criticaron su decisión y quienes reconocieron en su relato una situación común y cada vez más frecuente: jóvenes que trabajan, perciben un sueldo, pero aun así dependen del crédito para llegar a fin de mes. “Nadie puede comprarse unas zapatillas con su sueldo: siempre se necesita entrar en una cuota para obtenerlas”, dice. “A mis 19 años, ya arruiné mi perfil crediticio”, admite. “Todos mis amigos están en la misma situación, todos están endeudados”. “No es difícil entenderlo: tenía 19 años y tomé malas decisiones”, finaliza. La realidad es que quienes más requieren financiamiento son, irónicamente, aquellos que poseen menor capacidad para pagarlo. Justamente, por esta razón, no logran cumplir con los requisitos para obtener un préstamo en una institución bancaria, pero aún así se convierten en “sujetos de crédito” fuera del circuito financiero convencional. Esto refleja una suerte de marginalidad crediticia por estar al margen de lo legal. En este contexto, el crédito no bancario ha visto un salto del 16% del total de crédito para consumo a principios de 2024 al 25% en la actualidad. En el mismo período, la cantidad de deudores que acumulaban deuda bancaria y sumaron deuda no bancaria aumentó de 4,7 millones a 7,6 millones, advierte la economista. Gabriela Totaro, psicopedagoga y experta en finanzas, es una referente en la educación financiera escolar y ha abordado el fenómeno del endeudamiento juvenil. Ella sostiene que, si bien los montos individuales a los que están sometidos estos jóvenes a billeteras virtuales pueden no ser excesivos, para quienes recién comienzan a trabajar, una deuda que parecería pequeña puede convertirse en un problema complicado de resolver si sus ingresos apenas alcanzan para cubrir lo esencial. “La alarmante cifra de 4 de cada 10 menores de 24 años con deudas impagas refleja una fragilidad económica que afecta a muchos al inicio de su vida adulta. Muchos poseen ingresos inestables; realizan trabajos informales o salarios bajos, lo que hace difícil planificar sus finanzas y les lleva a recurrir al crédito ante cualquier imprevisto, ya que sienten que este es el único camino disponible. Además, suelen evitar el crédito bancario tradicional, eligiendo soluciones que les brindan dinero velozmente”, explica Totaro. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación? Totaro señala que el error habitual consiste en pensar que el límite de la tarjeta o el monto del préstamo disponible es parte de sus ingresos. “Es dinero que se debe restituir, generalmente con intereses”, recalca. Asimismo, menciona dos realidades que coexisten. “Por un lado, están quienes se ven obligados a endeudarse para cubrir gastos básicos, como alimentos. Pero, por otro lado, también existe un fuerte componente aspiracional: el deseo de mantener un estilo de vida que sus ingresos no pueden financiar. En esos casos, el crédito actúa como un ‘parche’. Si esta diferencia se financia todos los meses, la deuda crece más rápido que sus ingresos”. La facilidad para solicitar un préstamo desde una billetera virtual ha aumentado, lo que lleva a que muchos tomen decisiones sin reflexionar sobre cuánto deben pagar a largo plazo. “Históricamente, los jóvenes han sido los más afectados: tienen más dificultades para encontrar empleo y, aquellos que logran conseguirlo, suelen contar con un salario inferior al de los adultos. Hoy, el desempleo está más ‘acolchonado’ gracias a la alta demanda de trabajos informales, como el autoempleo en diversos emprendimientos y en plataformas digitales”, expone a su vez la socióloga e investigadora del CONICET, Mariana Luzzi. La nueva realidad que enfrentan estos jóvenes es que, habiendo agotado las opciones de incrementar sus ingresos, como extender su horario laboral o aceptar empleos adicionales, ven el endeudamiento como su única salida. Además, la obtención de financiamiento, incluso en cadenas de comercios, se ha vuelto más accesible por el impacto de la digitalización financiera, convirtiendo el crédito en un trámite simple, tanto en términos temporales como de acceso. Sin embargo, esta facilidad también tiene un lado negativo: estos créditos accesibles suelen tener tasas de interés extremadamente altas, y la morosidad puede escalar rápidamente, llevándolos a un estado de sobreendeudamiento que incrementa la vulnerabilidad de sus hogares. Cuando se llega a esta realidad, los jóvenes se encuentran, en su mayoría, incapacitados para enfrentarse a su situación. Totaro hace un llamado a dejar de ocultar la cabeza bajo tierra. “Muchos evitan revisar sus cuentas porque sienten angustia, pero el primer paso es anotar todos los ingresos, gastos y deudas. Esta visión integral permite comenzar a tomar decisiones. Luego, si te encuentras con múltiples deudas, prioriza la que tenga la tasa de interés más alta. Si el crédito ha pasado a ser un hábito para llegar a fin de mes, es esencial detener esa práctica antes de que continúen acumulándose las obligaciones”, aconseja. Sin duda, al igual que en otros aspectos de la salud emocional, los jóvenes en situación de endeudamiento tienen la posibilidad de romper el círculo del crédito.
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