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Jóvenes en deuda: un análisis de las causas y formas de romper el ciclo

28 agosto, 2026
in Sociedad
Jóvenes en deuda: un análisis de las causas y formas de romper el ciclo
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Muchos jóvenes argentinos, que aún residen con alguno de sus padres y no tienen hijos, se enfrentan a una realidad laboral precaria que se traduce en inestabilidad. Suelen rotar de trabajo en trabajo y, aunque se permiten ciertos lujos, la realidad de gastar más de lo que ingresan se ha vuelto habitual. Estos jóvenes se autodenominan endeudados, y efectivamente lo están.

Este perfil, que podría parecer simpático en un primer vistazo, refleja una situación alarmante para las billeteras virtuales y plataformas financieras: los argentinos de hasta 24 años presentan los niveles de morosidad más altos del país.

Dentro de este grupo generacional, aquellos que acceden a algún tipo de crédito —ya sea personal, a través de billeteras digitales o mediante pagos mínimos con tarjeta— enfrentan una proporción significativa que no logra cumplir con sus obligaciones dentro de los tiempos establecidos.

Pero, ¿quiénes forman parte de este grupo? ¿Qué factores los llevan a adquirir créditos que no pueden cubrir? Para esclarecer este fenómeno, se consultó a especialistas en finanzas. La economista Marina Dal Poggetto señala que esta situación se origina con la llegada de nuevos actores en el mercado del crédito, como las fintech, que han demostrado ser altamente efectivas en la concesión de préstamos. Sin embargo, esta inclusión ha llevado a que se sumen personas que no están en condiciones de cumplir con sus pagos.

Estos datos provienen de un análisis realizado por la consultora EcoGo, que combinó información del Banco Central con datos sobre el crédito no bancario. Se identificó que en mayo había 1.382.000 deudores menores de 24 años, de los cuales 528.000 estaban en mora, lo que representa un 38,2%. Este grupo acumula un saldo total irregular cercano a los $ 536.000 millones, lo que se traduce en un promedio de hasta $ 1.015.000 de atraso por persona.

“Estos jóvenes son el principal componente de los morosos. Las fintech han demostrado ser eficaces en otorgar préstamos sin muchos requisitos”, enfatiza Dal Poggetto.

La mayoría de estas personas recibieron créditos de bajo monto fuera del sistema bancario, acumulando deudas que varían entre $ 700.000 y $ 800.000. Aunque cada plataforma tiene su propio criterio para la concesión de crédito, se ha indicado que una en particular ha mostrado eficacia no solo en préstamos, sino también en la recuperación de deudas, lo que la ubica en una posición favorable en comparación con las demás en cuanto a la tasa de morosidad.

Según un informe de la misma consultora, se estima que estos jóvenes obtienen ingresos mensuales que oscilan entre $ 623.495 y $ 682.998. Para ponerlo en contexto, el salario promedio formal en Argentina, independientemente de la edad, se sitúa en $ 1.882.445 en el sector privado y en $ 2.011.056 en el sector público.

El perfil emergente de estos deudores en mora (quienes tienen saldos impagos por más de 90 días) indica que no solo son deudores de billeteras virtuales. También recurren a empresas de crédito, casas de electrodomésticos que ofrecen financiación no bancaria, o incluso solicitan préstamos a las aplicaciones de delivery en las que trabajan, para mantener sus medios de transporte y seguir realizando entregas. Estas deudas alcanzan, en promedio, casi $ 1 millón.

Desde diversas estimaciones del sector, se concluye que muchos de estos jóvenes continúan residiendo con sus padres o, en su defecto, optan por alternativas de alquiler compartido. Sin embargo, advierte Dal Poggetto, han llegado a su límite de endeudamiento, formando un ejército que podría no volver a calificar para crédito en otras plataformas.

Valentina, una joven de 19 años que ganaba $ 700.000 y trabajaba ocho horas en un local de ropa deportiva, recibió ofertas de tarjeta de crédito de hasta cuatro bancos en apenas un mes. A los dos años, su deuda alcanzó los $ 42 millones. Su historia se volvió viral en redes sociales cuando decidió compartir que había tomado la decisión de dejar de pagar.

“Te mandan la tarjeta a tu casa, la usás y después, obvio, terminás en esta situación”, confiesa hoy. Su primera tarjeta fue de una fintech, con un límite de $ 800.000, que utilizó para compras de ropa. Posteriormente, comenzó a usar la tarjeta de un banco tradicional para gastos más cotidianas como comida y almuerzos.

“Eran gastos hormiga, que no notás cuánto estás gastando, pero como son pequeñas sumas se van acumulando: empezás con 20, después otros 20 más y así se hace cada vez más grande”, explica. Eventualmente, dejó de usar su salario para cubrir sus costos y dependió de las tarjetas. Se encontraba en un ciclo en el que pagaba su deuda, recuperaba el límite y volvía a gastar. “Todo esto lo pagaba con intereses. Luego, el interés aumentaba y mi sueldo no subía”, añade.

La situación dejó de ser sobre satisfacer deseos y comenzó a ser una lucha por mantener el día a día. Cuando perdió su trabajo, la cuenta dejó de cerrar. “No fue que me levanté un día y dije ‘no puedo pagarlo más’. Cuando me quedé sin trabajo, me pregunté cómo iba a hacer para pagar y no había manera”, recuerda.

En ese momento, comenzó a utilizar herramientas que le permitían acceder a dinero rápidamente. Valentina cuenta que usaba una billetera virtual para transferir dinero de una tarjeta de crédito a otra cuenta con la opción de devolverlo en cuotas, pero con altos intereses. Para ella, ese tipo de mecanismos son un salvavidas temporal: resuelven una emergencia, pero la deuda se incrementa.

Después de un tiempo, consiguió un empleo part time con contrato eventual de pocos meses, pero su sueldo era la mitad del anterior. Intentó sostener los pagos hasta que finalmente dejó de abonar en una de las tarjetas. También se vio obligada a mudarse y buscar un departamento amoblado que requería $ 800.000 para entrar, monto que logró reunir utilizando su tarjeta.

“No fue de pendeja caprichosa, fue por necesidad”, aclaró. Luego volvió a quedarse sin trabajo, y aunque logró conseguir otro, nuevamente era temporal. El salario apenas alcanzaba para cubrir el alquiler y la comida. Un día, a través de la aplicación de su banco donde cobraba el sueldo de su nuevo trabajo de corta duración, recibió una oferta: un préstamo de $ 1.600.000 accesible con un solo clic. Aceptó y la plata ingresó en su cuenta, que utilizó para pagar el alquiler y comprar comida. Ese fue el último crédito que tomó.

Después decidió frenar su ciclo de pagos. Dejó de abonar las tarjetas y el préstamo, lo que trajo consigo una serie de llamadas que comenzaron con los bancos y luego se intensificaron con estudios jurídicos. “Empezaron a llamar a todos mis conocidos, a mi abuela, incluso avisando que iban a allanar mi casa y a quitar mis electrodomésticos”, recuerda. Luego de buscar asesoramiento, tomó la decisión de no pagar más.

Según su relato, la deuda original era de alrededor de $ 4 millones; sin embargo, hoy, a dos años de su decisión de parar los pagos, asegura que debe $ 42 millones debido a los intereses generados. “De la primera tarjeta debía solo $ 750.000 y ahora me quieren cobrar $ 30 millones”. Detalló que dejó de pagar en diciembre de 2024, cuando tenía apenas 19 años.

Valentina reconoce su responsabilidad y admite que todo comenzó de manera irresponsable, “obvio me voy a hacer cargo”. Sin embargo, también cuestiona la facilidad con la que alguien de su edad pudo acceder a créditos tan elevados. “No tuve educación financiera. Darle $ 4 millones de pesos a una chica de 19 años es como darle un arma a un mono con navajas”.

Su historia resonó en TikTok. Su primer video tuvo miles de reproducciones y generó un debate entre quienes criticaron su elección y quienes se identificaron con su situación: jóvenes que trabajan, perciben un salario y aún así necesitan recurrir al crédito para cerrar el mes. “Nadie puede comprarse unas zapatillas con su sueldo: sí o sí necesita cuotas para adquirirlas”, subrayó.

“Arruiné mi perfil crediticio a los 19 años”, afirmó. “Todos mis amigos están en la misma situación, todos están endeudados”. Finaliza con un tono de resignación: “No es tan complejo: tenía 19 años y cometí un error”.

Los que más requieren financiamiento son, a menudo, quienes cuentan con menor capacidad de repago. Esto implica que no cumplen con los requisitos para acceder a un préstamo convencional en una entidad bancaria, y aún así se convierten en “sujetos de crédito” fuera del circuito habitual, lo que les otorga una especie de marginalidad crediticia.

El crédito no bancario, por otro lado, ha pasado de representar el 16% del total de créditos para consumo a principios de 2024 al 25% en la actualidad. En este mismo período, el número de deudores que ya tenían deudas bancarias y sumaron deuda no bancaria creció de 4,7 millones a 7,6 millones, destaca la economista Dal Poggetto.

Gabriela Totaro, psicopedagoga y especialista en finanzas, es una referente en la promoción de la educación financiera en escuelas, consciente de los desafíos que enfrentan jóvenes endeudados. Ella explica que aunque las deudas individuales no sean necesariamente elevadas, para alguien que recién empieza a trabajar, una deuda moderada podría transformarse en un problema complicado de resolver, dado que sus ingresos apenas alcanzan para cumplir con los gastos básicos.

“¿Por qué 4 de cada 10 menores de 24 años tienen alguna deuda impaga? Este dato refleja la fragilidad económica con la que muchos de ellos comienzan su vida adulta. Poseen ingresos inestables, realizan trabajos temporales o se encuentran empleados en ocupaciones con salarios bajos y variables. Esto complica gravemente la planificación financiera y, ante cualquier imprevisto, el crédito surge como la única solución viable. Además, ni siquiera acceden al crédito bancario tradicional, buscan alternativas que les brinden dinero rápido”, enfatiza Totaro.

¿Y qué consejos hay para revertir esta tendencia? El error más habitual, asegura, es considerar que el límite de tarjeta de crédito o el monto de un préstamo disponible se suma al ingreso. “Es dinero que hay que devolver, generalmente con intereses”, remarca.

Totaro también menciona que coexisten dos realidades en este contexto: “Por un lado, están quienes se endeudan para cubrir necesidades básicas, incluso alimenticias. Pero, por otro lado, también existe una fuerte aspiración de mantener un estilo de vida que sus ingresos no pueden sostener. En estos casos, el crédito actúa como un ‘parche’.”

El financiamiento habitual para cubrir estas diferencias termina creciendo más rápido que los ingresos que perciben. “Cabe adicionar que en la actualidad obtener un préstamo desde una billetera virtual es extremadamente sencillo. Esa facilidad provoca que muchos tomen decisiones sin detenerse a evaluar cuánto terminarán pagando realmente”, advierte.

“Históricamente, los más jóvenes son los más afectados; tienen más dificultades para encontrar empleo y, cuando lo logran, se encuentran con que esos puestos son inestables, con sueldos menores a los de los adultos. En la singular situación actual, el desempleo no ha crecido tanto porque está ‘acolchonado’ por la actividad de autoempleo en condiciones precarias y en distintos tipos de emprendimientos, además del trabajo en plataformas”, señala Mariana Luzzi, socióloga e investigadora del CONICET en la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Lo novedoso en esta situación es que, agotadas las posibilidades de generar más ingresos o trabajar más horas, el endeudamiento se presenta como la única opción viable. También, debido a la accesibilidad de crédito, ya sea a través de cadenas comerciales o mediante la digitalización financiera, el crédito se vuelve un procedimiento sencillo en términos de tiempo y accesibilidad.

Sin embargo, el lado B de este proceso es que ese crédito relativamente más accesible también resulta ser mucho más costoso: los intereses alcanzan niveles elevados y la situación de mora puede escalar rápidamente hacia un sobreendeudamiento que profundiza la vulnerabilidad de los hogares, destaca Luzzi.

Ante esta problemática, los jóvenes, que enfrentan el fenómeno de la deuda colectiva, cuentan con algunas herramientas para prevenir el desánimo. Totaro aconseja: “Dejen de ignorar sus cuentas. Aunque les genere angustia, el primer paso es registrar todos los ingresos, gastos y deudas. Tener una imagen clara permite empezar a tomar decisiones. Si tienen varias deudas, prioricen aquella que tiene la tasa de interés más alta. Y si el crédito se ha convertido en un hábito para llegar a fin de mes, detengan ese ciclo antes de seguir acumulando compromisos”.

Como en otros aspectos de la gestión emocional, afirma Totaro, los jóvenes endeudados pueden romper el círculo del crédito.

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