Esta situación ya se había presentado en otros inviernos, cuando el servicio fue suspendido en varias estaciones de GNC. En esos casos, se priorizó el suministro residencial y de servicios esenciales sobre el expendio de combustible y parte de la actividad industrial.
En este marco, Oscar Olivero, vicepresidente de la Cámara de GNC, explicó que el inconveniente no se origina en la producción de gas, sino en la capacidad de transporte y el notable aumento del consumo durante el período invernal.
Olivero afirmó que la producción de gas en Vaca Muerta es suficiente para satisfacer la demanda local y más, aunque indicó que el problema radica en la capacidad de transporte a través de gasoductos, que se limita a 120 millones de metros cúbicos diarios.
El directivo detalló que durante ocho o nueve meses del año, esa oferta es adecuada; sin embargo, en invierno, la relación entre oferta y demanda se ve alterada. “Hay un desfasaje”, señaló, al describir cómo el aumento del consumo residencial durante las jornadas de intenso frío afecta el sistema.
Según sus palabras, el consumo residencial, que representa un 14% del total en condiciones normales, puede incrementar “hasta 60 y hasta 70%” cuando las temperaturas descienden drásticamente. Este aumento coloca presión sobre el sistema y resulta en restricciones para otros usuarios.
Destacó también que, desde hace años, el sistema se sostiene en invierno mediante la compra de barcos de GNL. Afirmó que en junio se espera la llegada de ocho barcos y en julio otros ocho.
Este gas se integra al sistema tras ser regasificado en la planta de Zárate, estimando que podría estar disponible en una semana o diez días para su inyección.
No obstante, aclaró que incrementar la inyección de gas no solucionará de forma inmediata las dificultades en días de frío extremo. Explicó que a medida que desciende la temperatura, las moléculas del gas se contraen, lo que provoca una disminución en la velocidad de transporte y en la presión de los gasoductos.
“Técnicamente, no es posible” resolver dicho problema únicamente aumentando la inyección, afirmó Olivero al referirse a las limitaciones operativas del sistema en estas circunstancias.
Desde la Cámara, Olivero recomendó a las estaciones de servicio la contratación de gas firme para los días de invierno cuando las temperaturas descienden por debajo de cinco o seis grados. Este tipo de contrato asegura el suministro, aunque implica un costo mayor.
Subrayó que la decisión de realizar esta contratación recae en cada empresa y reconoció que muchas estaciones no optan por esta opción, quedando vulnerables a cortes ante un incremento en la demanda.
Como ejemplo, mencionó a La Plata, donde hay 46 estaciones de servicio, de las cuales entre 41 y 42 no contratan gas firme. En ese contexto, señaló que si ocurre un corte “se hace tremendamente dramática la cuestión de conseguir combustible”.
A nivel nacional, Olivero indicó que hay 2.110 estaciones de servicio distribuidas en todo el país, destacando que en Buenos Aires y el Gran Buenos Aires todas cuentan con contrato firme, con muchas de las del interior también en esa situación.
El representante de la Cámara advirtió que el contrato firme representa una solución parcial, ya que asegura el suministro, pero también establece un límite de venta durante los cortes. Para ilustrarlo, mencionó que una estación con un contrato firme de 3.000 metros podría tener una demanda de hasta 6.000 metros, pero al alcanzar el volumen contratado, se interrumpe el expendio. Argumentó que este mecanismo evita un corte total inmediato, aunque no elimina las restricciones.
Sobre la duración del problema, sugirió que cualquier mejora depende del clima y de la llegada de los barcos de GNL. Mientras persista el frío intenso, enfatizó, las dificultades para mantener la provisión continuarán.









