“Algunos de los principales grupos aseguradores gastan, en promedio, por debajo del 25% de las primas devengadas, mientras que otros superan el 48%. Más de veinte puntos de diferencia entre empresas que ofrecen los mismos servicios no es un tema de siniestralidad, sino de estructura operativa”, señaló Javier Ailbirt, cofundador de la compañía tecnológica The Eye en 2017 junto a su socio Guido Hernández.
“Nos enfocamos precisamente en los costos operativos. Documentos que tardan en ser ingresados y validados, conciliaciones que requieren horas y generan errores, y aprobaciones que se estancan entre correos y pendientes. Estas son tareas necesarias, pero repetitivas. Aumentan con el volumen y terminan consumiendo el tiempo que debería destinarse al análisis y control”, agregó.
“Con nuestras soluciones de inteligencia artificial y agentes automáticos, este trabajo se automatiza: los documentos son leídos, validados y cargados; las operaciones se concilian; y las aprobaciones avanzan sin necesidad de seguimiento manual. Cuando surge una excepción, esta es identificada para su revisión por un humano. Esto reduce tiempos, errores y retrabajos”, destacó.
Como ilustración de su efectividad, la firma optimizó el flujo operativo diario de su cliente más importante, La Segunda, en un periodo de dos meses, al resolver un cuello de botella de 80.000 documentos financieros pendientes. “Cada uno implicaba cuatro minutos de trabajo manual, lo que sumaba más de 6.600 horas al mes. Este volumen se manejaba a costa de plazos, ocasionando atrasos en la contabilización y descuadres”, especificó el CEO de la firma, que logró recaudar 550.000 dólares en capital en sus dos primeros años.
“En cuanto a las ART, el agente de IA es capaz de reconocer una prescripción médica escrita a mano, como una orden de kinesiología, y cruzarla con las facturas del proveedor de tal tratamiento. Este ha sido uno de los mayores retos hasta la fecha: lo manuscrito es no estructurado y requiere validación entre dos documentos que ni siquiera llegan juntos, pero estamos en proceso de implementación”, sostuvo.
Ailbirt dirige un equipo de 18 empleados y equitativamente el mismo número de agentes de IA, con el cual presta servicios a 77 clientes en trece países, asegurando que no se distinguen por el uso de inteligencia artificial, un aspecto casi común en la tecnología contemporánea. “Lo que nos diferencia es hacer que funcione en operaciones reales generando retornos. No automatizamos por el simple hecho de hacerlo. Cada proyecto se basa en indicadores de negocio como el tiempo, el costo, los errores, el volumen o la capacidad operativa”, enfatizó.
La compañía adopta un modelo de software como servicio transaccional que ajusta las tarifas según el volumen de documentos, conciliaciones y operaciones procesadas por cada cliente. “En 2025, estimamos alcanzar una facturación total de 1.550.000 dólares y proyectamos 1.850.000 para 2026. Este crecimiento se sostiene en una red de socios que comercializan y revenden nuestras soluciones en la región, como SS&C Blue Prism, Telecom y Thomson Reuters”, detalló.
El mercado de seguros aún presenta un relevante espacio para la digitalización de procesos. “Las etapas del recorrido del asegurado con la compañía siguen demandando intervención manual, conciliación de información de diversas fuentes o decisiones que deben tomarse sobre grandes volúmenes de datos”, coincidió Martín Moser, gerente de Innovación de La Segunda.
Por ello, la aseguradora ha invertido 272.000 dólares en 24 proyectos piloto de startups para explorar nuevas capacidades en la gestión y liquidación de siniestros, detección temprana de fraude, cobranzas masivas, procesamiento documental, cálculos de reservas, prevención y relación con clientes y canales, dentro de su programa InnLab.
“No se trata de tecnologías aisladas, sino de fricciones que se repiten en operaciones masivas y centrales del negocio asegurador. Por ejemplo, en un ejercicio de cobranzas, el universo potencial abarcaba entre 35.000 y 40.000 cuentas, representando aproximadamente el 30% del saldo deudor de La Segunda ART. O en un evento de granizo, otra solución logró procesar alrededor de 1.400 denuncias en cuestión de minutos, cuando normalmente hubiera llevado días”, ejemplificó.
Además, surge una segunda vía de oportunidad, incluso más prometedora. “Las tecnologías pueden utilizarse para crear productos de aseguramiento que antes eran difíciles o imposibles de estructurar. Imágenes satelitales, nuevos modelos de datos, inteligencia artificial o capacidades predictivas no solo mejoran lo existente, sino que también permiten medir, prevenir y eventualmente asegurar nuevos riesgos”, subrayó el ejecutivo.
Un ejemplo es UiFlou, startup creada en Rosario en 2023 por Leónidas Ávila y Pablo Foltyn. Desarrollaron una plataforma de IA y visión por computadora destinada a la prevención de riesgos y enfermedades laborales, prometiendo reducir hasta diez veces los costos y tiempos para la toma de decisiones basadas en datos reales.
“Nuestra plataforma de IA analiza videos de procesos productivos y entrega informes automatizados con oportunidades de optimización, evaluaciones de riesgos para su prevención y ejercicios de pausas activas asistidas. Además, los datos se integran con robots humanoides que entrenan tareas repetitivas de alto riesgo”, aclaró Ávila.
El emprendedor mencionó que la tecnología identifica agentes de riesgos ergonómicos para su prevención, así como actos inseguros, como el acceso a zonas restringidas o la velocidad de los autoelevadores en relación a los operarios, además de examinar la productividad y su correlación con dichos riesgos.
La startup atrajo en noviembre pasado una ronda de inversión de 250.000 dólares, liderada por La Segunda y ángeles inversores de Addventure. Esto les permitió continuar el desarrollo de su plataforma de IA y expandir su presencia comercial. Aunque no reveló cifras precisas de facturación, confirmó un crecimiento del 50% anual en comparación con el último ejercicio.
Entre sus clientes se encuentran Barrick Gold, Industrias Juan F. Secco, LDC y Bodegas Salentein. “Ya exportamos tecnología a América Latina, pero el objetivo es escalar en Brasil y consolidar nuestro crecimiento con una nueva ronda de inversión en 2027”, indicó Ávila, quien cuenta con un equipo de ocho empleados.
Según Moser, de La Segunda, actualmente existen cuatro categorías de soluciones tecnológicas dirigidas al sector asegurador. La primera busca comprender, anticipar y gestionar el riesgo mediante modelos predictivos o análisis de patrones. La segunda se enfoca en automatizar procesos intensivos en información. Una tercera pretende mejorar la interacción con clientes y canales mediante soluciones conversacionales. Finalmente, la cuarta se orienta al desarrollo de nuevos productos, desde experiencias inmersivas para capacitación hasta innovadoras formas de medir riesgos.
El uso de IA y automatización se relaciona con la naturaleza del negocio asegurador. “Es una industria que demanda una gran cantidad de datos, documentos, reglas, interacciones y decisiones repetitivas. A menudo, el desafío no radica en la falta de información, sino en la capacidad de procesarla y convertirla en acciones o decisiones de manera ágil”, manifestó.
“Por eso, la IA tiene aplicaciones concretas: leer información no estructurada, reconocer patrones difíciles de identificar manualmente, asistir en decisiones, personalizar interacciones y permitir que una misma estructura opere sobre volúmenes mucho mayores. La automatización, a su vez, reduce tareas repetitivas y libera a los equipos para actividades donde el juicio humano añade mayor valor”, prosiguió.
Un caso ejemplar es la startup Primo, fundada en Buenos Aires en 2024 por Francisco Perednik, Tomás Tuchi Harff y Nicolás Walter, que emplea agentes de IA para gestionar procesos operativos como cobranzas, conciliaciones, atención a productores y servicio al cliente. “El agente realiza el trabajo completo: si bien algunas herramientas tienen un enfoque conversacional, identifican el caso, aplican reglas de negocio y resuelven, escalando al equipo humano únicamente lo que realmente requiere criterio”, expuso Tuchi Harff.
“La plataforma ha sido diseñada exclusivamente para el sector asegurador y está entrenada con las normas específicas de la industria; sobre esa base, cada aseguradora configura sus criterios operativos. Esto permite que más del 70% de las tareas de un flujo crítico sean ejecutadas de forma autónoma, segura y auditada, con supervisión del personal sobre el resto. Una implementación se mide en semanas y en 90 días podemos demostrar un retorno superior a diez veces lo invertido por nuestros clientes”, informó.
Como ilustración del impacto positivo en La Segunda, la startup abordó una cartera morosa de 35.000 micro-pymes, con una deuda total de 13.500.000 dólares, automatizando el circuito digital y recuperando 1.300.000 dólares en apenas semanas, reduciendo los plazos de cobranza de 90 a 30 días y logrando un ahorro de 85.000 dólares en comisiones de estudios jurídicos, según afirmaron desde la aseguradora.
“Actualmente, Primo gestiona más de 300.000.000 de dólares en primas de seguros de compañías en Argentina y México. Colaboramos con líderes del mercado como Life Seguros y Provincia ART”, concluyó el COO de la iniciativa, que cuenta con un equipo de 15 empleados.
Desde su perspectiva, el principal desafío para escalar las operaciones de la startup no es tecnológico, sino relacionado con la velocidad de adopción. “Las aseguradoras son organizaciones complejas y reguladas, lo que las lleva a actuar con cautela al incorporar un proveedor que maneja procesos críticos. Por ello, siempre iniciamos con un caso de uso específico, estableciendo criterios de éxito de antemano y mostrando resultados en menos de 90 días”, analizó.
La conclusión de Moser es similar: “Converterse en proveedor de una organización regulada requiere un equipo fundador comprometido, un modelo de negocio viable, capacidades financieras y de soporte, y un roadmap tecnológico sólido. A medida que la empresa crece, surgen necesidades más complejas en términos de seguridad, protección de datos, cumplimiento normativo, integraciones, continuidad operativa y niveles de servicio. La habilidad para satisfacer estas demandas sin perder agilidad es una de las pruebas más críticas de madurez.










