El PRO, a través de la Fundación Pensar, ha iniciado una fase de distanciamiento crítico respecto a la gestión de Javier Milei. Si bien el partido reconoce el éxito en el ordenamiento de las variables macroeconómicas, sostiene que la narrativa de la “estabilización” ha agotado su capacidad de contención política. El informe marca un giro estratégico: el acompañamiento legislativo ya no es incondicional, sino que ahora depende de la capacidad del Ejecutivo para transformar el equilibrio fiscal en bienestar tangible para la ciudadanía.
El análisis destaca una desconexión peligrosa entre los indicadores de la Casa Rosada y la economía doméstica. Aunque la inflación ha descendido, el poder adquisitivo no se ha recuperado en la misma proporción, provocando una caída persistente en el consumo y el empleo. Para el PRO, el “éxito técnico” de evitar el colapso ya no es una moneda de cambio suficiente para una sociedad que exige ver resultados en su bolsillo. La estabilización es vista ahora como un piso necesario, pero insuficiente para garantizar la paz social a largo plazo.
El informe identifica tres focos de conflicto que amenazan la gobernabilidad:
- Jubilados: Representan un “riesgo moral”. El ajuste sobre este sector no se percibe como un recorte a la “casta”, sino como una injusticia ética que erosiona la base electoral del propio PRO y de los libertarios.
- Clase Media Baja: Es el sector del “voto esperanza” que hoy lucha por llegar a fin de mes. Su lealtad es volátil y depende directamente de la recuperación del consumo masivo.
- Empleados Públicos: Sufren una deslegitimación social que acompaña su pérdida de ingresos. La incertidumbre laboral en este sector genera un malestar que se ramifica hacia sus núcleos familiares.
Mirando hacia el futuro electoral, el PRO advierte que la legitimidad del gobierno se pondrá a prueba en la lucha contra la pobreza estructural, especialmente la infantil. Con 4 de cada 10 niños bajo la línea de pobreza, el éxito macroeconómico corre el riesgo de ser visto como una victoria de élite. Sin una política agresiva de generación de empleo genuino y protección social eficiente, el camino hacia 2027 será de alta conflictividad, donde la sola baja de la inflación no bastará para ganar elecciones.









