Esta es la conclusión principal de un informe elaborado por una consultora que advierte que el consumo privado —que abarca todo el gasto de los hogares en bienes y servicios, incluyendo alimentos, indumentaria, combustibles, autos, electrodomésticos, turismo, salud, educación y entretenimiento— sigue en aumento, aunque a un ritmo cada vez más lento y con marcadas divergencias entre sectores.
En el primer trimestre de 2026, el consumo privado creció solo un 0,8% en comparación con el trimestre anterior, lo que consolida una desaceleración frente al notable repunte observado tras los mínimos de finales de 2023. Aunque el consumo agregado ya supera el nivel máximo anterior de 2018, esta mejora no se refleja en la percepción cotidiana de los consumidores.
Por otro lado, el comportamiento del consumo varía notablemente según el rubro. Mientras que el mercado de motovehículos sigue mostrando un notable dinamismo, el de automóviles ha perdido impulso, el sector inmobiliario dejó atrás su auge de 2025 y las ventas de electrónica y electrodomésticos han vuelto a descender. El consumo masivo se presenta como el gran perdedor: las ventas en supermercados, mayoristas, centros comerciales y otros comercios analizados por la consultora han caído incluso en comparación con los niveles de 2023.
Para la consultora, parte de esta aparente contradicción entre un consumo agregado elevado y una sensación de menor actividad se debe a la apertura de la economía. La eliminación del impuesto PAIS, la disminución de restricciones a las importaciones y un tipo de cambio apreciado han llevado a que una mayor parte del gasto de los hogares se destine a bienes y servicios producidos en el exterior. Las importaciones de bienes de consumo aumentaron un 34,7% en comparación con 2023, las compras a través de correo prácticamente se triplicaron y las importaciones de automóviles crecieron más de un 150%.
No obstante, el problema trasciende las cuestiones de comercio exterior. Según se señala en el informe, los principales motores que habían sostenido la recuperación empiezan a apagarse.
El empleo registrado se mantiene por debajo de los niveles de noviembre de 2023, los salarios reales aún no han recuperado el terreno perdido y el ajuste en tarifas ha disminuido el ingreso disponible de los hogares. A esto se suma que la demanda reprimida que incentivó muchas compras durante la recuperación ya ha sido absorbida.
Un factor clave que incide en esta situación es el crédito. Tras haber sido uno de los principales impulsores del consumo de bienes durables, el financiamiento comenzó a desacelerarse. Los préstamos al consumo han mostrado seis meses consecutivos de caída en términos reales y registran un retroceso del 8,2% en lo que va del año. Simultáneamente, ha aumentado la morosidad: la cartera irregular de las familias alcanzó el 7,7% en los bancos, el nivel más alto registrado, y llega al 29,6% en las billeteras virtuales.
El deterioro también se presenta de manera desigual a nivel geográfico. Ninguna provincia logra exhibir un desempeño positivo en todos los segmentos del consumo. Algunas muestran un buen rendimiento en motos o combustibles, mientras que otras destacan en determinados rubros, pero retroceden notablemente en el sector de supermercados o en la patentación de vehículos.
De cara a los próximos meses, el diagnóstico se presenta como cauteloso. Se advierte que, a menos que surjan nuevos factores capaces de estimular la demanda, y sin una recuperación más clara en el empleo, los salarios y el acceso al crédito, el escenario más probable será un crecimiento débil del consumo. Además, la proximidad del ciclo electoral de 2027 podría introducir un nuevo elemento de incertidumbre en las decisiones de gasto e inversión de los hogares.









