El BID señala que la productividad en la región representa apenas un 26 % de la de Estados Unidos, y los ingresos reales han crecido solamente un 18 % entre 1995 y 2024, en contraste con el aumento del 31 % registrado en los países de la OCDE.
David Kaplan, especialista líder en este análisis, afirmó que “un diagnóstico basado en el análisis de tres décadas de indicadores en la región apunta a la urgencia de actuar”. Asimismo, destacó que, a pesar de algunas mejoras, el avance ha sido tan lento que se ha registrado un “prácticamente nulo avance” en la última década.
El informe revela que únicamente el 46 % de los trabajadores en América Latina y el Caribe cuenta con empleos formales que ofrecen cobertura de seguridad social, y la informalidad ha disminuido apenas ocho puntos porcentuales en un período de veinte años.
Si esta tendencia persiste, los expertos advierten que a la región le llevaría más de 80 años alcanzar el nivel de Uruguay, donde la tasa de informalidad laboral es de aproximadamente un 21 %.
El estudio también informa que más del 40 % de los trabajadores de la región carece de las competencias básicas en aritmética y alfabetización necesarias para desempeñarse en sus puestos, además de señalar que la “exposición potencial de los empleos a la inteligencia artificial” podría aumentar del 5 % al 35 % en la próxima década.
Esta creciente penetración de la inteligencia artificial, que ya genera preocupación en gobiernos y organizaciones, requerirá que los trabajadores se adapten a la nueva realidad, según los especialistas del BID.
El informe sugiere una serie de acciones para abordar el lento crecimiento del rendimiento y la creciente desigualdad, sin sacrificar el bienestar de los trabajadores, proponiendo un enfoque equilibrado.
Entre las recomendaciones del BID se encuentra la necesidad de reformas regulatorias, la desvinculación de beneficios sociales del empleo y el fomento de la capacitación laboral.
El BID sostiene que las reformas deberían orientarse a mejorar la regulación laboral y su cumplimiento, fortalecer la protección social, promover la negociación colectiva y establecer políticas activas que simultáneamente estimulen el crecimiento económico, mejoren los salarios y reduzcan la informalidad.
Ignorar esta agenda de reformas será cada vez más costoso en una región afectada por el envejecimiento poblacional, la acelerada transformación tecnológica y un crecimiento económico todavía insuficiente, prevé el estudio.
Dentro de las propuestas, se destaca la recomendación de desvincular parcialmente la protección social de la condición laboral. Kaplan precisó que “en particular, el estudio recomienda financiar la atención médica y la protección frente a la pobreza en la vejez mediante impuestos generales en lugar de contribuciones a la nómina, que funcionan como un impuesto al empleo formal”.
El analista del BID subrayó que para implementar este cambio sin comprometer las finanzas públicas es crucial concebirlo no solo como un costo fiscal, sino como una inversión en productividad y formalidad laboral, sugiriendo que dicho proceso podría ser gradual o parcial.
“Es preferible avanzar de manera gradual y parcial hacia esa meta que permanecer inactivos y seguir enfrentando las consecuencias de un mercado laboral con alta informalidad y baja productividad”, expresó Kaplan.
Finalmente, el análisis destaca la importancia de la capacitación y sugiere modernizar la regulación laboral para ofrecer más protección a los trabajadores en tránsito entre empleos, adaptando las leyes a un mercado laboral cada vez más diverso, con trayectorias profesionales menos estables.









