La aviación comercial global enfrenta una “tormenta perfecta” por factores geopolíticos (guerra en Medio Oriente), energéticos (bloqueo del Estrecho de Ormuz) y financieros. El bloqueo disparó el costo del jet fuel (que representa 20%-30% de costos) al doble en dos meses.
Ante esta crisis de viabilidad, las aerolíneas implementaron ajustes de supervivencia: suba de tarifas, reducción de oferta/frecuencias, optimización extrema del consumo, rediseño de rutas y uso de Inteligencia Artificial para eficiencia. El impacto fue universal, afectando a aerolíneas legacy y low cost.
El Grupo Lufthansa lideró los ajustes estructurales, cancelando 20.000 vuelos hasta octubre (1% de su programación) para ahorrar 40.000 toneladas de combustible, cerrando su filial CityLine y recortando personal. KLM y Air France aplicaron recortes selectivos.
En EE. UU., el ajuste fue gradual: Delta redujo un 3,5% su red para ahorrar u$s1.000 millones. American Airlines recortó su proyección de ganancias, estimando u$s4.000 millones extra en combustible, y subió tarifas de equipaje.
En América Latina, Air Canada canceló vuelos a JFK y Salt Lake City por eficiencia. Aerolíneas Argentinas suspendió la ruta Córdoba-Miami y aplicó un recargo temporal por combustible de $7.500 ARS/tramo nacional y u$s10-50/tramo regional/internacional.
Para la salida de la crisis, la industria apuesta por la Inteligencia Artificial (ej: ITA Airways usa SITA OptiFlight para optimizar perfiles de ascenso y ahorrar combustible) para eficiencia en tiempo real.
IATA advierte que el alto costo del combustible puede “alterar de forma permanente” la economía del sector, obligando a acelerar la renovación de flotas, el rediseño de rutas y la adopción de Combustibles Sostenibles (SAF) como única alternativa a largo plazo.









