En un reciente encuentro realizado en el Salón Rojo de la Sociedad Rural Argentina, el presidente de YPF, Horacio Marín, lideró un panel de alto nivel junto a figuras clave de la minería y el sector agropecuario, como Roberto Cacciola y Federico Boglione. El encuentro no solo sirvió para trazar un diagnóstico de la coyuntura económica nacional, sino para consolidar una visión estratégica compartida: la Argentina se encuentra ante una ventana de oportunidad única para transformar su matriz productiva a partir de la exportación de recursos naturales.
La visión a largo plazo: Vaca Muerta como eje de desarrollo
Marín fue enfático al describir un futuro donde el sector energético actúa como pilar fundamental de la macroeconomía argentina. Según sus proyecciones, la industria está encaminada a generar ingresos anuales por exportaciones de hasta 55 mil millones de dólares a partir de 2031, un hito que permitiría reconfigurar la balanza comercial del país. Este crecimiento, lejos de ser solo estadístico, vendría acompañado de una sólida expansión laboral, con la creación estimada de 40.000 puestos de trabajo de alta calidad y carácter permanente.
El ejecutivo resaltó que la competitividad de Vaca Muerta es inigualable en el escenario global, definiendo a la formación geológica como una roca de calidad superior a las existentes en los Estados Unidos, lo que posiciona al país como un jugador fundamental en un contexto internacional marcado por la inseguridad geopolítica. Argentina se perfila así como un proveedor confiable de energía en un mundo convulsionado.
El desafío de los precios y la estrategia de estabilización
Abordando una de las preocupaciones centrales de la ciudadanía, Marín profundizó en las razones detrás de la estructura de precios de los combustibles. Explicó que, a pesar de los esfuerzos, aún no se ha alcanzado el “valor de equilibrio” necesario para reducir los surtidores locales. El directivo defendió la política de “buffer” —o colchón de precios— implementada desde principios de 2026. Esta herramienta ha funcionado como un mecanismo de contención: durante los picos de crisis originados por los conflictos bélicos en Oriente Medio, se evitó trasladar de forma inmediata y drástica la volatilidad del crudo internacional al bolsillo del consumidor argentino. El objetivo, según Marín, es mantener un sistema que suavice los shocks externos, compensando las subas previas cuando el mercado global permita una mayor estabilidad a la baja.









