Investigadores de la Universidad de Viena, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Eötvös Loránd llevaron a cabo la investigación utilizando resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar la reacción cerebral de los perros. Los hallazgos aportan nueva luz sobre la habilidad de los canes para interpretar señales emocionales provenientes de las personas.
Durante el estudio, se analizaron expresiones de felicidad, ira, miedo y tristeza, revelando que la actividad cerebral de los perros mostraba patrones diferenciados en función de cada emoción. No obstante, esto no implica que los perros comprendan estos sentimientos de la misma manera que los humanos.
La investigación se dividió en dos experimentos: el primero involucró a ocho perros, mientras que el segundo analizó a 12 canes domésticos. Los sujetos fueron entrenados para permanecer despiertos y completamente inmóviles dentro del escáner mientras contemplaban imágenes de rostros humanos.
Un hallazgo notable ocurrió al observar las caras felices, que generaron una mayor actividad en una región cerebral que incluye la corteza temporal derecha y el núcleo caudado, una zona relacionada con procesos de recompensa.
Los científicos también emplearon modelos de aprendizaje automático para evaluar los patrones de actividad cerebral. Este sistema logró diferenciar las caras felices de las expresiones negativas; por el contrario, las distinciones entre ciertas emociones negativas fueron más complejas de identificar.
El análisis completo del cerebro reveló patrones distintos ante las emociones de miedo, ira y tristeza. En particular, se encontraron señales que permitían diferenciar el miedo de la ira y de la tristeza, aunque la diferenciación entre ira y tristeza no fue tan marcada.
Este resultado indica que los perros podrían no reaccionar de la misma manera ante todas las expresiones negativas y que podrían interpretarlas de forma diferenciada.
La relevancia de este hallazgo es notable, dado que estudios anteriores habían evidenciado que los perros prestan atención a los rostros de los humanos y son capaces de utilizar información visual para interpretar sus emociones. Investigaciones previas con fMRI ya habían descubierto actividad en la corteza temporal y el núcleo caudado cuando los perros observaban rostros humanos.
Estos resultados consolidan la idea de la estrecha relación social que existe entre los perros y los humanos. A lo largo de miles de años, los perros han desarrollado una notable sensibilidad hacia diferentes señales humanas, las cuales incluyen no solo las expresiones faciales.
Sin embargo, los investigadores subrayan que identificar patrones de actividad cerebral no implica necesariamente que los perros experimenten o comprendan emociones de la misma forma que lo hacen los humanos. En su vida diaria, los perros además de las expresiones faciales, procesan información proveniente del tono de voz, los movimientos corporales y los olores.
Por ello, este estudio avanza en la comprensión de cómo los perros interpretan las señales sociales humanas, aunque aún quedan interrogantes respecto a cómo integran todas estas señales para discernir el estado emocional de una persona.









