Si se toman en cuenta algunas métricas internacionales, como la comparación global del PBI per cápita ajustado por paridad de poder adquisitivo realizada por el Banco Mundial, este estancamiento se extiende a dos décadas, abarcando hasta 2007. Se habla de “décadas perdidas” en términos económicos, o una generación en términos demográficos, un período sin crecimiento ni mejoras visibles en las condiciones de vida.
El comportamiento de las acciones y bonos ha estado alineado con el estado general de la economía. Actualmente, Argentina presenta un elevado riesgo país, reflejado en precios bajos de sus bonos y altas tasas de retorno, superando a sus vecinos de la región, y se encuentra excluida de los mercados voluntarios de crédito.
Los analistas se preguntan si la economía nacional está cerca de un cambio notable. Con una inflación que comienza a ceder, estabilidad cambiaria y un equilibrio en las cuentas públicas, ¿será posible iniciar un nuevo ciclo de crecimiento sostenible y a largo plazo? Un gobierno que logre financiarse sin depender de emisión inflacionaria, controles cambiarios ni impuestos sobre el ahorro y el comercio puede ser vital para alcanzar este objetivo.
Los inversores, por el momento, están actuando en base a expectativas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus proyecciones de crecimiento del PBI argentino para 2026, pasándolo del 4% al 3,5%, a la vez que anticipa una inflación todavía elevada, del 25% anual.
Recientemente, el índice de riesgo país volvió a situarse por debajo de los 500 puntos básicos, alcanzando 487 pb el viernes 29. Este indicador, que mide la diferencia entre las tasas de rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y aquellos de mercados emergentes, marcó un mínimo de 481 pb el 28 de enero de este año, la cifra más baja desde el 8 de junio de 2018.
Comparativamente, el riesgo país de países vecinos como Brasil (178 unidades), Chile (84), Uruguay (67), Paraguay (111) y Perú (114) revela que Argentina aún tiene un largo camino por recorrer en términos financieros.
Además, ante las altas tasas de retorno de los bonos del Tesoro estadounidense, cercanas al 5% anual, la emisión de nueva deuda en el exterior obligaría a Argentina a asumir tasas anuales cercanas al 10%, consideradas elevadas y excesivas para su situación fiscal actual.
Una caída del índice de riesgo país hacia la zona de 300 pb permitiría al Tesoro acceder a financiamiento exterior a tasas inferiores al 8% anual. Aunque seguirían siendo altas, estas tasas serían manejables si las condiciones macroeconómicas mejoran, aumentando así la recaudación y las reservas internacionales en el Banco Central.
Las emisiones de deuda corporativa y algunas colocaciones provinciales en los últimos dos años muestran que el Gobierno nacional podría financiarse en el corto plazo a tasas accesibles. Recientemente, el Tesoro alcanzó el límite de emisión de USD 2.000 millones con el Bonar 2027, un título con legislación local que rinde un 6 por ciento.
Si el Gobierno logra emitir nuevos bonos en Wall Street en los próximos meses, podría reducir significativamente la pesada carga de vencimientos —que ha sido cubierta principalmente en efectivo desde 2023— al renovar deuda “vieja” con nuevas emisiones. Esto también despejaría la incertidumbre cambiaria al permitir que los dólares adquiridos por el Banco Central se destinen a fortalecer las reservas, en lugar de ser utilizados por el Tesoro para cumplir con sus obligaciones.
¿Cuáles son los factores que podrían contribuir a reducir el índice de riesgo país? Son fundamentales:
“La deuda soberana tuvo un rendimiento superior al de sus pares, impulsada por datos económicos positivos. La combinación de un excelente resultado comercial con una recuperación económica mejor de lo esperado en marzo, junto con la acumulación de reservas, contribuyó al buen desempeño de los bonos en dólares”, explican los analistas de Balanz Capital.
“A futuro, el foco continuará en el ritmo de acumulación de reservas, las perspectivas para la economía real y la posibilidad de volver a los mercados internacionales de crédito voluntario. Además, a medida que avancen los meses, la cuestión política en torno al ciclo electoral de 2027 cobrará mayor relevancia entre los inversores”, afirmó Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS.
“Falta mucho para 2027 y, en este punto de las últimas tres elecciones presidenciales, era prácticamente imposible predecir quién sería el ganador”, comentó la Consultora 1816 en un informe. “A pesar de que Milei ha visto una disminución en su imagen, si se cumplen las proyecciones del rem (Relevamiento de Expectativas del Mercado del BCRA) sobre inflación y actividad, La Libertad Avanza debería tener buenas posibilidades. La existencia de balotaje dependerá no solo de la imagen del presidente Javier Milei, sino también de la cantidad de candidatos en la primera vuelta”, agregó.
“Independientemente de cómo concluya la elección, probablemente habrá algún grado de volatilidad en el camino hacia las urnas. Lo positivo es que las tasas forward de los bonos ya reflejan esto: en la curva de Bonares, el AO28 y el AO27 sugieren que hacia octubre de 2027, la tasa de un bono en dólares a un año vista será de 13,7%”, precisó 1816.
El economista Gustavo Ber señaló que “los activos domésticos están comenzando a mostrar signos de respiro tras una intensa racha alcista. Esto se debe a un renovado interés de los inversores, impulsado por mejores indicadores económicos y un aumento en el apoyo al Gobierno, además de las apuestas de influyentes inversores externos que actúan como catalizador”.
“Este contexto abre la puerta a mejores expectativas entre los inversores de cara a las elecciones de 2027, ya que cualquier señal se traduce rápidamente en probabilidades electorales. También se anticipa que un repunte en la actividad económica a medida que avancen los meses, combinado con progresos en el proceso de desinflación, podría tener un impacto positivo en el estado de ánimo social”, concluyó el director del Estudio Ber.









