En el ámbito del atletismo, la distancia entre los récords actuales y los de hace un siglo ilustra claramente esta transformación. A principios de los años 20, el récord masculino de los 100 metros era de aproximadamente 10,6 segundos; Usain Bolt lo estableció en 9,58 en 2009, una marca que permanece insuperada. Esta diferencia, ligeramente superior a un segundo, pone de manifiesto cuán complejo resulta romper ciertas marcas históricas.
Sin embargo, la progresión no es siempre lineal ni uniforme. Las mejoras tienden a disminuir a medida que una disciplina se aproxima a los límites físicos y técnicos, aunque cambios en las regulaciones, innovaciones en el equipo o el surgimiento de talentos excepcionales pueden cambiar esta tendencia. Algunas marcas, como los 8,95 metros de Mike Powell en salto de longitud masculino, vigentes desde 1991, se mantienen firmes durante décadas, mientras que otras son superadas con mayor frecuencia.
Armand “Mondo” Duplantis ejemplifica el fenómeno de los récords que se rompen con regularidad. El atleta sueco ha transformado el salto con pértiga en una serie de nuevas marcas, alcanzando una plusmarca mundial de 6,30 metros, con 14 récords desde 2020. Cada avance plantea la cuestión de cuán lejos puede llegar el rendimiento humano ante récords que, con el tiempo, podrían parecer prácticamente inalcanzables.
La matemática permite entender por qué algunos récords se rompen frecuentemente mientras que otros permanecen intactos. Según muchos análisis, en un sistema estable, la probabilidad de que se establezca un nuevo récord disminuye con cada intento.
El primer año establece una marca máxima; en el segundo, la probabilidad de superarla es de una entre dos; al tercer año, de una entre tres; y al décimo, de una entre diez.
Este proceso está vinculado a la serie armónica, que suma de manera indefinida. Aunque la suma nunca se detiene, el crecimiento de los récords tiende a desacelerarse: tras 100 observaciones, la expectativa es de poco más de cinco récords; después de 1.000, apenas cerca de siete. Esto implica que las nuevas marcas seguirán surgiendo, aunque los intervalos entre ellas se alargarán.
Aplicando esta idea al deporte, se puede comprender por qué algunas plusmarcas son percibidas como inalcanzables sin que ello implique necesariamente el establecimiento de un límite físico absoluto. Un récord puede perdurar debido a que la diferencia para superarlo es pequeña y depende de múltiples factores: el estado del atleta, las condiciones climáticas, el tipo de superficie, el equipo utilizado e incluso los errores de una competencia. Todo debe confluir perfectamente.
La evolución en la distancia de los 100 metros ilustra cómo ese margen se ha ido estrechando. En 1912, el estadounidense Donald Lippincott logró una marca de 10,6 segundos, una de las primeras referencias en la prueba. Usain Bolt la mejoró notoriamente en 2009, alcanzando 9,58 segundos.
La diferencia de más de un segundo en una carrera tan breve refleja un siglo de cambios en la preparación física, la biomecánica, las pistas, el calzado y la profesionalización, según se establece en informes especializados.
A pesar de estos avances, las mejoras se han vuelto más reducidas. Un análisis estima que el límite teórico para los 100 metros podría situarse en torno a los 9,44 segundos, solo 0,14 por debajo de la marca de Bolt. Sin embargo, esta es una proyección, no un límite inscripto: los modelos se basan en datos actuales y la suposición de que las condiciones de competencia se mantienen constantes.
Este supuesto a menudo flaquea. En 2008, un estudio proyectó que muchas marcas olímpicas alcanzarían su techo estadístico hacia 2068. La investigación no asegura que los récords dejarán de existir en tal fecha, sino que las mejoras serán cada vez más sutiles en un marco de reglas y tecnologías constantes.
La natación ha sido un claro ejemplo de cómo un cambio externo puede impactar significativamente cualquier tendencia. Los trajes de poliuretano usados en 2008 y 2009 facilitaron una oleada de récords; sin embargo, su prohibición en 2010 alteró nuevamente el escenario. Con respecto al salto con pértiga, Duplantis atribuye sus logros a ajustes técnicos y señala que muchos de sus récords fueron saltos realizados al límite de su capacidad ese día.
En conclusión, ciertos récords pueden volverse más resistentes y algunas marcas podrían permanecer inalteradas durante generaciones. La matemática sugiere que, en un contexto estable, los nuevos récords serán cada vez menos frecuentes. Sin embargo, el deporte rara vez se mantiene en un estado constante: los cuerpos, los métodos, los materiales y las reglas evolucionan y surgen atletas que vuelven a redefinir fronteras que parecían fisicamente fijadas.








