Leonardo Pereyra Iraola fue clave en la valorización de estas tierras y en la fundación de un parque que lleva su apellido, situado entre los partidos de Berazategui, Florencio Varela, Ensenada y La Plata.
Jorge Pereyra Iraola, un heredero de la familia, narra que Simón Pereyra Iraola, padre de Leonardo, compró en 1850 el antiguo establecimiento Las Conchitas, que había pertenecido a doña Juana Rita Pinto de Ximenez. Con el tiempo, la estancia adquirió notoriedad gracias a su cabaña y a su parque, diseñado por Leonardo, quien asumió la propiedad tras la muerte de su padre en 1852. Según detalla Silvina Ruiz Moreno en su obra sobre los parques de la Pampa, antes de las mejoras realizadas, el área carecía de vegetación, presentando solo algunos árboles dispersos y plantas autóctonas a lo largo de la costa del río. Así, la familia Pereyra Iraola transformó el paisaje en un encantador bosque.
Leonardo, oriundo de Buenos Aires, viajó a Europa entre 1855 y 1858 junto a sus primos Martín Iraola y Luis Pereyra Catapós. “Los jóvenes se dedicaron a recorrer universidades, bibliotecas, museos y monumentos, asimilando tanto las bellezas del arte como los conocimientos prácticos de la ciencia y la técnica”, señala Ruiz Moreno. Durante su estadía en el continente, Leonardo adquirió un toro y vacas reproductoras de la raza Shorthorn, y más tarde, al regresar al país, también compró ganado Hereford, sentando las bases de la Cabaña San Juan, que permanecería activa hasta 1996.
“En sus cartas, describía la admiración que le causaban fenómenos como las máquinas a vapor. En esos tiempos aquí no había trenes, mientras que en Europa el transporte se realizaba en este medio”, explica Jorge. “En sus viajes, trajo dos vacas Shorthorn y un toro que nombró Don Juan; a las vacas les puso Coral y Dalia”, añade. La estancia se reconoció por la calidad y cantidad de su ganado, así como por la mezcla de ejemplares criollos con aquellos importados.
Carlos Moreno, un conocido arquitecto y escritor sobre patrimonio rural, resalta que San Juan fue una estancia modelo, al ser pionera en las características modernas del campo. “Previo a su llegada, predominaban las estancias tradicionales, continuadoras de la colonia, sin mejoras en las razas. San Juan marcó un rumbo progresista que la convirtió en un referente”, explica.
Además de dedicarse al ganado, Leonardo también se ocupó de diseñar su parque. “No se limitó a viajar a Europa y traer semillas; él traía barcos llenos de árboles y especies que no existían aquí. Visitó Francia, Inglaterra, Escocia, Italia y Rusia, aprendiendo sobre las prácticas en los establecimientos agrícolas, su manejo animal y la confección de parques”, destaca Jorge.
Ruiz Moreno señala que a comienzos del siglo XX, San Juan figuraba entre las estancias más relevantes de Argentina. “Por ser un modelo de establecimiento y por su proximidad a Buenos Aires, era un destino para visitantes ilustres extranjeros interesados en conocer una estancia argentina”, explica. Además, menciona que los relatos de estos visitantes siempre hacían alusión a la singularidad del parque, “sin parangón”. Entre esos visitantes estuvo la infanta Isabel de España, quien llegó en tren especial para los festejos del centenario de la independencia.
“Su comitiva llegó a San Juan donde fue recibida con bombos y cohetes junto a una banda musical. En carruaje, arribó a la casa, donde luego de un almuerzo se le ofreció un desfile de los mejores ejemplares de la cabaña y un espectáculo de danzas folklóricas, con los peones ataviados ‘a la criolla’”, describe.
Desde finales del siglo XIX, la estancia se convirtió en un destino imperdible para las personalidades que visitaban el país. “Se generaba un gran movimiento en la estancia, siempre mostrando los avances logrados. En una foto histórica se pueden ver cien toros frente a la vivienda, cada uno conducido por un peón”, señala Jorge. “Conservo incluso una carta de la Sociedad Rural donde se solicita a Don Leonardo información sobre una máquina ordeñadora mecánica que había adquirido, lo que evidencia su interés por el progreso”, comenta.
Elemento polifacético, Leonardo también tenía inclinaciones artísticas, pintaba y mantenía amistad con el destacado artista Pridiliano Pueyrredón. Durante su estancia en Europa, adquirió diversas obras y fundó la Asociación Argentina de Bellas Artes. Se casó con su prima Antonia Iraola y se involucró en la Sociedad Rural en 1866, llegando a ser presidente entre 1882 y 1884. “Entre 1890 y 1893 participó en el Partido Radical, pero, desilusionado con la política, se retiró de la esfera pública”, puntualiza Ruiz Moreno.
“El parque de San Juan significó la obra de su vida”, argumenta. Coincidiendo con esta visión, el arquitecto Sergio Martínez López agrega que Leonardo, junto a su hijo Leonardo, dedicaron su existencia a la creación de un magnífico parque que incluía un lago artificial y los primeros eucaliptos y pinos marítimos del país, entre otras especies exóticas. Una de estas especies es el árbol de cristal, conocido como Agathis alba, cuya resina refleja la luz lunar y es exclusivo de América del Sur. “Algunos atribuyen su diseño inicial al trabajo conjunto con Pridiliano Pueyrredón, pero desde 1863, la supervisión del parque estuvo a cargo del jardinero belga Carlos Vereecke”, indica Martínez López.
Respecto a Vereecke, la autora de Historia de los Parques de la Pampa sugiere que trabajó para Leonardo desde 1863 hasta su fallecimiento en 1876, durante la fase de formación de la estancia. “En América, había comenzado en Brasil, luego se estableció aquí colaborando con José Gregorio Lezama en el parque que lleva su nombre. Se unió a San Juan como encargado de las plantaciones, según se registra en un testimonio de 1875, donde consta que recibió las primeras semillas de eucalipto de Sarmiento”, señala. “Sus conocimientos en botánica enriquecieron el parque, dotándolo de la amplia variedad de especies que lo hicieron renombrado”, añade.
Leonardo, el hijo, fue electo diputado bajo la ley Sáenz Peña, participó como vocal del directorio del Banco de la Nación y heredó la estancia San Juan tras el deceso de su padre en 1899. Continuó con la cabaña y su obra forestal, ampliando tanto la extensión como la diversidad del parque.
En 1910, un visitante francés, Jules Huret, hizo la siguiente descripción: “En el centro del parque, un riachuelo de aguas casi inmóviles se oculta a la sombra de los grandes sauces que lloran en sus orillas; avenidas de palmeras y cocoteros, magnolias y cipreses conducen a prados naturales circunscritos por bosquecillos de eucaliptos. (…) Los olmos, los eucaliptos, las palmeras y cipreses, los castaños, las cañas de bambú, los álamos plateados, las acacias y los abetos alternan en densos grupos. Algunos helechos, que se nos muestran como curiosidad, se enredan en los troncos (…)”.
En enero de 1949, durante el primer mandato del general Juan Domingo Perón, las estancias San Juan (de Leonardo hijo) y Santa Rosa fueron expropiadas; esta última era originalmente parte de la primera, subdividida en 1899 tras la muerte de Leonardo padre. Santa Rosa quedó en manos de Martín Pereyra Iraola, el hijo menor. Otras tierras, como La Porteña, Las Hermanas, El Carmen y Abril, pasaron a sus descendientes femeninas: Sara, María Antonia, María Luisa y Laura. La expropiación abarcó cerca de 10.248 hectáreas. Actualmente, el área expropiada lleva el nombre de Parque Provincial Pereyra Iraola, abarcando los partidos de Berazategui, Florencio Varela, Ensenada y La Plata.
En 1967 fue declarada Reserva Forestal de la Provincia de Buenos Aires y en 2007 Reserva de Biosfera por la Unesco. Desde 1960, una de las instalaciones que albergó una escuela para los hijos de los peones de la estancia se transformó en la Escuela de Policía Juan Vucetich.










