La encuesta, realizada por el Instituto Periferias en octubre, indagó sobre las condiciones de vida, los malestares y los consumos de personas de 16 a 25 años que viven en barrios populares de ocho provincias y de la Ciudad de Buenos Aires.
“Es un relevamiento sobre salud mental y consumos, del que hoy difundimos la primera parte, la que tiene que ver con los malestares. Los niveles de malestar emocional que expresa la encuesta son preocupantes, y es muy alta la cantidad de jóvenes que no tienen adónde acudir”, dijo Daniel Menéndez, director de Periferias y referente de la organización social Barrios de Pie.
La investigación fue desarrollada por integrantes del Instituto junto con trabajadores y profesionales de dispositivos de salud mental, miembros de sectores de la iglesia y militantes de movimientos sociales.
Los resultados muestran una situación grave y desatendida. El 48,1% de los adolescentes y jóvenes señaló que siente agotamiento con frecuencia; el 45,5% manifestó experimentar estrés y el 41%, incertidumbre.
También mencionaron ansiedad (38%), angustia (30,3%) y tristeza (25,4%).
Ante este panorama, el relevamiento encontró que el 78% no recibió atención de salud mental en los últimos meses, el 45,4% no cuenta con cobertura y el 53,7% no busca ayuda cuando atraviesa situaciones de malestar. “Las dificultades para conseguir turnos y acceder a profesionales profundizan la brecha entre las necesidades de las juventudes y el abanico de respuestas disponibles”, advirtió Menéndez.
Noelia Cárdenas, coordinadora del grupo de trabajo sobre salud mental del Instituto Periferias, sostuvo: “La salud mental juvenil no puede abordarse únicamente como una problemática individual, desvinculada de las condiciones sociales y económicas”.
Entre los adolescentes y jóvenes de barrios populares, las condiciones materiales de vida tienen un peso central. La situación económica fue la preocupación más mencionada: la señaló el 64% de los encuestados.
También aparecieron con frecuencia el desempleo y el trabajo (38,5%), una realidad que para muchos jóvenes de sectores populares comienza a edades muy tempranas. Luego figuran los estudios (33,4%), la incertidumbre sobre el futuro (32,6%) y los problemas familiares (32,5%).
“En los barrios populares, los jóvenes que buscan apoyos para su salud mental recurren mayoritariamente a la red más cercana, que es la comunitaria: familia, amigos, algún club, la escuela, algún espacio de acompañamiento. Muchas veces es porque son lugares donde no tienen que pagar por la atención, ya que hay una barrera económica que impide el poder costear un tratamiento o un psicólogo. Uno de los datos que apareció en la encuesta es que alrededor del 45% no tiene cobertura de salud. Entonces, los espacios comunitarios tienen un gran valor, porque muchas veces son la puerta de entrada a una atención, no solamente salud mental, sino de salud en general”, planteó Cárdenas.
“Por eso consideramos que se necesitan políticas públicas, en los hospitales y centros de salud, que hoy están desfinanciados y faltos de recursos, y al mismo tiempo construcción de comunidad. Creemos que hay que reconocer las redes de cuidados que ya existen y ampliarlas, poniendo en valor la idea de la salud mental comunitaria.
“Nosotros hablamos de factores de riesgo y de factores protectores. Identificamos factores de riesgo, como el consumo de sustancias, la situaciones de vulnerabilidad, de falta de acceso, pero sabemos también que hay factores protectores.Sin embargo, hoy no encontramos demasiados espacios o programas que incluyan a los jóvenes en esta franja, a la generación de entre 16 y 25 años. No hay pensada una agenda de salud mental con acciones diversas, transversales, que incluya por ejemplo el trabajo en los clubes de barrio, en las escuelas, en el territorio en sí mismo. Creemos que hace falta poner el tema en debate”.










