En la Casa Rosada comienzan a observarse cambios. No se trata del programa económico ni del rumbo general del Gobierno, sino de decisiones, discursos y elementos simbólicos que están adquiriendo un nuevo matiz. Milei a veces desconcierta, lo que es motivo de preocupación para sus adversarios políticos.
La Libertad Avanza comprende que la reactivación económica, con beneficios palpables para la población, es clave para lograr buenos resultados electorales. Sin embargo, también se alinea con sentimientos que anteriormente le eran ajenos, como lo demuestra el reciente enfoque sobre Malvinas. Por otro lado, una nueva adaptación discursiva ocurrió cuando Luis Caputo incluyó la expresión “justicia social” para justificar el impulso a los créditos hipotecarios. Este aspecto no es menor.
La inminente visita de León XIV, que Milei desea recibir en Argentina, también genera inquietud. Existen temores sobre que el viaje pueda revertirse en contra del Gobierno. No es necesario imaginar un conflicto abierto; una gira papal que aborde cuestiones relacionadas con la pobreza o sectores vulnerables podría evidenciar los costos sociales de las políticas de ajuste.
A medida que se acerca noviembre, también se presentan oportunidades para ajustarse. Al menos, se busca evitar que la oposición se apropie de las circunstancias. Milei, dentro de sus giros discursivos, podría posicionarse aún más favorablemente en relación con el Papa, o al menos, con Juan Grabois.
El Gobierno comienza a abrazar causas que anteriormente no figuraban entre sus intereses, siendo Malvinas el ejemplo más claro. Durante menos de tres años, Milei ha transitado un recorrido repleto de contradicciones: desde hablar sobre el derecho de autodeterminación de los isleños, elogiar a Margaret Thatcher, mantener una actitud moderada durante la visita de David Cameron, hasta permanecer callado ante la aparición de un buque británico. En el Mundial, incluso cuestionó la bandera que los jugadores de la Selección levantaron en relación con las Islas.
Recientemente, su discurso se ha endurecido. La soberanía ha vuelto a ocupar un lugar preponderante en la agenda, anunciando medidas contra las empresas petroleras que operan en las Islas y sugiriendo, en una entrevista con The Economist, la posibilidad de negociar con el Reino Unido de manera similar a lo ocurrido en Hong Kong. Milei afirmó que las Malvinas son “inequívocamente” argentinas.
No se puede hablar de un giro absoluto: Milei siempre ha sostenido que las Islas pertenecen a Argentina. Sin embargo, el enfoque ha cambiado. Los planteamientos de Donald Trump sobre Malvinas como forma de presionar al Reino Unido podrían haber sido el catalizador de un discurso nacionalista que no había explorado antes.
También se evidencian concesiones en temas económicos. Como se mencionó, la semana pasada el Ministerio de Economía promovió el uso de fondos del FGS de ANSES para respaldar el crédito hipotecario y desde el oficialismo se filtraron noticias sobre un aumento del salario mínimo. Si bien estas medidas son limitadas, marcan una dirección distinta a la que predominó en gran parte de la gestión.
Mientras tanto, Milei reafirma que redoblará “al mango” su compromiso con la ortodoxia, reiterando que no se apartará de su programa y que, si es necesario, “morirá con las botas puestas”.
El propio Presidente añadió esta semana una pista sobre cómo percibe el escenario. Durante el evento Vientos de Cambio, aseguró que su futuro personal ya está determinado y que, si el oficialismo pierde, será la sociedad quien habrá optado por otro camino. La idea subyacente sigue siendo que Milei confía en la validez de su programa y que el electorado deberá elegir entre apoyarlo o afrontar las consecuencias.
También continúa con su constante serie de descalificaciones en redes sociales, particularmente hacia los periodistas. Algunos analistas consideran que esta actitud podría ser uno de sus errores, ya que afirmar que su futuro personal está asegurado como conferencista internacional puede irritar a quienes están sufriendo las consecuencias del modelo. Lo mismo sucede cuando culpa a la sociedad por un posible retroceso en el camino que imagina hacia la Tierra Prometida, un recorrido que, de hecho, no está libre de obstáculos.
“El error del análisis político clásico es medir liderazgos disruptivos con las reglas que vinieron a romper. Milei, Bukele o Bolsonaro no deben medirse por qué regla violan, sino por qué efecto produce violarla. Si cambió el juego, el viejo reglamento ya no alcanza”, comentaba un dirigente peronista del norte, quien entiende que con estas salidas inesperadas Milei logra confundir a la oposición nuevamente.
Sin embargo, es paradójico que este cambio narrativo tenga límites en su propio programa económico. Y es aquí donde toda estrategia comunicacional puede fallar. Puede incomodar a la sociedad al señalarle que se está “suicidando” por no votarlo e incluso disminuir la cortesía en sus expresiones. Pero cuando la economía se aprieta, la situación cambia.
“Puedes jugar con el coya, pero no con su alforja”, reitera el mismo dirigente norteño, recordando un viejo refrán de la Puna. En otras palabras: la gente puede tolerar que le digan cualquier cosa, pero no que falte comida.
Una reciente encuesta de Tendencias, correspondiente a agosto, reveló que el 41,2% de los argentinos no logra llegar a fin de mes. Un 22,4% debe ajustar sus gastos para lograrlo. Solo un 16,9% puede llegar y además ahorrar. Las expectativas tampoco son alentadoras: el 46,2% cree que su situación económica empeorará en el próximo año, mientras que apenas un 28,1% espera que mejore.
La creciente deuda añade otra dimensión al problema. Entre quienes han solicitado crédito recientemente, la mayoría lo hizo por motivos menos sofisticados que la compra de un coche o una vivienda: un 21% se endeudó para adquirir alimentos o productos de primera necesidad. Otro 8,7% contrajo deuda para pagar servicios, alquiler o expensas, y un 8,2% para cubrir o refinanciar deudas previas.
Un dato adicional resulta clave para entender el contexto político actual. La inflación, que solía ser la principal preocupación de los argentinos y el principal activo electoral del Gobierno, ahora ocupa el quinto lugar en la lista de inquietudes, con un 6,9%. En cambio, la preocupación primordial son los bajos ingresos, con un 31,5%, seguida por la pobreza, con un 22,3%.
La dinámica del problema ha cambiado.
El Gobierno ha logrado reducir la inflación, pero no ha resuelto el descontento económico. Esta diferencia se vuelve crucial con el clima electoral aproximándose. Quizás por eso, en el ámbito económico se escucha cada vez más la necesidad de “reactivar”. Tal vez por esa razón, Milei puede insistir públicamente en su firme determinación de no moverse un centímetro, mientras algunas decisiones dentro de su Gobierno comienzan a mostrar otro enfoque.
El programa económico también impone límites a la realpolitik. El gasto ha vuelto a disminuir y el ajuste sobre las provincias se hace evidente. Durante agosto, las transferencias discrecionales desde Nación a los distritos cayeron un 66,4% en términos reales interanuales, marcando el menor registro para ese mes desde 2005. Aún más sorprendente, no se distribuyó un solo peso en ATN, a pesar de que el fondo recaudó casi $108.000 millones durante el mes.
Esta decisión se toma en un momento en el que la Casa Rosada necesita el apoyo de los gobernadores. Hay reformas pendientes, especialmente en el ámbito político, con la suspensión de las PASO volviendo a ser tema de discusión, negociaciones en el Congreso y una elección que lentamente comienza a estar presente en cada conversación. Milei necesita los votos de las provincias, pero todavía se muestra reacio a comunicarse en el idioma que ellos comprenden mejor.
Esto evidencia que el movimiento no es lineal. Milei cede en ciertos aspectos y endurece su postura en otros. Busca que se reactive el consumo, pero al mismo tiempo sostiene el control del gasto. Necesita ampliar su base política, pero mantiene cerrada la caja.
Un reciente estudio de CEOP Latam, elaborado en exclusiva, indica que Milei sostiene su núcleo electoral más fiel: un 33,8% asegura que lo votaría y otro 8% podría hacerlo. Sin embargo, el 56,9% afirma que no lo votaría. Su problema no parece hallarse en el piso, sino en el techo.
Hay otro dato tal vez más relevante. Al consultar qué harían si las elecciones se llevaran a cabo mañana, el 51,5% respondió que votaría para “cambiar el rumbo”. Solo el 15,5% optaría por “moderar” la dirección actual, mientras que apenas un 31,7% desea “profundizar lo que se está haciendo”.
“En 2023, Milei canalizó la demanda de cambio. Hoy comienza a surgir un nuevo debate: una mayoría vuelve a exigir un cambio, pero ahora el Gobierno asume el rol de aquello que está en curso”, analizó un experto.
Quizás allí resida la razón detrás de algunas de las contorsiones observadas recientemente.
La oposición también ha tomado nota de las cifras.
El peronismo comienza a acelerar sus propios movimientos. Axel Kicillof y Sergio Massa están organizando actividades para dentro de dos semanas y comienzan a mostrar con más claridad sus construcciones territoriales. El gobernador ya no oculta sus ambiciones nacionales. Por su parte, el líder del Frente Renovador ha incrementado su actividad.
La encuesta explica parte de la urgencia. Un peronismo unido, con un candidato único, obtendría un 41,6% de votos, frente al 34,4% que recibiría Milei. En caso de fragmentación, el Presidente se posiciona como primera minoría con un 33%, mientras que Kicillof alcanzaría un 26,7% y un candidato vinculado a Cristina Kirchner apenas un 11,9%.
Las diferencias también emergen al considerar cómo enfrentar al Presidente. En un eventual balotaje, Kicillof tendría un 47,9% frente al 41,8% de Milei. Massa, en cambio, logra una ventaja más ajustada: 43,1% contra 41,2% de Milei.
Dentro del cristinismo, algunos dirigentes comienzan a ver a Massa como una alternativa viable para competir con Kicillof en una interna. También se están evaluando otros gobernadores y posibles candidatos del interior. Sin embargo, aún es incierto si estos movimientos se traducirán en candidaturas concretas. Pero la discusión ha dejado de ser meramente teórica.
Este panorama no estaría completo sin la significativa provincia de Buenos Aires, que será clave en la negociación. Si se llevara a cabo una interna, el candidato a gobernador podría evitar el veto cruzado del kicillofismo y del kirchnerismo. El actual gobernador podría postular a un candidato afín, mientras que el kirchnerismo podría hacer lo mismo. En esta dinámica, Massa podría ofrecer ceder el lugar a cambio de apoyos para la presidencial.
Los gobernadores también juegan un rol crucial. La ronda de consultas para decidir sus posiciones ya ha comenzado. Algunos se muestran evasivos y están considerando opciones de alianzas de tres bandas, incluidas con la Libertad Avanza.
Eventualmente, no tendrán más remedio que tomar una decisión. Al momento, los mandatarios no están cómodos con una disputa centrada en Buenos Aires, pero tampoco parece que hayan mostrado un respaldo entusiasta hacia Cristina: tanto respecto de su situación judicial como en torno a la conducción del PJ nacional.
Los números siguen alimentando las conversaciones por ahora. Después vendrán los actos, las alianzas y las recorridas.









