La reciente caída industrial del 5% intermensual y del 4,9% interanual reportada por el INDEC no es un dato aislado. Ya existían indicadores que alertaban sobre la situación antes de la comunicación oficial, que también reveló un cambio en la tendencia cíclica. Las proyecciones actuales sugieren que el punto más bajo del sector podría aún ser más sombrío.
En la última semana, los medios volvieron a destacar cierres y conflictos en la producción manufacturera. Granja Tres Arroyos ha abierto un nuevo foco de conflicto en Ezeiza, con suspensiones y remoción de maquinaria. Por su parte, DIN S.A., una acería que contribuyó a grandes obras como el Hangar 5 de Aerolíneas Argentinas, ha cerrado sus puertas tras más de 56 años de actividad. Sin embargo, la demanda actual es prácticamente inexistente.
Coatz, reconocido economista y director de la consultora I+D, sostiene que el efecto “serrucho” ha dejado de mostrar signos de recuperación y, en cambio, refuerza una tendencia negativa. En su informe, el exdirectivo de la UIA documentó la pérdida de 420 empresas industriales solo en mayo y más de 1.500 en lo que va del año. “No es una destrucción creativa. Es destrucción y punto. Si esta dinámica persiste, y con 4.000 industrias en mora, en 2026 podrían cerrar unas 3.300”, advierte el informe al que se tuvo acceso.
La principal dificultad para los industriales sigue siendo la falta de demanda. El propietario de una empresa competitiva que exporta a 30 países comentó que, en su caso, el mercado interno ha sufrido un desplome del 30%. En ese contexto, está reevaluando cuál sería su estrategia si la demanda en Argentina se reduce otro 50%, una posibilidad que no le parece descabellada. Con la calculadora en mano, contemplaba la opción de disminuir su producción en el mercado interno y enfocarse solo en la exportación.
“Ayer estuve en SKF, da ganas de llorar. Están desmantelando toda la fábrica con amoladoras, vendiéndolo todo a pedazos. Solo han vuelto a contratar temporalmente al personal de mantenimiento, muchos de los cuales tenían entre 10 y 28 años de antigüedad. Están comercializando como chatarra el esfuerzo de toda una vida”, relató un industrial que visitó las instalaciones que la empresa deja atrás en Tortuguitas.
Este testimonio refleja la situación que viven las firmas dedicadas a las subastas. La oferta de máquinas ha aumentado debido a los cierres, pero las ventas apenas se realizan, ni siquiera para los productos más básicos, dado que son pocos los que están dispuestos a invertir en ampliar la producción en el país.
Como resultado, muchas máquinas operativas terminan siendo vendidas como chatarra. El país pierde capacidades productivas y los industriales no logran recaudar ni el dinero suficiente para cubrir indemnizaciones y los costos de cesación de operación.
El desbalance entre los sectores en crecimiento y los que retroceden también se manifiesta en el mercado laboral. En junio se produjo una nueva caída del empleo formal, con la pérdida de aproximadamente 12.260 puestos. Comparando con noviembre de 2023, son 354.128 asalariados registrados los que se han quedado sin trabajo (246.312 en el sector privado, 87.629 en el público y 20.187 en casas particulares).
Esta semana, el exministro de Economía, Domingo Cavallo, destacó la necesidad de prestar atención a los sectores intensivos en empleo y criticó que los beneficios fiscales se hayan concentrado en actividades con ventajas competitivas, no en aquellas que enfrentan dificultades.
Un informe de Misión Productiva es revelador: los 21 proyectos aprobados del RIGI prometen 95.158 puestos de trabajo. “Aun si se concretaran todos, equivaldrían apenas al 28% del empleo perdido”, señala. Esa cifra abarca tanto el empleo directo como el indirecto, permanente y temporario. Si se consideran únicamente los empleos directos y permanentes, la cifra se reduce a alrededor de 13.400, representando solo un 4% de los puestos perdidos.
En el contexto del RIGI, de grandes inversiones energéticas y un auge en la minería, algo no está funcionando. En lugar de aprovechar estas locomotoras para impulsar a proveedores, la industria y los servicios locales, las fábricas cierran y las máquinas son desmanteladas para ser vendidas como chatarra.









