Lionel Messi compartió un importante mensaje dirigido a los padres de jóvenes futbolistas, instándolos a evitar imponer una presión excesiva en un encuentro con estudiantes en Oviedo, previo a la entrega del Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026. El capitán de la selección argentina reflexionó sobre su relación con el fútbol desde la infancia, recordando su llegada al primer equipo de Barcelona a los 16 años y las críticas que ha enfrentado a lo largo de su carrera. Ante una audiencia entusiasta, enfatizó que el disfrute debe ser fundamental en la formación de los jóvenes atletas. Durante la charla, Messi abordó el tema de la presión familiar que algunos niños sufren. El delantero sugirió que las expectativas de los padres pueden afectar negativamente la relación de los niños con un deporte que debería estar asociado a la diversión y el aprendizaje. “Muchos chicos tienen padres que les exigen mucho y tienen una presión enorme. Por ahí no se dan cuenta de que, en vez de ayudarles, les están haciendo un mal a sus propios hijos con el hecho de exigirle, de pedirle más”, indicó el jugador. Según Messi, es esencial que los jóvenes disfruten de las actividades que realizan, ya sea dentro o fuera del deporte. A su juicio, esta actitud les permite rendir de manera más natural sin que el miedo al error o la presión por obtener resultados interfieran con su desarrollo. “Cuando somos chicos, o en general, uno tiene que disfrutar de lo que hace. Cuando uno disfruta de lo que le gusta, siempre termina dando un plus y lo hace natural”, aseguró. Esta reflexión está íntimamente relacionada con la trayectoria del futbolista. Desde pequeño, encontró en el fútbol una pasión que abordaba con naturalidad, un lazo que se mantuvo a pesar de que el deporte se viera marcado por las competencias y expectativas. Messi también recordó la experiencia de llegar al primer equipo de Barcelona a los 16 años, una etapa en la que tuvo que convivir con figuras como Ronaldinho, Samuel Eto’o, Xavi Hernández y Carles Puyol. Reconoció que le costó adaptarse, debido en parte a su carácter reservado y a la calidad de sus compañeros. “Para mí era difícil. Soy tímido y me costaba soltarme”, comentó. En ese contexto, recibió un consejo que resultó decisivo para superar el desafío de dar el salto al profesionalismo: desconectarse del entorno y realizar en la cancha lo que había practicado desde su niñez. “Me dijeron que me olvidara de todo, que disfrutara, que hiciera lo que había hecho durante toda mi vida, desde que era chiquito. Que no pensara quién tenía al lado y que hiciera lo que a mí me gustaba hacer”, relató. Esta premisa fue un hilo conductor en su intervención en Oviedo. Aunque reconoció que el deseo de ganar es inherente a la competencia, subrayó que este no debería eclipsar el placer ni el valor del trayecto recorrido. “Más allá de la responsabilidad y de querer ganar, porque cuando uno entra a una cancha siempre quiere ganar, intenté disfrutarlo porque es lo que me gusta hacer y lo que me gustó hacer siempre”, detalló. Además, Messi reflexionó sobre las derrotas y cómo ha aprendido a asimilarlas a lo largo de su carrera. Mencionó las intensas críticas que ha recibido y cómo su familia ha sufrido en ciertos momentos difíciles. Recordó las finales que disputó con la selección argentina y el club catalán, señalando que con el tiempo ha aprendido a valorar el proceso antes que los resultados aislados. “Llegar a una final no es fácil. Llegan dos y gana uno solo. Lo importante es haberlo intentado y haber competido hasta poder llegar al objetivo. Después se puede dar o no, pero hay que quedarse satisfecho si uno lo dejó todo”, afirmó. Para Messi, esta perspectiva es esencial en un deporte donde las derrotas son más comunes que los triunfos. “No hay que acostumbrarse a perder, pero sí saber que se puede perder e intentar aceptarlo”, concluyó.










