Durante una comisión que se prolongó por más de cuatro horas, donde participaron el titular del Banco Central, Santiago Bausili, y el vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, se lograron las firmas necesarias para dictaminar sin cambios el proyecto que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados.
“La idea es llevarlo la semana que viene al recinto”, comentó la presidenta del bloque, Patricia Bullrich. “Vamos a ir a una sesión con Inocencia Fiscal II, biocombustibles, Super Rigi y Carta Orgánica”, añadió la ex ministra de Seguridad de la Nación.
A pesar de que el peronismo suele no participar de la Comisión, los miembros del bloque esperaron a que el oficialismo consiguiera el quórum, y una vez que se abrió la sesión, ingresaron.
“Así es como tratan ustedes al Congreso, que es quien tiene que controlar los actos del gobierno”, expresó una senadora del peronismo de la provincia de Buenos Aires. Adicionalmente, alertó que, de aprobarse el texto sin modificaciones, el Parlamento perdería su capacidad de controlar las acciones del Banco Central.
El cierre del oficialismo estuvo a cargo de Bullrich, quien afirmó que la reforma “trasciende” a esta administración.
“Esta reforma no le pertenece a este Gobierno. Le pertenece a cualquier Gobierno que quiera que la Argentina deje de ser un país marginal”, declaró Bullrich. Resaltó que la discusión no se limita a la organización interna del Banco Central, sino que busca definir el tipo de institución monetaria que necesita el país.
En este contexto, destacó que establecer como misión primaria del Banco Central la preservación del valor de la moneda “no es una abstracción técnica, sino una decisión sobre un estilo de vida”. “Es preservar el poder de compra de los salarios, asegurar que el ahorro no se evapore, que las jubilaciones sean más accesibles, y facilitar la producción y el crecimiento”, explicó.
Bullrich enfatizó en la necesidad de erradicar el financiamiento monetario del déficit, sugiriendo que en lugar de financiarlo, se debería tener lo necesario para impulsar el crecimiento del país y garantizar el funcionamiento del Estado.
Otro de los puntos clave en su intervención fue la autonomía institucional del Banco Central. Criticó que históricamente los gobiernos hayan podido alterar sus autoridades de acuerdo a sus intereses políticos y abogó por normas más estrictas para la designación y remoción de los miembros de su directorio.
Finalmente, Bullrich subrayó que un Banco Central más independiente, enfocado en la preservación del valor de la moneda y desvinculado del financiamiento discrecional del Estado, beneficiará a cualquier administración. “Un Banco Central estable será útil para cualquier Gobierno. Debe concentrarse más en su objetivo y no ser un prestamista del Estado”, concluyó.
Por último, Bullrich cerró su exposición afirmando que la reforma simboliza más que un cambio institucional: es una decisión para poner fin a una dinámica que, durante décadas, ha deteriorado los ingresos, licuado los ahorros y agravado la pobreza. “Terminemos de pagar la cuenta. No podemos seguir viviendo en una fantasía que cada vez significa más pobreza”, concluyó.









