En este contexto, Mike McGlone, analista de Bloomberg Intelligence, ha señalado que existe la posibilidad de que Bitcoin termine el año 2026 cerca de los u$s 10.000, un marcado descenso desde los u$s 64.100 con los que inició este año. Esto implicaría una reducción cercana al 84% respecto de los niveles actuales.
McGlone fundamenta su pronóstico a partir de comparaciones con situaciones de crisis financiera previas, especialmente la crisis de 2008 y el colapso de la burbuja tecnológica a comienzos de 2000. Además, identifica los u$s 50.000 como un umbral inicial en una hipotética trayectoria a la baja hacia los u$s 10.000.
La premisa principal detrás de su análisis es que un deterioro en las condiciones financieras a nivel global, sumado a un incremento en la volatilidad, podría propiciar una salida masiva de capitales de los activos digitales.
La perspectiva de McGlone contrasta significativamente con otras previsiones en el mercado. Por ejemplo, un análisis de Bernstein sugiere que la corrección podría encontrar un piso cercano a los u$s 60.000, un nivel que coincide con los picos del ciclo anterior, desde donde anticipan un posible inicio de un nuevo ciclo alcista.
Esta divergencia en las proyecciones refleja la amplia gama de expectativas respecto al futuro de Bitcoin. Mientras que una parte del mercado considera la caída actual como una corrección dentro de lo habitual, McGlone advierte sobre la posibilidad de una revalorización mucho más intensa de los activos de riesgo en general.
El mercado de criptomonedas ha enfrentado desplomes de características similares en el pasado. Bitcoin ha padecido caídas superiores al 80% en ciclos bajistas anteriores, incluida una contracción del 84% entre diciembre de 2017 y diciembre de 2018.
Por ello, aunque la meta de u$s 10.000 representa un escenario extremo que dista de ser una previsión consensuada, la advertencia de McGlone resalta uno de los riesgos estructurales más significativos de Bitcoin: su alta sensibilidad a cambios en la liquidez, al endurecimiento de las condiciones financieras y a las fluctuaciones en el apetito global por el riesgo.









