– No hay indicios de caída inminente
– Riesgos a tener en cuenta
– Alta concentración en Wall Street
El S&P 500 ha alcanzado un hito, cumpliendo 40 días sin registrar caídas diarias del 1%, un fenómeno que en el contexto histórico no suele continuar indefinidamente. Aunque estas tendencias no son pronósticos de una corrección inminente, sí reflejan una notable disminución en la volatilidad del mercado en comparación con otros períodos.
Actualmente, el mercado bursátil estadounidense atraviesa una fase de excepcional calma. En más de 40 días, no ha habido jornadas de alta tensión ni caídas que superen el 1%. Al evaluar este fenómeno desde 1950 hasta 2026, se observa que rachas extensas sin descensos significativos son relativamente comunes, aunque los períodos prolongados son menos frecuentes. A lo largo de las últimas décadas, el índice ha logrado varias secuencias de días sin correcciones, pero generalmente estos episodios son seguidos por aumentos en la volatilidad.
Maximiliano Tessio, asesor financiero, sugiere que hay cierta complacencia en el mercado, aunque no interpreta esta racha sin caídas del 1% como un indicio de corrección inminente. No obstante, advierte que una parte del mercado ya se encuentra ajustándose. “Apenas el 28% de las acciones del S&P 500 estaba por encima de su media móvil de 20 jornadas, a pesar de que el índice se acercaba a máximos. Por ejemplo, el sector industrial ya ha visto caer un 8,6% en las últimas cinco semanas. Por eso, considero que la corrección ya está en marcha en parte del mercado, aunque el liderazgo de las grandes tecnológicas la oculta”, afirmo.
Así como indica Tessio, la solidez del S&P 500 comienza a mostrar debilidades menos visibles. Mientras el índice opera en niveles elevados, el porcentaje de acciones que cotizan por encima de la media móvil de 200 jornadas ha disminuido del 70% en agosto al 48,9% al 23 de septiembre. Este indicador evidencia un deterioro en la amplitud del mercado, dado que cada vez menos acciones están participando en la tendencia ascendente.
Este indicador alcanzó un pico cercano al 73% en agosto, pero en pocas semanas perdió alrededor de 24 puntos porcentuales. Esta disminución no implica necesariamente una corrección para el S&P 500, pero sí señala una reducción en la amplitud que merece atención. El índice puede mantenerse fuerte mientras un grupo relativamente pequeño de acciones sostenga el rendimiento, pero la caída en este indicador muestra que la fortaleza ya no está distribuida tan ampliamente como semanas atrás.
El mercado de Wall Street ha registrado un fuerte aumento en 2026, aunque el rendimiento entre los principales índices es dispar. El Nasdaq 100 presenta un incremento del 21,2% en el año, notablemente superior al 13,1% del S&P 500 y al 7,7% del Dow Jones. Esta fortaleza se concentra mayormente en las grandes empresas tecnológicas y las relacionadas con la inteligencia artificial.
En el último mes, el QQQ ha crecido un 4,65%, en contraste con una ganancia del 0,69% del S&P 500. Por otro lado, el Dow Jones ha retrocedido un 3,14%, lo que sugiere que los sectores más tradicionales están mostrando una mayor debilidad. Aunque la volatilidad es baja, esto no sugiere una inminente caída. Es decir, una racha prolongada sin descensos del 1% no debe interpretarse como un signo de inminente corrección. Por sí sola, tal racha no garantiza que una corrección esté cerca.
Sin embargo, este patrón indica que los inversores están experimentando un período de complacencia y baja volatilidad relativa, con menos jornadas de ventas agresivas. En este contexto, se observa que la tendencia positiva del índice a menudo refleja una continuidad elevada en las compras y una menor disposición a realizar tomas de ganancias.
Mauricio Villacorta, estratega de inversiones, no ve riesgos bajistas en el contexto actual de calma en Wall Street. “Si el mercado fuera realmente complaciente, esperaríamos encuestas de sentimientos eufóricos, y la situación es opuesta: los inversores minoristas han manifestado un pesimismo notable en las últimas semanas”, explicó. Villacorta agrega que la tranquilidad del S&P 500 se explica por el impulso en acciones, la desconfianza hacia el dólar y la robustez del comercio relacionado con la inteligencia artificial.
“Las grandes empresas tecnológicas siguen destinando sumas récord a la inversión en IA, lo que respalda las ganancias del índice a pesar de sus propios altibajos”, señala Villacorta. Sin embargo, también indica que la inercia del índice se debe a que, bajo la superficie, las acciones están reaccionando de manera heterogénea. “Hay ganadoras y otras que están rezagadas dentro del mismo impulso de IA. Esto amortigua el movimiento del promedio general”, añadió.
Aunque los índices se mantienen cercanos a sus máximos, hay una cantidad considerable de acciones que ya se encuentran en un proceso correctivo a corto plazo. La presión en Wall Street abarca prácticamente todos los sectores. Muchas acciones del S&P 500 han acumulado caídas superiores al 20%, con significativos retrocesos en tecnología, semiconductores, consumo y salud.
Entre las empresas más afectadas se encuentran AppLovin (-58,3%), Boston Scientific (-58,5%) y Oracle (-57,5%), entre otras. Estas caídas no se limitan a las gigantes tecnológicas, ya que Tesla ha perdido un 25,3%, mientras que McDonald’s y Royal Caribbean descienden un 30,7% y un 31,7%, respectivamente.
La amplitud de las pérdidas es especialmente notable, abarcando sectores diversos y alcanzando a empresas de crecimiento, industriales, financieras y del ámbito de la salud. Esto ayuda a comprender el deterioro en la amplitud del mercado que se observa en el indicador de acciones sobre su media móvil de 200 jornadas.
Mirando hacia adelante, Milo Farro, analista, considera que la evolución de las ganancias corporativas, las expectativas de política monetaria y las elecciones en Estados Unidos serán fundamentales a seguir durante lo que resta del año en Wall Street. “El mercado anticipa tres aumentos adicionales en las tasas, uno para 2026 y dos más en 2027, en contraste con las proyecciones de la Fed que solo esperan uno”, comentó.
Finalmente, Farro destacó que “los resultados de las elecciones del 3 de noviembre podrían influir en la capacidad de Trump para implementar ciertas políticas, aunque muchas de las principales medidas de su programa aún no han sido aprobadas por el poder legislativo”. Los analistas subrayan la importancia de monitorear los factores de riesgo para prevenir un escenario negativo más extendido en la bolsa estadounidense.
Entre los factores de riesgo, se menciona la alta concentración en un número reducido de acciones dentro del S&P 500. Este índice se encuentra cerca de elevados niveles de concentración, donde las diez mayores empresas representan aproximadamente el 40% de su capitalización total y alrededor del 38% de las ganancias proyectadas para los próximos 12 meses.
Este fenómeno se ha intensificado en los últimos años, debido al impresionante dominio que han adquirido las grandes tecnológicas y las firmas ligadas al auge de la inteligencia artificial. La concentración actual supera los niveles registrados durante gran parte de las últimas cuatro décadas y se aproxima a los picos observados durante la burbuja tecnológica del siglo XXI. Este dato ayuda a entender por qué el S&P 500 puede mostrar una considerable resistencia incluso cuando una parte significativa de sus componentes se enfrenta a dificultades.
Con cuatro de cada diez dólares de capitalización concentrados en solo diez empresas, el comportamiento del índice depende cada vez más de un grupo pequeño de gigantes. Villacorta advierte sobre los riesgos en la dinámica de Wall Street, señalando que no se debe afirmar que no existen peligros en el mercado estadounidense. Antes bien, identifican factores críticos como la concentración en pocas tecnológicas, las elevadas valuaciones y el alto endeudamiento para invertir en acciones, lo que requiere un seguimiento cuidadoso. No obstante, añade que no calificaría esta situación como complacencia, sino como una calma con motivos concretos y sus propios puntos de atención.
A su vez, Tessio también destaca la necesidad de prestar atención al futuro de las acciones tecnológicas, así como a los riesgos geopolíticos y de tasas de interés. “Lo que más me preocupa es la concentración del liderazgo: si las acciones que sustentan el índice comienzan a perder vigor, esa tranquilidad puede cambiar rápidamente. Los riesgos que sigo son un incremento en los precios del petróleo por tensiones geopolíticas y tasas de interés altas durante más tiempo”, concluyó. Dentro del ámbito de las inversiones, Tessio mantiene una perspectiva favorable hacia las acciones, aunque de manera selectiva. “No veo señales que anticipen una recesión inminente ni una desaceleración en el ciclo de inversión en inteligencia artificial, así que sigo apoyando el sector tecnológico. Al mismo tiempo, comienzo a detectar oportunidades en sectores cíclicos que ya han corregido, como el industrial. Un descenso sostenido en los precios del petróleo, que alivie la presión inflacionaria y en las tasas, podría ser el catalizador para esa recuperación”, finalizó.









