No obstante, no es solo esta decepcionante realidad la que lo acosa. Caputo forma parte de un gabinete donde la comunicación y el discurso optimista a menudo contrasta con la dura realidad. El Presidente había asegurado que la inflación iniciaría con 0 en agosto, pero ahora se ha resignado a la idea de que eso permanecerá fuera de su alcance hasta el final de su mandato; de hecho, el Presupuesto 2027 estipula una inflación mensual del 1,5 por ciento para próximo año.
Para Caputo y otros miembros del gobierno, no es simplemente el decir que las cosas mejorarán lo que los afecta, pues cuentan con un sólido respaldo mediático que minimiza evidencias negativas. Esta semana, intentaron disfrazar incrementos mínimos en la industria y la construcción —1,9% y 0,4% respectivamente en agosto— como signos de recuperación; mientras que la realidad indica que la industria ha caído un 11,2% en comparación con 2023, perdiendo empresas y trabajadores, y el sector de la construcción ha registrado un desplome del 29,8%, cerca de un tercio de su actividad habitual.
Esta debacle en la industria, así como caídas similares en el comercio, el turismo interno y muchas economías regionales —donde se concentra una cantidad significativa de empleos— es lo que muchos analistas y entidades financieras consideran un riesgo político.
Los mercados, los organismos internacionales y los analistas advierten que, de continuar el actual plan económico, que ahoga al mercado interno con el aumento constante de tarifas de servicios, una inflación en dólares en ascenso, políticas de apertura comercial sin restricciones y cargas financieras prohibitivas, lo más probable es que la situación se agrave durante los próximos meses, especialmente ante la creciente incertidumbre política y electoral.
De esta forma, el presidente Milei enfrenta crecientes presiones, tanto internas como externas, desde personas cercanas, así como de bancos internacionales y destacados actores económicos, que demandan un ajuste en su estrategia. Le solicitan que modifique su enfoque, impulse la obra pública, ajuste el tipo de cambio y actúe para revivir la economía, con el fin de evitar que la recesión se convierta en depresión, una realidad que ya está afectando a varios sectores.
“El aumento del riesgo político, que el Gobierno identifica como fuente central del nerviosismo del mercado, está directamente vinculado a la incapacidad del modelo para compatibilizar la estabilidad monetaria y financiera con la mejora en las condiciones de vida de la población”, afirmaron desde un informe de una entidad especializada.
Las opciones que se presentan dentro de este modelo económico se contrapone entre mantener a toda costa la estabilidad cambiaria para evitar una mayor inflación y preservar el activo político ligado a la estabilidad, a expensas de una economía real que se desangra, o bien detener esta hemorragia, priorizando una eventual suspensión de la estabilidad cambiaria y el control de la inflación.
En un giro desafiante, Caputo publicó en plataformas digitales que la industria y la construcción muestran signos de recuperación, a pesar de que los indicadores de septiembre sugieren un panorama desolador. Las ventas de materiales de construcción disminuyeron un 0,6% en agosto, y experimentaron una caída del 2,9% respecto al año anterior, concluyendo con una contracción del 1,4% en lo que va del año.
En el ámbito industrial, la reciente comunicación de Stellantis sobre el posible cierre de una o dos de sus fábricas en el país, afectando a 5,000 empleados, debería haber causado preocupación en el ministerio; sin embargo, ni Caputo ni el gobierno parecen tomar nota. Stellantis, productor de vehículos Fiat y Peugeot, ya cesó la fabricación de modelos Citroën a inicios de este año, trasladando su producción a Brasil.
La creciente cantidad de sectores en crisis ha acorralado a Caputo, aún cuando él y el Presidente continúan actuando como si nada estuviera ocurriendo.
Recientemente se indicó que el promedio de cierres de empresas se mantiene en 30 al día, evidenciado por las 948 compañías que dejaron de operar en julio. Desde el inicio de la gestión actual, ya se contabilizan 32,290 empresas que han cerrado. En julio, se registraron 3,485 puestos de trabajo perdidos, y un total de 437,611 desde diciembre de 2023, según datos oficiales.
Las cifras del Indec muestran caídas de dos dígitos en la producción de sectores económicos críticos en comparación con el año anterior. Entre ellos se encuentran:
– Equipos y aparatos de informática, TV y comunicaciones, y componentes electrónicos: -39,5 por ciento. – Maquinaria agropecuaria: -31,2 por ciento. – Electrodomésticos: -27,8 por ciento. – Calzado y sus componentes: -24,8 por ciento. – Maquinaria y equipos: -20,9 por ciento. – Textiles: -20,8 por ciento. – Equipos de transporte: -19,3 por ciento. – Vehículos automotores: -15,4 por ciento. – Fundición de metales: -14,8 por ciento. – Prendas de vestir: -14,4 por ciento. – Asfalto: -10,4 por ciento. – Productos de arcilla y cerámica: -10,2 por ciento.
Asimismo, otros sectores también viven caídas de dos dígitos, como lo indican los datos:
– Gastronomía: -30 por ciento. – Gasto real del turista en destino: -25,4 por ciento. – Ventas de farmacias: -24,9 por ciento. – Ventas de muebles: -19 por ciento. – Ocupación hotelera: -18 por ciento. – Ventas de supermercados: -15,8 por ciento. – Ventas de bebidas alcohólicas: -15,7 por ciento. – Ventas de perfumerías: -14,5 por ciento. – Ventas de tabaco: -14 por ciento. – Ventas en shoppings: -12,3 por ciento.
La prometida recuperación en forma de V por parte de Milei, tras la fuerte contracción económica inicial de su gobierno, no se ha materializado en los sectores mencionados, entre otros, lo que ha llevado a Caputo a sumergirse en una crisis económica de dos dígitos. Ante este colapso afectando a tantas familias, el riesgo político para el oficialismo reside en su estrategia económica. ¿Estará Milei dispuesto a realizar cambios significativos?










