Firmado en Ciudad de México, el convenio actualiza un tratado que había estado vigente desde el año 2000. Establece un cronograma de eliminación de aranceles que, en algunos casos, se extenderá entre siete y diez años. La magnitud del acuerdo es considerable: México se posiciona como el segundo mayor importador de productos agroalimentarios europeos en América Latina, realizando compras que superan los 2.700 millones de euros al año, según datos de la Comisión Europea.
Argentina podría ver un impacto significativo debido a la mayor competencia comercial en el mercado. La apertura preferencial para los productos europeos podría desviar los mercados en rubros donde las empresas argentinas han tenido una presencia activa en México, incluyendo carnes, lácteos, aceites, preparados alimenticios y ciertos productos agroindustriales.
La introducción de productos europeos con arancel cero puede alterar el panorama de precios y ejercer presión sobre los márgenes en toda la región, afectando a proveedores latinoamericanos que actualmente abastecen estos segmentos desde países como Argentina, Brasil o Chile.
En las principales modificaciones del acuerdo, México eliminará aranceles para productos como la pasta, el chocolate, los huevos y productos avícolas, algunos de los cuales enfrentaban gravámenes de hasta el 100%. Del lado de Europa, también se facilitará la entrada de miles de toneladas de carne porcina, quesos y preparados lácteos, que actualmente enfrentan aranceles de hasta el 45%.
Aunque Argentina no compite directamente en todos estos segmentos, sí exporta carne hacia México. El nuevo escenario podría influir en los precios internacionales y reorientar a los proveedores dentro de América Latina. El impacto sería especialmente notable en cadenas de suministros vinculadas a alimentos procesados, aceites y productos con valor agregado, donde México representa un mercado importante y una plataforma logística clave en la región.
El acuerdo también incorpora mecanismos para agilizar el acceso de exportadores europeos a las aprobaciones sanitarias, lo cual podría otorgar una ventaja adicional a los productos europeos frente a sus competidores latinoamericanos.
En un marco de consumo interno en declive, las exportaciones de carne bovina están manteniendo una dinámica más robusta, consolidándose como uno de los principales motores de la industria ganadera en 2026. Según datos de Indec, entre enero y marzo, las ventas externas crecieron un 17,1% interanual, alcanzando 199.658 toneladas res con hueso.
Este fenómeno ocurre en un contexto de menor disponibilidad de hacienda y caída en la producción local. En abril, la faena se redujo a 960.900 cabezas, marcando una caída del 15,3% respecto al mismo mes de 2025, mientras que la producción de carne bovina mostró una disminución del 13% interanual, de acuerdo con el Consorcio ABC.
A pesar de la menor oferta, los ingresos por exportaciones continuaron creciendo, impulsados por el aumento en los precios internacionales. En abril, las exportaciones de carne refrigerada y congelada generaron 321 millones de dólares, un 19,7% más en comparación con el mismo período del año anterior, aunque el volumen exportado disminuyó en un 13%.
El precio promedio de exportación alcanzó los 6.968 dólares por tonelada, el valor más alto en los últimos cuatro años. En total, durante el primer cuatrimestre, las ventas externas alcanzaron 1.399 millones de dólares, con un incremento del 44,5% en comparación con el mismo periodo de 2025.
China se mantuvo como el principal destino de la carne argentina, representando el 57,4% del volumen exportado en abril. Le siguen Estados Unidos y Europa, donde también se han registrado precios elevados. En el caso de la carne congelada, Estados Unidos pagó más de 7.500 dólares por tonelada, mientras que Europa registró precios superiores a 16.500 dólares por tonelada para carne enfriada.









