Este hielo se forma exclusivamente durante la temporada fría y es un indicador crítico de la dinámica del hielo terrestre y del océano. El doctor Diego Winocur, investigador de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto de Estudios Andinos, comentó que el hielo continental crece y se extiende hacia el mar durante el invierno, pero en los últimos cinco años este volumen ha estado entre los más bajos registrados.
“Debemos considerar que existe un gran volumen de hielo que se derrite, convirtiéndose en agua que se suma al mar, lo que podría contribuir al aumento del nivel del mar y afectar a las zonas costeras más próximas”, advirtió Winocur sobre un horizonte cercano. Aunque no se considera un desastre inminente, el hielo marino es un síntoma de procesos que podrían intensificarse con el tiempo.
La preocupación por la reducción del hielo marino radica en sus efectos indirectos: al haber menos hielo, el océano austral puede absorber más calor y las plataformas de hielo quedarían más expuestas a las olas y fenómenos oceánicos extremos. Estas plataformas actúan como barreras que ralentizan el avance de los glaciares hacia el mar.
Desde 1979, los satélites han estado monitoreando el hielo marino antártico. Este año, los datos indicaron que la extensión alcanzó su punto máximo el 14 de septiembre, con 17,59 millones de kilómetros cuadrados, lo que representa aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados menos que el promedio máximo. Este pico se suele registrar durante el invierno antártico, y desde septiembre, el hielo comienza a derretirse naturalmente con el aumento de las temperaturas.
Sin embargo, en los últimos años, se han registrado cifras mínimas en la extensión del hielo marino, tanto en invierno como en verano, lo que intensifica la preocupación por el impacto del calentamiento global. Actualmente, los cuatro inviernos con menor extensión máxima de hielo marino antártico corresponden a los años más recientes.
Para el glaciólogo Lucas Ruiz, los datos del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo ya no constituyen una excepción, sino una tendencia general. Desde 2017 se observan anomalías significativas en el volumen de hielo marino antártico, y se ha constatado que durante los inviernos se registra menos congelamiento. Desde 2021, no ha habido expansiones superiores a la media histórica.
En junio, la península antártica experimentó una ola de calor con temperaturas 20°C por encima de lo habitual, mientras que los científicos señalaron la existencia de una amplia zona de océano abierto del tamaño de Francia donde debería haber hielo. Según los datos de Copernicus, la temperatura de la superficie oceánica ha aumentado, en promedio, 0,12°C por década entre 1982 y 2025, mientras que en el Ártico el incremento ha sido más marcado, alcanzando cerca de 1°C por década. Winocur añadió que, en este año particular, el fenómeno del Súper Niño suma varios grados adicionales a ese contexto.
Este fenómeno climático podría haber influido a través de cambios en los vientos y en las trayectorias de las tormentas, aunque los científicos advierten que no es suficiente para explicar la totalidad de la situación actual.
A principios de agosto, cuando el hielo marino debería estar expandiéndose continuamente, una extensa área del mar de Amundsen, al sur del Pacífico, perdió hielo. Estos episodios se han vuelto más intensos y frecuentes. Sin la influencia de El Niño, las temperaturas del agua también emergen como un factor clave.
Los efectos de estas diversas variables son variados. Actualmente, el océano es aproximadamente un 17% más ácido que en 1985, y se ha observado pérdida de fauna y de hielo marino. Además, el océano absorbe alrededor de un tercio de las emisiones de carbono y cerca del 90% del exceso de calor generado por la actividad humana. Esto no implica que ciudades como Buenos Aires o Mar del Plata enfrentarán una devastadora ola que las arrase en el corto plazo. Sin embargo, sí existen datos concretos sobre el aumento del nivel del mar.
El año pasado, por ejemplo, ciudades como Venecia vivieron inundaciones más severas de lo habitual, mientras que la erosión costera en sectores del Pacífico colombiano y mexicano sigue intensificándose. Winocur argumenta que la posibilidad de un derretimiento acelerado del continente blanco es motivo de debate científico activo. Aunque la desaparición completa de la Antártida se considera una hipótesis extremadamente remota, con proyecciones indicando que de ocurrir, el nivel del mar se elevaría más de 50 metros, el tema suscita serias inquietudes sobre su futuro.









