El economista detalló que las primeras investigaciones indicaban que el copiloto del vuelo podría haber intentado perpetrar un atentado, aunque aún no se determinaba con claridad cuál era su objetivo. Las hipótesis incluyen un intento de estrellar la aeronave, que transportaba alrededor de 200 pasajeros —más de 100 de ellos israelíes—, o secuestrarla para llevarla a otro país. En la actualidad, el copiloto se encuentra detenido en Arabia Saudita y está siendo interrogado por las autoridades pertinentes.
Klor resaltó que, a pesar de la gravedad del suceso, no se registraron muertes y todos los pasajeros resultaron ilesos. Además, mencionó que los viajantes israelíes ya fueron repatriados desde Arabia Saudita hacia Israel.
La importancia de este episodio radica en que los vuelos de Flydubai son muy utilizados por los israelíes. Esta aerolínea conecta Israel con los Emiratos Árabes Unidos, y muchos pasajeros utilizan esas rutas para continuar hacia otros destinos en Asia. Se estima que más de 1000 israelíes abordan estos vuelos mensualmente, y la cifra se incrementa considerablemente si se considera a quienes utilizan esas trayectorias.
Esta dependencia de las rutas aéreas aumentó tras la suspensión de los vuelos de las aerolíneas israelíes hacia los Emiratos, a raíz de la segunda guerra con Irán. Desde entonces, quienes desean viajar a ese país o continuar hacia Asia a menudo optan por compañías de los Emiratos.
Otro aspecto que se investiga es la nacionalidad del copiloto, originario de Omán. Klor apuntó que los acuerdos de seguridad de Israel establecen que las tripulaciones que operan vuelos hacia el país deben ser de naciones con las que mantiene relaciones diplomáticas, algo que no se aplica en este caso.
El episodio también ha generado cuestiones sobre el futuro de las rutas aéreas utilizadas. El economista opinó que es prematuro determinar si los israelíes dejarán de optar por estas aerolíneas, pero mencionó que se ha comenzado a sentir presión desde las compañías israelíes para retomar las conexiones hacia los Emiratos que fueron interrumpidas por motivos de seguridad.
Acerca de la percepción pública, aclaró que hay una mezcla de alivio y ansiedad: hay gratitud por la seguridad de los pasajeros, pero también preocupación por la vulnerabilidad en una ruta frecuentada por ciudadanos israelíes.
Klor también reflexionó sobre el impacto económico de la coyuntura actual en Israel, destacando el significativo aumento del gasto en defensa. Este gasto, que antes representaba aproximadamente el 4% del PBI, se ha incrementado a cerca del 12%. Aunque consideró esencial este nivel de inversión para garantizar la seguridad, advirtió que resulta difícil mantenerlo a largo plazo desde una perspectiva económica.
Este aumento en el gasto conlleva ajustes en otras áreas del presupuesto. Klor explicó que una mayor asignación a la defensa implica que haya menos recursos disponibles para sectores sociales, infraestructura y otros componentes clave del desarrollo económico. Por ello, sugirió que Israel necesitará hallar un nuevo equilibrio entre estos tipos de gastos.
El economista recordó una de las más significativas reformas implementadas durante el plan de estabilización de Israel en 1985: la independencia del Banco Central. Este principio evita que el Gobierno acceda a la emisión monetaria directa para financiar el gasto, lo que obliga a recurrir aunciaciones como el incremento de impuestos o la reducción de otras asignaciones.
Sin embargo, Klor resaltó que en el contexto actual, aumentar impuestos es complicado, ya que Israel se encuentra en año electoral. Comentó que a solo 29 días de las elecciones, el Gobierno no planea aumentar la presión tributaria antes de los comicios.
El economista anticipó que el país enfrentará la necesidad de ajustes en el futuro. Durante los tres años de conflicto, el déficit presupuestario ha rondado el 5% anual y la deuda ha crecido del 60% al 70% del PBI. Si bien este nivel de deuda no es alarmante en términos absolutos, le preocupa la tendencia ascendente.
En este sentido, sugirió que Israel debe debatir si aumentará los impuestos, reducirá el gasto en defensa o adoptará una combinación de ambas estrategias.
Klor comparó la situación israelí con la argentina en términos de estabilización económica, recordando que Israel implementó su programa en julio de 1985, mientras que Argentina intentó el Plan Austral en un momento posterior. Para él, el éxito de Israel se debió al amplio consenso político y social que respaldó el programa, que tuvo lugar bajo un gobierno de unidad nacional.
Subrayó que, a pesar de que los primeros años resultaron difíciles, con inflación alta y salarios congelados, la economía comenzó a crecer nuevamente hacia fines de los años 80, lo que consolidó la estabilidad.
Klor también destacó la relevancia de la independencia del Banco Central y las reglas fiscales en el mantenimiento de la estabilidad económica, apuntando que si el Gobierno no logra aprobar un presupuesto antes de finales de marzo, deberá convocar nuevas elecciones, además de los límites para el déficit permitido.
En cuanto al costo de vida, lo situó entre los más altos de los países de la OCDE, indicando que esto es producto de su situación geográfica y el hecho de que Israel opera casi como una isla comercialmente. Su intercambio se realiza mayormente con Europa y Estados Unidos, lo cual implica altos costos logísticos para la llegada de productos.
Además, reflejó que la existencia de un mercado pequeño con empresas monopolísticas complica la implementación de regulaciones favorables al comercio y la apertura de importaciones. Consideró que, en los últimos 15 años, los diferentes gobiernos no han hecho lo suficiente para abordar esta cuestión.
De cara al futuro, Klor confía en que las reformas significativas en la economía israelí emerjan después de la crisis actual. Subrayó que uno de los pasos prioritarios debe ser abrir más la economía y fomentar las importaciones, con el fin de incrementar la competencia y, de esta manera, reducir los precios que enfrentan los consumidores israelíes.









