La comunicación fue redactada pocas semanas después de la llegada de la corbeta de guerra británica Clio a Puerto Soledad, y se basa en un informe elaborado por José María Pinedo, comandante de la goleta argentina Sarandí. Desde el inicio, Buenos Aires deja clara su postura en relación a lo sucedido, expresando su “disgusto” al enterarse de la acción británica, la cual es calificada como un hecho de “violencia y abuso de la fuerza en las Malvinas”. Esta situación se considera como un ataque realizado “en deshonor del Pabellón Argentino” y en perjuicio de “la integridad del territorio de la República”.
La carta también resalta que el episodio resulta de particular gravedad debido a las relaciones amistosas que Argentina mantenía con el Reino Unido, que en el documento se menciona como una “nación amiga”. Se indica que a pesar de esta amistad, la acción invasora ocurrió. En el texto se detalla que el 2 de enero de 1833, la corbeta Clio, bajo el mando de Mr. Onslow, se presentó frente al establecimiento argentino. En aquel momento, la situación en las islas estaba alterada por la insubordinación de parte de la guarnición y la ausencia del jefe del lugar.
El comandante Onslow se trasladó a bordo de la Sarandí y comunicó al comandante Pinedo que había llegado para tomar posesión de las islas. En este sentido, le instruyó que debía arriar el pabellón argentino y que los soldados, oficiales y habitantes allí presentes debían ser trasladados. La exigencia tomó por sorpresa al comandante Pinedo, quien describió esa sorpresa como “tan natural como inesperada la agresión”.
Pinedo respondió que no podía aceptar la orden británica sin recibir instrucciones de su gobierno. En este sentido, la carta señala que realizó los “protestos correspondientes al caso” y manifestó que su deber no le permitía consentir en aquella acción. Durante las horas posteriores, el comandante de la Sarandí insistió en sus reclamos. Inclusive, envió una comisión para reiterar a Onslow que, si la operación se llevaba a cabo por la fuerza, se vería obligado a resistir.
La situación alcanzó un nuevo nivel de tensión el 3 de enero en la mañana, cuando Pinedo regresó personalmente a bordo de la Clio para protestar nuevamente contra la ocupación. Según se detalla en el documento, el argentino hizo responsable a Gran Bretaña por “el insulto y la violación de los respetos debidos a la República y a sus derechos”. Poco después, dio inicio al desembarco británico. En el relato de la carta se indica que tres botes de la Clio desembarcaron personal en Puerto Soledad, donde se izó el pabellón británico y se arrió el argentino, que posteriormente fue llevado a bordo de la Sarandí.
Antes de abandonar las islas, Pinedo dejó instrucciones para que el pabellón argentino no fuera arriado por decisión de quienes quedaran en el establecimiento. Finalmente, la Sarandí emprendió el regreso el 5 de enero. El gobierno de Buenos Aires presentó ante Tucumán los hechos como una agresión que iba más allá del episodio ocurrido en Puerto Soledad. En la parte final de la carta se califica lo sucedido como “el agravio más chocante de la fuerza” y se sostiene que el episodio desmiente las muestras de amistad que hasta entonces había recibido de Gran Bretaña.
La carta también deja claro que Buenos Aires tenía la intención de continuar con sus reclamos diplomáticos. El objetivo era obtener del gobierno británico “una digna reparación”, así como el reconocimiento del derecho argentino sobre las Malvinas y del dominio sobre ese territorio. Para las autoridades de Buenos Aires, la defensa de esos derechos debía sustentarse sin apartarse de lo que consideraban justo y prudente. En este sentido, el oficio afirma que el gobierno estaba dispuesto a “sostener los derechos de la República Argentina” y a promover las acciones que considerase necesarias para defenderlos.
El oficio oficial de Buenos Aires dirigido a la Provincia de Tucumán sobre los sucesos de las Islas Malvinas (26 de enero de 1833) comienza con un saludo protocolar: “Buenos Aires, enero 26 de 1833, Año 24 de la Libertad y 18 de la Independencia. Al Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Tucumán”. En esta introducción se destaca el disgusto del gobierno de Buenos Aires por la noticia de la violencia y abuso de la fuerza perpetrada por un buque de guerra británico, en deshonor del pabellón argentino, en ofensa a la integridad del territorio de la República y con agravio a sus derechos, a su justicia y a la fe debida a las relaciones de amistad y buena inteligencia con el Gabinete de San James.
Se menciona que en las primeras semanas de enero de 1833, la goleta de guerra Sarandí, luego de regresar del Puerto de San Luis de la Soledad en las Malvinas, reportó que el 2 de enero había aparecido la corbeta Clio. En circunstancias marcadas por la insubordinación de la guarnición y la ausencia del jefe del establecimiento, el comandante Onslow expresó ante Pinedo que había llegado con la intención de tomar posesión de las Islas. Onslow impuso la urgencia de arriar el pabellón argentino en un plazo de 24 horas y de trasladar a la tropa, oficiales y habitantes al buque.
La respuesta del comandante Pinedo fue rechazar la exigencia, dado que consideraba que su deber no le permitía consentir a tal injusticia sin instrucciones de su gobierno. “La sorpresa del comandante Pinedo en aquel acto fue tan natural como inesperada la agresión”, se destaca en el oficio, al considerar improcedente que un ataque proceda de una nación que se presenta como amiga.
A pesar de que el comandante Pinedo presentó sus protestas al comandante Onslow, el desenlace no fue favorable. El 3 de enero, a primera hora de la mañana, Pinedo regresó a la Clio para protestar nuevamente. Onslow, sin embargo, reiteró su determinación de seguir adelante con sus órdenes. Consecuentemente, a las 9 de la mañana, el ejército británico desembarcó en Puerto Soledad, izando el pabellón británico y arriando el argentino.
Antes de su partida, Pinedo tomó medidas para evitar que el pabellón argentino fuera arriado por quienes permanecieran en el establecimiento. El 5 de enero, la Sarandí regresó a Buenos Aires.
Desde la perspectiva del gobierno de Buenos Aires, lo acontecido en las Malvinas representaba una agresión que trascendía el singular episodio de Puerto Soledad. En el cierre de la carta, se expone que lo sucedido era “el agravio más chocante de la fuerza”, alegando que el hecho desmentía las muestras de amistad recibidas de Gran Bretaña hasta ese momento.
La carta concluye haciendo hincapié en que Buenos Aires continuaría sus reclamos diplomáticos con la intención de conseguir “una digna reparación” y el reconocimiento de su derecho sobre el territorio de las Malvinas. Se subraya que la defensa de estos derechos debía realizarse sin detrimento de lo que el gobierno considerara justo y prudente, enfatizando que estaban dispuestos a promover las acciones necesarias para sostener sus derechos.
Finalmente, el oficio cierra con un protocolo de despedida que reitera la intención de continuar en la defensa de los derechos de la República Argentina con firmeza, asegurando que se actuaría de acuerdo a la justicia y la prudencia necesarias para poder obtener del gobierno británico una reparación digna y el reconocimiento de su dominio sobre las Malvinas.









