El indicador elaborado por Analytica anticipa el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que publica el organismo estadístico nacional. En julio, la actividad retrocedió un 1,1 por ciento en comparación con junio y se situó un 0,7 por ciento por encima del mismo mes de 2025. Sin embargo, el dato interanual oculta una preocupación mayor: julio se habría convertido en el mes con el nivel más bajo de actividad en todo 2026, incluso por debajo de febrero, en un escenario de comparación muy limitado.
Este análisis revela una economía que avanza de forma desigual, con alternancias de grandes subidas y caídas. La mayoría de los indicadores evaluados por Analytica culminaron julio en terreno negativo, siendo los sectores que generan mayor empleo y que pueden impulsar a otras ramas productivas los más afectados.
Entre los principales factores que contribuyeron a este retroceso se encuentra el sector automotriz. En julio, la producción de vehículos disminuyó un 13,8 por ciento respecto de junio, mientras que las ventas a concesionarios se contrajeron en un 6,8 por ciento. Esta vez, se vio afectada tanto la oferta como la demanda mayorista.
El sector automotriz enfrenta una combinación desfavorable de factores: mayor competencia de vehículos importados, pérdida del poder adquisitivo y una demanda interna que aún no logra consolidarse. La apertura comercial añade presión sobre un sector que ha sido crucial para la generación de empleo industrial y la conexión con proveedores locales.
La construcción también experimentó un declive, con una caída en el consumo de cemento del 6,2 por ciento mensual y una disminución del 0,8 por ciento en el Índice Construya. La coincidencia de ambos indicadores es relevante ya que hasta ese momento habían mostrado comportamientos divergentes. El sector también se ve afectado por la paralización de la obra pública y la falta de demanda suficiente en la construcción privada, además de los altos costos en dólares y un crédito hipotecario que todavía no es suficiente para propiciar un cambio significativo.
La industria siderúrgica exhibe un panorama heterogéneo. Mientras la producción de hierro aumentó un 19,5 por ciento mensual y el acero crudo incrementó un 3,1 por ciento, otros segmentos reflejan caídas drásticas, como la producción de acero plano que disminuyó un 15 por ciento, y la de acero laminado en frío que se desplomó un 26,3 por ciento.
Este panorama se alinea con los desafíos que enfrenta buena parte de la industria nacional. La recuperación no se reparte equitativamente entre los distintos sectores, y aquellos más conectados con el mercado interno continúan lidiando con dificultades para restablecer su producción y utilizar su capacidad instalada.
La inversión sigue siendo otro aspecto crítico, permaneciendo en niveles bajos. El último dato del Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM), elaborado por una consultora, mostró en junio una caída interanual del 6,2 por ciento, acumulando una baja del 7,6 por ciento en el primer semestre, marcando así la octava caída interanual consecutiva.
Este dato resulta especialmente importante, dado que la inversión debería ser el motor que amplíe la capacidad productiva y sostenga el crecimiento más allá de variaciones momentáneas. Sin embargo, el reporte la ubicó entre los registros más bajos desde octubre de 2024, sin que se vislumbren señales claras de una recuperación sostenida.
En este contexto, las expectativas de crecimiento también se han deteriorado a lo largo del año. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaba en diciembre de 2025 un crecimiento del PBI del 3,5 por ciento para 2026, pero esta estimación se redujo a 2,7 por ciento en julio, lo que representa una disminución de 0,8 puntos porcentuales. Este ajuste refleja el enfriamiento de una economía que, lejos de consolidar la recuperación anticipada a principios de año, enfrenta señales de estancamiento en el consumo, el crédito y la actividad industrial.









