La oposición también sintió el efecto de esta derrota, provocada por el cambio de actitud de sectores significativos de la sociedad, que se manifestaron en plazas y calles en todo el país contra la extranjerización de las tierras. Este fenómeno fue complementado por la acumulación de descontento desde grandes movilizaciones de los últimos meses: cientos de miles se movilizaron el 24 de marzo, así como en manifestaciones feministas y en las protestas laborales del 1° de mayo, con la participación activa de científicos, docentes y diversas resistencias a lo largo del territorio. Un aspecto clave ha sido la convocatoria de obispos católicos en varias ocasiones, instando a la gente a no rendirse y criticando a una clase dirigente que a menudo parece ignorar los problemas reales.
Así se dio lugar al esperado encuentro entre los líderes del peronismo, con la intención de recuperar el tiempo perdido, un desafío que siempre ha sido complicado, dado que unir las representaciones populares es un proceso arduo. Ahora es momento de acompañar y fortalecer la organización de las luchas que surgirán en los próximos meses. Hay espacio para planificar el triunfo del 2027. Esta unidad necesaria se irá forjando impulsada por el urgente clamor del pueblo, que enfrenta angustias económicas, sociales y culturales. La principal fuerza del peronismo deberá articularse con otras expresiones que aspiren a conformar un bloque político-social, expresando sus propuestas en un programa que responda a las actuales demandas y expectativas de las mayorías. Solo así podrá surgir una nueva esperanza para salir del contexto adverso de pobreza y desocupación que se ha profundizado en el país.
En un discurso reciente, el embajador Lamelas se dirigió al Summit de Amcham, invocando el antiguo mantra de la “seguridad nacional” y advirtiendo que la compra de tecnología china podría resultar en la pérdida de inversiones estadounidenses en Vaca Muerta. Tanto Lamelas, como representante del monroísmo moderno en favor de las corporaciones norteamericanas, como la directora del FMI, quien realizó una visita estratégica a Vaca Muerta, insisten en que estos yacimientos deben permanecer bajo su influencia económica y política en medio de la disputa internacional actual. En definitiva, su postura refleja un claro mensaje: Vaca Muerta debe ser para ellos.
A medida que se inicia el periodo electoral en un contexto de quiebre del consenso hacia el modelo actual, el sistema político sigue deteriorándose. El poder ejecutivo ignora los fallos judiciales, incluso los de la Corte Suprema, en cuestiones que afectan a la educación pública y la ciencia, mientras prosigue con la persecución de figuras como Cristina Kirchner. El presidente, en su visita a Brasil, realizó comentarios despectivos hacia su par, alineándose con figuras como Trump y Bolsonaro. ¿No les parece a los defensores de la democracia que esta se encuentra en un estado crítico, al igual que la separación de poderes? ¿Acaso no les preocupa la pérdida de legitimidad ante la ciudadanía y la imagen degradada del país en el exterior? ¿Solo les interesa beneficiarse de privatizaciones a bajo costo y de continuar con la eliminación de derechos sociales y leyes que sustentan la justicia económica y social? ¿Los ciega tanto su ideología neothatcheriana-trumpista que no advertirán el abismo social que enfrenta nuestra nación? ¿De verdad creen que un modelo como el peruano, con una pobreza del 80% y un ciclo de inestabilidad política, puede ser nuestro futuro?
Se avecinan tiempos políticos significativos donde la disputa cultural jugará un papel fundamental. Será necesario crear respuestas concretas que conecten con el sentido común de las mayorías, ofreciendo ideas y propuestas que aborden las contradicciones políticas necesarias. La misión es clara: apelar a las aspiraciones colectivas del pueblo en busca de mayor igualdad y justicia social.









