Pese a que la presidenta del Senado, Victoria Villarruel, había dado luz verde a las solicitudes, el desenlace final dependía del acuerdo entre los legisladores presentes en el recinto. En ese contexto, Bullrich tomó la palabra para plantear su estrategia. “Quiero mocionar que, de acuerdo al artículo 227 del Reglamento, y a partir del debate que se hizo público en torno a las licencias, el voto no presencial y los proyectos parlamentarios necesarios para habilitar este tema se discutan en la Comisión de Asuntos Institucionales”, señaló.
La moción fue sometida a votación y aprobada por amplia mayoría, incluyendo el apoyo del bloque peronista.
Con la decisión del oficialismo de eliminar el capítulo relacionado con la venta de tierras rurales a capitales extranjeros —tema que había suscitado fuertes críticas—, el Senado prosigió el debate sobre el resto del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Esta modificación se produjo tras una serie de rechazos que se manifestaron el martes, los cuales trascendieron el ámbito político e incluyeron opiniones negativas de figuras del ámbito cultural y deportivo.
Mientras Bullrich ofrecía una conferencia para comunicar cambios en la legislación sobre tierras extranjeras —modificando la propuesta de liberalización completa a un incremento del límite del 15% al 25%—, varios legisladores que se presumía que apoyaban la iniciativa comenzaron a expresar dudas, y negaron haber comprometido su apoyo previo. Ante el panorama desfavorable para la aprobación, el Gobierno debió retroceder en su propuesta más controvertida.
A pesar de estas modificaciones, militantes de diversas organizaciones sociales y partidos opositores continuaron con sus convocatorias a manifestarse en contra del proyecto oficialista, lo que generó un clima tenso alrededor del Congreso.
El presidente del bloque kirchnerista, José Mayans, intentó en los últimos momentos frenar la sesión, proponiendo que el proyecto regresara a comisiones bajo el argumento de que el dictamen final se había compartido ese mismo día, lo que dificultaba un análisis adecuado. La moción fue votada y obtuvo 31 apoyos frente a 38 rechazos, por lo que fue desestimada y la sesión siguió su curso habitual.
Dentro de la Casa Rosada, se iniciaron evaluaciones sobre la derrota legislativa sufrida, que llevó a la necesidad de eliminar del proyecto el controversial capítulo sobre la venta de tierras a extranjeros. La oposición logró hacer valer su postura en la esfera pública, lo que obligó a varios gobernadores que inicialmente habían respaldado el proyecto a reconsiderar su apoyo, temiendo las repercusiones políticas de su aprobación.
Al final de la reunión de su Mesa Política, los operadores del oficialismo ya manifestaban en privado la complejidad de conseguir la mitad de los votos en la cámara. Apuntaban a que la situación era “complicada”, aunque su convencimiento de poder revertir las decisiones persistía. “La negociación se cayó como un castillo de naipes. Se salió uno y se cayeron todos”, analizó un operador clave del oficialismo.
La narrativa de la derrota permanecerá marcada por la pérdida de un artículo que el oficialismo consideraba central, aunque el elemento más relevante ha sido cómo se produjo la votación. Muchos de los gobernadores que optaron por el silencio y otros que se opusieron al capítulo de la venta eran, en esencia, favorables al proyecto.
¿Este episodio marca un cambio en las votaciones futuras? Desde el Gobierno, sostienen que fue un caso aislado, atribuido a errores políticos de diversas mantas dentro del oficialismo, aunque reconocen que “si se produce otro episodio de este estilo, comenzaremos a preocuparnos”.









