La Confederación General del Trabajo (CGT), en una demostración de unidad con las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA) y diversas organizaciones sociales, ha definido los lineamientos estratégicos para una nueva etapa de confrontación sindical durante el segundo semestre. La mesa ejecutiva de la central obrera, reunida en la histórica sede de la calle Azopardo, acordó la convocatoria a una movilización masiva hacia el Congreso de la Nación, marcando el inicio de un plan de acción directa frente a lo que consideran un endurecimiento inaceptable de las políticas económicas del oficialismo.
El eje convocante de la protesta será la defensa de la movilidad jubilatoria, un punto que la dirigencia gremial califica como una “línea roja” que el Ejecutivo ha cruzado al implementar recortes en las prestaciones. La tensión se ha visto agravada por la reciente resolución oficial sobre la cobertura de medicamentos del PAMI, una medida que, según los informes gremiales, restringe el acceso de los adultos mayores a tratamientos esenciales, generando una profunda preocupación en los sindicatos del sector salud y la seguridad social.
Más allá del reclamo previsional, la CGT ha puesto bajo la lupa la estrategia del Ministerio de Economía en el ámbito de las negociaciones paritarias. La central obrera denuncia la existencia de “techos administrativos” impuestos de manera informal pero efectiva por la cartera de Hacienda, que limitarían la capacidad de los gremios para negociar aumentos salariales que realmente acompañen la dinámica inflacionaria. “No vamos a permitir que la pérdida de poder adquisitivo se transforme en la variable de ajuste de una macroeconomía que desatiende las necesidades del trabajador”, expresaron fuentes cercanas a la conducción sindical tras el encuentro.
El despliegue territorial que prepara la CGT no se limitará a la Capital Federal; el plan de lucha contempla una agenda de asambleas y paros sectoriales que buscan visibilizar el descontento en los polos industriales y de servicios. La cúpula gremial busca, a través de esta medida de fuerza, recomponer el liderazgo en la calle, que ha sido interpelado por sectores de la izquierda y movimientos piqueteros en los últimos meses. La movilización al Parlamento se perfila como un intento de presionar a los bloques legislativos dialoguistas para que frenen cualquier iniciativa de desregulación adicional que pueda impactar negativamente sobre los convenios colectivos de trabajo.
Mientras la fecha de la movilización permanece bajo reserva estratégica para maximizar el impacto político, en la Casa Rosada observan con atención la recomposición de alianzas en el sindicalismo tradicional. El Gobierno, por su parte, mantiene su postura de no ceder ante medidas de fuerza que consideren “extorsivas”, insistiendo en que el ordenamiento de las cuentas públicas es la única vía para terminar con el ciclo de alta inflación. La confrontación está servida, y el Congreso se prepara para ser, una vez más, el escenario de un choque de visiones contrapuestas sobre el modelo de desarrollo para el país en lo que resta del año.








