La mayoría de las pequeñas y medianas empresas que dependen del gas para sus procesos productivos tienen contratos de abastecimiento con distribuidoras que tienen la obligación de priorizar el suministro a los hogares. En momentos de alta demanda, estas distribuidoras deben optar por abastecer a los usuarios residenciales, limitando así el suministro a las industrias.
Por otro lado, las grandes industrias, como la siderurgia, cuentan con conexiones directas a los grandes transportadores de gas y, por ende, no enfrentan dificultades en su suministro. El principal riesgo recae en las pymes, que dependen de la misma infraestructura que los hogares.
Se estima que el consumo industrial de gas asciende a aproximadamente 35 millones de metros cúbicos diarios, de un total nacional de unos 120 millones. La provisión de gas incluye tanto la producción local de Vaca Muerta como las importaciones a través de buques. Desde el comienzo del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, el precio del gas natural licuado (GNL) destinado a la industria ha aumentado, pasando de alrededor de 4 dólares por millón de BTU a 24 dólares. La falta de intervención del Gobierno nacional como administrador de recursos complica la situación de las pymes, que deben decidir entre enfrentar precios internacionales prohibitivos o detener su producción.
Fuentes del sector han señalado que las distribuidoras advierten a sus clientes pymes sobre la necesidad de reducir su consumo o incluso llevarlo a cero durante esta ola de frío, lo que podría intensificar la caída en la actividad manufacturera.
La oferta de gas varía notablemente en el país: en el sur, los precios rondan los 4 o 5 dólares por millón de BTU, gracias al suministro de Vaca Muerta, mientras que hacia el norte, los costos aumentan debido a mayores gastos de transporte. Como resultado, muchas empresas deben recurrir al GNL.
Dentro de la industria se menciona que la Secretaría de Energía contempla una solución que implicaría que las pymes paguen el precio del gas en el mercado, sin la intervención estatal para evitar cortes en el suministro.
En principio, la cuestión no radica en una escasez de oferta, sino en el elevado coste del gas industrial y en un complicado entramado de redes. Se requieren inversiones significativas, especialmente en infraestructura de distribución, para evitar un freno en la producción.
El dilema entre el frío y el suministro de gas no es inédito; en 2005, la Argentina atravesó una crisis similar. En esa ocasión, se suspendieron las exportaciones a Chile, se cortó el suministro a industrias y se priorizó el servicio para los hogares. Además, se registraron problemas en el suministro eléctrico y un aumento en las importaciones de fuel oil para las centrales eléctricas.
El ex secretario de Energía Emilio Apud destacó que la problemática de la falta de gas podría solucionarse en 2028 con la finalización de diversas obras en curso, aunque hasta entonces la situación se complicará. “Hasta 2028 esto va a ser así. Se está trabajando en la infraestructura de evacuación. Gas hay en Vaca Muerta”, afirmó.
Apud explicó que el frío afecta el suministro debido a que “cuando baja la temperatura, se enfrían los caños y disminuye la presión, lo que provoca un menor suministro”. Asimismo, advirtió que las empresas con contratos interrumpibles estarán más expuestas a cortes en el suministro.









