Argelia y Jordania son representativas de esta dualidad. En la década de 1980, Argelia, junto a Camerún, fue una de las primeras selecciones africanas que hizo notar el valor del fútbol en su continente. Hoy, Jordania es un país que levanta la voz en el ámbito moderno. Los dos conjuntos se encontraron en San Francisco, ambos con la urgencia de ganar para continuar en la competencia. Aunque la tensión se mantuvo hasta casi el final, la historia se inclinó a favor de los argelinos.
Los Zorros del Desierto lograron revertir un encuentro que comenzó en desventaja, más por errores propios que por méritos del rival. El joven talento Ibrahim Maza, de 20 años y nacido en Alemania, fue fundamental; con su habilidad y determinación, inspiró a su equipo a evitar una caída que habría resultado humillante. Jordania luchó para mantener sus chances en la última jornada de la fase de grupos, pero, como en su debut ante Austria, se desvaneció antes de alcanzar su objetivo. Así, el resultado final fue 2-1 a favor de Argelia, un encuentro más emotivo que bien jugado, que acerca a los argelinos a los 16avos de final, elimina a Jordania y asegura a Argentina el primer puesto del grupo.
Durante más de una hora, Argelia se mostró desorientada sobre el campo, confundiendo el control de la pelota con dominio del juego. El equipo dirigido por el bosnio-suizo Vladimir Petkovic tardó en recordar que debía buscar el arco rival; la posesión del balón es ineficaz si no se acompaña de un ritmo dinámico o intentos de desorganizar una defensa bien plantada.
El joven Maza, prometedor mediocampista del Bayer Leverkusen, despertó a su equipo. Moviéndose por todo el ancho del campo, se convirtió en el receptor de los pases y comenzó a crear juego junto a Nabil Bentaleb, un cambio acertado del técnico en el segundo tiempo, y las cualidades que aún conserva Riyad Mahrez, así como la movilidad de Amine Gouiri. Maza se dio cuenta rápidamente de que se necesitaba más agresividad para presionar a un rival que se había fortalecido tras abrir el marcador (un remate de tres dedos de Al-Rashdan a los 35 minutos del primer tiempo) y estaba amenazando con aumentar la ventaja.
Gradualmente, la presión se transformó en dominio y luego en asedio. Los tiros de esquina y las jugadas de pelota parada jugaron un rol clave. Dos córners desde la derecha, a los 23 y 37 minutos del segundo tiempo, ayudaron a disimular las dificultades de los dirigidos por Petkovic en la creación de oportunidades de peligro en el juego. En la primera acción, el arquero Abulaila dudó entre salir o quedarse, lo que permitió que Nadir Benbouali empatara el partido (la debacle ante Austria había comenzado de forma similar). En la segunda, Ramy Bensebaini ganó de cabeza, hubo un rebote, Gouiri actuó rápidamente antes que Abulaila y anotó con un toque sutil.
Jordania, que será oponerse a Argentina en la última jornada, mostró un panorama de sus carencias y limitadas soluciones. Intentó seguir el ejemplo de Curazao, Cabo Verde o Congo, tratando de ser una selección que participa sin grandes expectativas, pero con ilusión y fe. Estuvo cerca de conseguir hazañas similares, pero le faltaron recursos y resistencia.
Excesivamente cauteloso, el equipo del marroquí Jamal Sellami se organizó con un cerrado 5-4-1 y casi no salió de su campo hasta la jugada del 1 a 0. A partir de allí, mostró que con un poco más de valentía podría haber complicado a un rival indeciso, pero ante los embates de Maza, renunció a cualquier intento ofensivo y se dedicó a resistir los centros de Argelia, hasta que dos de ellos cerraron las puertas a su primer Mundial.
Argelia aún puede soñar, aunque deberá mejorar su puntería si quiere recordar viejos triunfos. Jordania se despedirá el sábado ante Argentina en un encuentro que no alterará su futuro inmediato, pero puede dejar el torneo con dignidad. Su debut mundialista fue breve, pero cuenta con el potencial para crecer; el tiempo dirá si será capaz de aprovecharlo para regresar al escenario del fútbol internacional.









