Tras venderla, optaron por otra estrategia: invertir en inmuebles para alquilarlos por habitaciones. Hoy administran cuatro pisos donde viven 20 personas y, según contó Chris en una entrevista, obtienen 2.800 euros netos mensuales.
La primera propiedad que compraron fue el chalet de la sierra madrileña. Entonces, tener una casa propia les parecía el paso natural. “Todo el mundo nos decía que vivir de alquiler era tirar el dinero y que necesitábamos tener una casa en propiedad”, recordó.
Pero los gastos pronto se hicieron difíciles de sostener. La hipoteca rondaba los 1.000 euros al mes y cada uno de los dos percibía cerca de 1.200 euros. A eso se sumaban jornadas laborales de hasta 12 horas, cinco o seis días por semana.
“Recuerdo estar dándole vueltas cada día. Nos vamos a meter en la carrera de la rata pagando una cuota de 1.000 euros al mes con dos salarios de 1.200 euros”, contó. Durante dos años, según recordó, dejaron de salir a cenar, no se fueron de vacaciones y recortaron casi todos sus gastos.
Al final, vendieron el chalet y destinaron el capital recuperado a comenzar a comprar propiedades para alquilar habitaciones.
Chris y su pareja se enfocaron en barrios trabajadores del sur de Madrid, entre ellos Móstoles y Alcorcón. En vez de buscar departamentos en condiciones impecables, eligieron viviendas que requerían reformas y podían acondicionarse para varios inquilinos.
Las obras en cada propiedad costaron entre 6.000 y 12.000 euros. Con esos arreglos, buscaron crear espacios cómodos y atractivos para quienes necesitan alquilar una habitación.
En la actualidad, las cuatro viviendas alojan a unas 20 personas. “La suma de los cuatro pisos da 2.800 euros netos. A día de hoy es más que mi salario por cuenta ajena”, explicó.
La actividad también exige organización y trato cotidiano con los inquilinos. No alcanza con cobrar el alquiler: hay que administrar los pisos y ocuparse de que funcionen.
A los 30 años, Chris se propone expandir el negocio. Quiere pasar de cuatro a nueve propiedades, cantidad que considera suficiente para alcanzar la libertad financiera que busca.
“No soy capaz de proyectar mi vida con los gastos de hoy”, reconoció. Entre sus objetivos están tomarse vacaciones durante varios meses y emprender sin que la necesidad económica sea el factor que más pese.
La experiencia también cambió su perspectiva sobre la vivienda propia. Tras comprar y vender un chalet, encontró en el alquiler por habitaciones una manera de generar ingresos con propiedades.










