Sin embargo, el inicio de la temporada para el club no fue fácil, con tres derrotas iniciales que hicieron dudar sobre la continuidad del Colorado como director técnico. A pesar de las adversidades, logró remontar y superar a Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán, Huracán y Estudiantes, llegando a liderar la Zona B tras el empate de Argentinos Juniors con Lanús. ¿Cuál es su secreto?
Sava parece haberse convertido en un experto en la gestión de grupos de jugadores, más allá de la táctica. Es un entrenador con inquietudes poco comunes en el ámbito futbolístico. Aunque dejó inconclusos sus estudios en Ciencias Económicas, se graduó como psicólogo social en la Escuela de Pichón Riviere y ha escrito libros como “Los colores del fútbol” (2010) y el reciente “Fútbol y Psicología Social: una filosofía de vida”. Un allegado lo describe como alguien “que siempre está haciendo algo”. Tras realizar ejercicios de funcional en el gimnasio, responde a una consulta.
—La verdad es que resulta sorprendente ver a Sarmiento en tan buena posición. Nadie lo esperaba. ¿Tú lo tenías en mente?
—Siempre se sueña con estas cosas, aunque recién empieza. Van seis partidos y hemos ganado cuatro seguidos, pero todavía queda mucho. Tuvimos un buen arranque y hay que seguir soñando con ganar, que es el objetivo de nuestro trabajo.
—En febrero comentaste sobre el formato del torneo. Mencionaste que un torneo de 20 equipos podría mejorar la calidad, pero este formato también permite que equipos como Sarmiento tengan la oportunidad de competir.
—Pienso que sin la cantidad actual de equipos, Sarmiento no estaría en Primera. Igualmente podrían no estarlo otros clubes que han crecido en los últimos años, como Patronato (donde fui DT y ganamos la Copa Argentina 2022). Con 20 equipos habría sido muy complicado. Cierto es que al tener 30 equipos puede que el nivel baje en ocasiones, pero también se brindan más oportunidades.
—¿Crees que la calidad del torneo actual es deficiente?
—No. Es muy competitivo. Hay adversarios más fuertes y otros más débiles, pero cada partido es complejo. El fútbol argentino es de los más difíciles del mundo.
—¿Qué crees que explica el fenómeno de Sarmiento?
—El compromiso del club por hacer las cosas bien y mantener un proyecto. A mitad de año pudimos incorporar jugadores y no se fue ninguno, lo que favorece la cohesión del grupo. Los futbolistas se conocen mejor y hemos fortalecido la cantera. Nuestro presupuesto es uno de los más bajos, pero el club cumple con lo prometido, lo que los jugadores valoran. Además, contamos con instalaciones muy buenas que no tienen nada que envidiar a otros en Primera. Esto es resultado de un proceso que lleva años, con gente que apuesta por la formación y el crecimiento continuo. Así, le dimos oportunidad a buenos jugadores y logramos conformar un gran equipo. Pero aún queda mucho por hacer. El fútbol es cambiante y debemos entrenar con humildad para continuar creciendo.
—¿Qué actividades realizan además de entrenar?
—Cuando se puede, organizamos asados en la casa del presidente, campeonatos de truco y actividades con las divisiones menores. Sin embargo, lo fundamental está en el día a día: la convivencia, el entendimiento de los roles y la comunicación entre los jugadores. Esto se logra con el tiempo y requiere dedicación en los entrenamientos y en el vestuario.
—El tiempo como aliado, algo escaso en el fútbol argentino.
—Sí, hay muchos cambios de jugadores y entrenadores que dificultan la identificación con el club, los compañeros o la hinchada. Históricamente, los equipos exitosos han logrado mantener procesos estables.
—En el vestuario también está Insaurralde. ¿Cuál es su rol?
—Es fundamental. Lleva años en el club, tiene experiencia y profesionalismo. Su dedicación al entrenamiento diario lo convierte en un ejemplo para los demás y contribuye al crecimiento del equipo.
—El clima positivo también juega un papel crucial en el fútbol.
—Así es. Tener gente con una actitud positiva que enfrente los problemas y busque soluciones facilita mucho las cosas. Lo mismo ocurre con un entorno respetuoso que prioriza el bien común del grupo.
—¿Cómo definirías al Sarmiento actual?
—Es un equipo que ataca y defiende de manera conjunta. Cuando defiende, lo hace con intensidad, y al atacar, muestra determinación para marcar goles. Además, es un equipo solidario: aquellos que juegan menos entrenan con la misma dedicación, ayudan a sus compañeros y esperan su oportunidad.
—¿Cómo influye la energía positiva en el equipo?
—Se puede trabajar en ello. Nos dimos cuenta de que necesitábamos ajustes. Conocernos mejor facilita la comunicación y permite que los jugadores expresen sus sentimientos. También es esencial prestar atención a aquellos que juegan menos, identificando problemas y abordándolos rápidamente. El bienestar del grupo es clave para su salud mental.
—Parece que establecer un equipo exitoso depende más de lo humano que de lo técnico.
—Así es, pero ambos aspectos son importantes. Si uno falla, el otro también se ve afectado. Debe existir un ambiente donde el jugador pueda expresarse y haya buena comunicación, además de una comprensión sólida del juego: estudiar adversarios, planear entrenamientos, partidos y viajes. La relación con los dirigentes también es crucial. Siempre recalco que el equipo que se ve en la cancha es un reflejo fiel de lo que es el club, de sus dirigentes y del trabajo del entrenador.
—¿Trabajar en Junín te brinda un entorno más tranquilo?
—No necesariamente, ya que siempre hay que ganar. Así está el fútbol hoy. Si pierdes tres o cuatro partidos, rápidamente aparecen demandas para un cambio.
—¿Crees que existe una especie de “histeria” en el ambiente?
—Sí, parece que hay quienes disfrutan del mal desempeño de un equipo. Las redes sociales no ayudan en este aspecto. Todo esto complica la posibilidad de sostener procesos, porque se exige éxito inmediato. Creo que la existencia misma es un proceso. He tenido momentos muy buenos y también duros; he aprendido de ambos. Los clubes deben estar preparados para mantener estos procesos. A menudo se piensa que cambiando un entrenador o un jugador se solucionarán los problemas, y no es tan simple.
—Un caso representativo podría ser el de River.
—Sin duda. Han llegado múltiples refuerzos y el entrenador aún los está conociendo. La paciencia es crucial. En mi experiencia, cada vez que ha habido muchos cambios, ha costado encontrar un funcionamiento adecuado. Esperar que un equipo con ocho o diez nuevos jugadores funcione de inmediato es muy complicado, algo que viví en Gimnasia, donde estuve durante varios años construyendo una base sólida. El tiempo lo brinda todo. En la actualidad, la rapidez con la que se piden cambios tras una derrota es alarmante. Se necesita fomentar la paciencia, el trabajo en proyectos y la confianza. Además, es fundamental contar con más profesionales que acompañen a los líderes y apoyen a los futbolistas en su relación con el grupo.
—Los equipos donde hay vínculos afectivos son los que mejor rinden.
—Exacto.
—Entonces parece esencial crear grupos de personas que se lleven bien.
—No tengo dudas al respecto. Sin embargo, lograr esto en el fútbol profesional es complicado. Los equipos campeones suelen ser aquellos en los que los jugadores tienen un mejor conocimiento mutuo y una relación más cercana. Un claro ejemplo es la Selección nacional.
—¿Qué observaste en el Mundial?
—Es similar a lo que sucedió con España. Son equipos cuyos jugadores han compartido experiencias durante muchos años. Conocen sus estilos y han jugado juntos por largo tiempo. A pesar de que todas las selecciones tienen grandes futbolistas, la diferencia en Argentina y España radica en esos vínculos reforzados con el tiempo.
—¿Qué haces cuando no estás entrenando?
—Desde las seis de la tarde hasta las nueve, me tomo un tiempo para mí. Me involucro en distintas actividades. Cuando estaba escribiendo el libro “Fútbol y psicología social: una filosofía de vida”, dedicaba mucho tiempo a ello también. Practico natación tres veces por semana, hago ejercicios funcionales y patino. Intento aprovechar esos momentos para mí.
—¿Patinas con rollers?
—Sí, en un equipo de velocidad. Me gusta la velocidad. Cuando era niño, patinaba y regresé a hacerlo aquí en Junín, donde hay un buen equipo con chicos en la selección que compiten a nivel nacional. Me entusiasma y me aporta adrenalina, aunque puede ser arriesgado por la velocidad.
—¿Es más adrenalínico que el fútbol?
—No, busco una experiencia cercana. He practicado deportes extremos como aguas abiertas y parapente, pero no hay nada comparable a la adrenalina que genera un partido de fútbol. Participar en una carrera de natación en el mar no se compara, ya que me sentí más en paz que intimidado. En cambio, jugar al fútbol es una experiencia única para mí, me llena de vida.









