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A 200 años del combate naval de Quilmes: dos buques contra una escuadra y la lucha que fortaleció la figura del Almirante Brown

30 julio, 2026
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A 200 años del combate naval de Quilmes: dos buques contra una escuadra y la lucha que fortaleció la figura del Almirante Brown
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Entre 1825 y 1828, las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil se involucraron en un conflicto armado derivado de la prolongada disputa por la posesión de la Banda Oriental y el dominio del espacio rioplatense. Esta controversia se remonta a los inicios de la colonización española y portuguesa en América del Sur, que se inició en el siglo XVI.

Para los portugueses, establecidos en Brasil a partir de 1500, era crucial controlar la Cuenca del Plata para potenciar las comunicaciones internas del Brasil, así como para acceder al Alto Perú y sus codiciados recursos minerales, además de establecer una conexión con el océano Pacífico. Por ende, la ocupación de la Banda Oriental, situada estratégicamente como guardiana del Río de la Plata, se volvió esencial.

Las tensiones entre hispanos y portugueses se intensificaron durante los siglos XVII y XVIII, con los desplazamientos portugueses que afectaron las fronteras españolas en el área del Plata. La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1777 permitió a España establecer una defensa más robusta de la región rioplatense y del Atlántico Sur frente a los avances de Portugal y del Reino Unido. Esta medida también ayudó a delinear de manera más clara los límites entre los dominios hispánicos y portugueses.

Entre 1808 y 1821, la monarquía portuguesa se trasladó a Río de Janeiro en respuesta a la invasión napoleónica de su país. Desde allí, los portugueses reactivaron su política de expansión, aprovechando la inestabilidad política de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Entre 1811 y 1812, las fuerzas portuguesas ocuparon la Banda Oriental para respaldar al gobierno español de Montevideo en su lucha contra los revolucionarios de Buenos Aires.

Durante el conflicto civil entre Buenos Aires y los caudillos federales del litoral (1815-1821), los portugueses llevaron a cabo la invasión de la Banda Oriental en 1816, capturando Montevideo en 1817 y transformando el territorio en la Provincia Cisplatina en 1821. Luego, el 7 de septiembre de 1822, Brasil logró independizarse de Portugal, manteniendo la ocupación de la Provincia Cisplatina y continuando con su política expansionista sobre el Río de la Plata.

Un contingente de 33 patriotas orientales se organizó en las Provincias Unidas del Río de la Plata, buscando liberar su territorio con el respaldo del Gobierno. El 19 de abril de 1825, desembarcaron en la playa de la Agraciada, en territorio oriental, iniciando así la heroica Gesta Libertadora de los 33 Orientales.

El 25 de agosto de 1825, los orientales aprobaron las Leyes Fundamentales de Independencia en relación a Portugal y Brasil, además de su unión a las Provincias Unidas. Afirmaron sus decisiones en el campo de batalla al conquistar a los brasileños en Rincón (24 de septiembre de 1825) y Sarandí (12 de octubre de 1825). La Provincia Oriental se incorporó a las Provincias Unidas el 25 de octubre de 1825.

El 10 de diciembre de 1825, el emperador brasileño Pedro I declaró la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata. El 21 de diciembre, se estableció un bloqueo naval sobre los puertos y costas del Plata, y el 1 de enero de 1826, el Gobierno de las Provincias Unidas declaró la guerra al Imperio.

El conflicto presentó una dimensión naval significativa, ya que el epicentro de la disputa era la Banda Oriental, un territorio clave para controlar la amplia y estratégica región rioplatense, rodeado por importantes ríos y cercano al Atlántico Sur.

El Imperio del Brasil contaba con una formidable potencia naval en Sudamérica. Su flota, bien armada y poderosa, estaba compuesta por cerca de 80 buques de diversos tipos. La Marina imperial poseía una administración sólida y organizada, así como arsenales, astilleros, una academia para formar oficiales y un cuerpo de infantería de marina. Sus principales bases en el Plata eran Montevideo, Colonia del Sacramento y las islas de Martín García y Gorriti.

En contraste, las Provincias Unidas del Río de la Plata enfrentaban la imposibilidad de confrontar en igualdad de condiciones a la poderosa Marina imperial debido a su casi total falta de una Marina de Guerra. La urgencia llevó al Gobierno a crear un poder naval desde cero, lo que demandó un considerable esfuerzo económico y político para organizar una nueva escuadra. Al inicio de la guerra, esta escuadra contaba con la fragata “25 de Mayo”, las goletas “Río de la Plata”, “Sarandí” y “Pepa”, los bergantines “República”, “Congreso”, “Independencia”, “General Balcarce” y “General Belgrano”, junto a 12 cañoneras.

Para al mando de esta nueva y joven fuerza naval, se designó nuevamente a Guillermo Brown, quien había nacido el 22 de junio de 1777 en Foxford, Irlanda. Tras trasladarse a Buenos Aires con su familia, había estado comerciando en el Plata desde antes de la Revolución de Mayo. Era un marino con amplia experiencia y un amplio reconocimiento. Había liderado la escuadra argentina en la decisiva campaña naval contra los realistas en Montevideo (1814) y comandado un crucero de corso contra los españoles en el Pacífico (1815-1816). Entre enero y julio de 1826, izó su insignia en la fragata “25 de Mayo”.

La estrategia de Brown consistió en alejar lo más posible a la línea de bloqueo de las costas argentinas; asegurar las comunicaciones navales para apoyar las operaciones del Ejército Republicano en la Banda Oriental, y hostigar el comercio brasileño a través de una intensa guerra de corso e incursiones costeras.

Durante los primeros meses del conflicto, las acciones navales se centraron en el Río de la Plata, donde la compleja navegación se volvió un verdadero desafío para todos los marinos rioplatenses e imperiales, incluso para el experimentado Guillermo Brown, debido a los numerosos bancos de arena y los peligrosos fondos que a menudo ocasionaban encallamientos a los barcos.

En el primer semestre de 1826, se llevaron a cabo combates significativos en Punta Colares (9 de febrero), Banco Ortiz (2 de mayo), Balizas Exteriores (23 de mayo) y Rada Exterior (25 de mayo). Además, tuvieron lugar dos intentos fallidos para ocupar Colonia del Sacramento (26 de febrero y 1 de marzo) e incursiones sobre Montevideo para capturar buques de guerra brasileños. En el combate de Los Pozos (11 de junio), Brown logró rechazar a una importante y poderosa fuerza naval imperial frente a la ciudad de Buenos Aires.

Estas acciones, a pesar de los altos costos en vidas humanas y recursos, permitieron a Brown, con su escuadra activa y flexible, desafiar, sorprender y desgastar a la poderosa flota imperial brasileña, alterando su bloqueo. Este periodo también evidenció una constante en la guerra: la escuadra de Brown confrontando a su adversario en condiciones de inferioridad numérica y de poder combativo.

La victoria de Brown en Los Pozos elevó la moral y el espíritu combativo de su pequeña escuadra, que permaneció fondeada, inactiva pero alerta, en el fondeadero de Los Pozos. Por su parte, la escuadra del capitán James Norton mantuvo el bloqueo sobre Buenos Aires y las costas del Río de la Plata.

El 29 de julio de 1826, la escuadra brasileña emergió de nuevo ante la capital portuaria. Norton buscaba provocar a la escuadra de Brown, esperando que esta abandonara su fondeadero para incitar un combate, tras más de un mes de inactividad. La fuerza imperial estaba compuesta por 20 buques, incluyendo la fragata “Nichteroy” (insignia de Norton), las corbetas “Liberal”, “María da Gloria”, “Maceió” e “Itaparica”, los bergantines “Caboclo”, “Pirajá”, “29 de Agosto” e “Independencia o Muerte”, así como las goletas “Real Joao”, “Leal Paulistana”, “Doña Paula”, “Concepción”, “9 de Enero”, “12 de Octubre” y “7 de Marzo”, sumando un total de 2000 hombres y 300 cañones. Esta escuadra adoptó una alineación en sus fondeaderos, lista para cualquier eventualidad.

El capitán de navío James Norton era un oficial sobresaliente, valiente y de fuerte personalidad, nacido el 9 de junio de 1789 en Nottingham, Reino Unido. A lo largo de su trayectoria militar, fue oficial de la Royal Navy y capitán mercante de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Desde 1823, se había incorporado a la Marina del Imperio de Brasil, destacándose en las luchas por la independencia brasileña. Su rol durante el conflicto contra las Provincias Unidas del Río de la Plata lo llevó a defender su fragata “Nichteroy” frente al ataque de Brown y liderar las principales acciones de bloqueo, convirtiéndose en un adversario personal durante las contiendas en el Plata entre enero y julio de 1826.

Uno de los jefes brasileños más destacados presentes en Quilmes fue el capitán de fragata John Pascoe Grenfell. Nacido en el Reino Unido en 1800, se unió a la Compañía Británica de las Indias Orientales a los 11 años y formó parte de la Marina de Guerra de Chile entre 1819 y 1820 durante la guerra de independencia hispanoamericana, siendo condecorado con el lema “Yo fui de la Escuadra Libertadora” por el General San Martín. Después de su paso por la Marina chilena, se unió a la Marina de Guerra del Imperio del Brasil, participando en la consolidación de la independencia brasileña contra Portugal, así como en el conflicto contra las Provincias Unidas del Río de la Plata entre 1825 y 1828.

Al alertarse de la aparición de la flota brasileña, Guillermo Brown dispuso de inmediato la movilización de su escuadra: la fragata “25 de Mayo” (insignia), los bergantines “República”, “Congreso”, “Independencia” y “General Balcarce”, las goletas “Río de la Plata”, “Sarandí” y “Pepa”, un corsario llamado “Oriental Argentino” y un total de ocho cañoneras. Entre sus capitanes, sobresalían los porteños Tomás Espora y Leonardo Rosales, quienes habían luchado codo a codo en múltiples combates y gozaban del aprecio de Brown.

Tomás Espora, nacido el 19 de septiembre de 1800, participó en la guerra de independencia hispanoamericana y llevó a cabo importantes campañas de corso, como la del Pacífico bajo la dirección de Guillermo Brown (1815-1816) y con la fragata “La Argentina” de Hipólito Bouchard (1817-1819). También formó parte de la Escuadra Libertadora y recibió del General San Martín la medalla con el lema “Yo fui de la Escuadra Libertadora”. En la guerra contra el Brasil, fue comandante de la fragata “25 de Mayo” y tomó parte en los combates de Punta Colares, Banco Ortiz y Los Pozos, así como en los fracasos de ocupación de Colonia del Sacramento y los ataques a Montevideo.

Leonardo Rosales, nacido el 5 de noviembre de 1792, sirvió bajo las órdenes de Guillermo Brown en la campaña naval de 1814 contra los realistas de Montevideo, participando en los combates de Arroyo de la China y Montevideo. También sirvió a la Marina de Buenos Aires durante las guerras civiles del litoral y se destacó en el combate naval de Colastiné en 1821. En la guerra contra el Imperio de Brasil, luchó en Punta Colares, Los Pozos y en los ataques a Colonia del Sacramento.

El 29 de julio, Brown, acompañado de sus comandantes y oficiales, organizó una audaz operación a bordo de la fragata “25 de Mayo”. La táctica se inspiraba en las célebres batallas navales del almirante británico Horacio Nelson a finales del siglo XVIII y principios del XIX, como Aboukir y Trafalgar.

El plan de Brown consistía en efectuar un ataque sorpresivo durante la noche contra la escuadra brasileña, rompiendo su formación y aislando su vanguardia de los buques de retaguardia, realizando ataques en detalle para destruir o dañar algunas naves y provocar confusión entre las unidades imperiales. Así, buscaba alterar el dispositivo de bloqueo y debilitar a la poderosa flota de Norton, alejándola de las costas más cercanas a Buenos Aires.

El ataque nocturno del 29 de julio de 1826 se llevó a cabo cerca de las costas de Quilmes. La oscuridad era profunda. A las 21:30 horas, la escuadra de Brown se encontró con la goleta “Doña Paula”, que fue atacada, provocando daños en su arboladura.

Cerca de las 22:00 horas, la escuadra, encabezada por la “25 de Mayo”, navegado en línea de fila, recorrió la formación brasileña, intercambiando un intenso intercambio de cañonazos. A las 22:30, la fragata logró abrirse paso entre las naves brasileñas, fracturando la línea enemiga, acompañada solamente por la pequeña goleta “Río de la Plata” del capitán Rosales, ya que algunos buques resultaron demasiado lentos y otros se retiraron por falta de confianza de sus capitanes.

Ambas escuadras quedaron desordenadas, y la “25 de Mayo” y la goleta “Río de la Plata” se encontraron prácticamente enfrentando a toda la flota imperial, en un duelo desigual caracterizado por intenso fuego de artillería. Allí, el valor y la tenacidad de Brown y sus marinos contrarrestaron la abrumadora superioridad de la escuadra imperial comandada por Norton.

Luego de una resistencia heroica, hacia las 23:30, Brown aprovechó la oscuridad y la desorganización enemiga para salir del cerco de fuego, logrando poner a salvo tanto a la “25 de Mayo” como a la goleta “Río de la Plata”, que finalmente se reunieron con el resto de la escuadra tras generar desorden y confusión en la flota brasileña. En su diario, el capitán del Puerto de Buenos Aires, el coronel de marina Francisco Lynch, anotó que “a las diez y media se rompió el fuego, sin saberse el resultado, el que paró a las once y media”.

Guillermo Brown relató la dura jornada del 29 de julio: “Resuelto a atacar, me propuse desalojar a los brasileños de su posición. La escuadra, al anochecer, salió de Los Pozos. A las 9:30, la ’25 de Mayo’ se lanzó sobre la línea brasileña, disparando dos andanadas y desmantelando una goleta. La ’25 de Mayo’ soportó un intenso fuego sin sufrir daños. Esperé en vano a los otros buques y lamenté no haber sido apoyado por ellos. La goleta “Río”, capitán Rosales, fue la única que siguió a la ’25 de Mayo’. Según uno de los mejores oficiales brasileños, si Brown hubiera sido respaldado por sus propios buques, una tercera parte de la escuadra de Brasil habría sido capturada o destruida”.

Según un historiador brasileño, “la ’25 de Mayo’ fue seguida únicamente por la goleta ‘Río de la Plata’, comandada por Leonardo Rosales, uno de los valientes oficiales argentinos. En su arriesgada maniobra, que pudo haberle costado la vida aquella noche, Brown logró escapar a pesar del fuego del bergantín Caboclo y de otros buques. Norton entendió que no era prudente perseguir al enemigo, pues la oscuridad de la noche hacía fácil la confusión y complicado reconocer con precisión los barcos enemigos”.

Después del enfrentamiento del 29 de julio, Brown expresó su descontento a los capitanes que no lo apoyaron, dio nuevas instrucciones, reorganizó sus fuerzas y se preparó para otro combate al amanecer del día siguiente. El almirante buscó aplicar prácticamente el mismo plan, aunque esta vez dirigiría su ataque a la retaguardia de la línea brasileña, que se produciría nuevamente frente a las costas de Quilmes. Antes de iniciar la operación, Brown transmitió a su escuadra una de sus célebres arengas: “Es preferible hundirse que rendir el pabellón”.

En la mañana del 30 de julio de 1826, la escuadra de Brown atacó a la poderosa flota imperial, que había recibido refuerzos. Como el día anterior, la “25 de Mayo” solamente estuvo acompañada por la pequeña goleta “Río de la Plata”, que contaba con un solo cañón. Algunos buques se retiraron a Punta Lara debido a la indecisión de sus comandantes, mientras que otros quedaron aislados o regresaron a Los Pozos por ser demasiado lentos.

La “25 de Mayo” y la “Río de la Plata” rompieron la retaguardia brasileña, atravesando así la línea enemiga, pero terminaron rodeadas por toda la escuadra imperial gracias a una maniobra oportuna y hábil de Norton, que situó a sus naves entre dos fuegos. Durante tres horas consecutivas, ambos buques sufrieron un intenso fuego de artillería que causó numerosas bajas y devastadores daños, especialmente a la fragata de Brown, sobre la cual se concentraron los disparos del enemigo.

La fragata “Nichteroy” de Norton; las corbetas “Liberal”, “María da Gloria” e “Itaparica”; los bergantines “Caboclo” y “29 de Agosto”; la goleta “Leal Paulistana” y los demás buques, incluso en desorden, turnaban sus ataques contra la “25 de Mayo”, apenas protegida por la pequeña goleta de Rosales. Así, los dos barcos de Brown se enfrentaron a unas 23 naves imperiales. El temor de los brasileños a un posible abordaje les impidió tomar la “25 de Mayo” al asalto, ya que temían que Brown la hiciera volar antes de que cayera en manos enemigas.

Brown rememoró: “La ’25 de Mayo’, así dejada a su suerte, fue rodeada por toda la fuerza enemiga, que parecía empeñada en destruir el buque. Durante tres horas soportó el fuego que le llegaba por doquier”. Algunas crónicas brasileñas afirmaban que el buque de Brown estaba siendo atacado por el disparo de la “Nichteroy” y del “Caboclo”, y, a pesar de su defensa heroica, intentó la fuga. Durante el combate, algunas unidades brasileñas tuvieron dificultades debido a su calado, el riesgo de encallar, su escasa velocidad y fallas en la maniobra.

Un detalle interesante fue que a bordo de la “Nichteroy” se encontraba Elisa Bland, la esposa de Norton, quien llegaba de Montevideo para visitar a su marido y se convirtió en testigo accidental del combate.

En medio del enfrentamiento, mientras Tomás Espora (comandante de la “25 de Mayo”) dirigía la lucha, una bala le arrancó la bocina de órdenes de la mano, aunque sin causar lesión grave. Sin alterarse, pidió una nueva bocina y continuó dando órdenes. En el caso de la “Río de la Plata”, el valor del capitán Rosales, sus oficiales y la tripulación fue tal que Brown exclamó: “¡Aquel muchacho sabe luchar con su gaviota!”.

La fragata “25 de Mayo” terminó con la proa devastada y la popa destruida; su timón quedó fuera de servicio y, prácticamente, toda su artillería fue desmontada. El velamen sufría también severos daños. Las bajas eran numerosas: Guillermo Brown había sido herido en el rostro por una astilla y el capitán Tomás Espora sufrió heridas en una mano y en una pierna. Las crónicas narran que la sangre corría por los imbornales del buque. Guillermo Finney, un marinero británico de la “25 de Mayo” y testigo del combate, hizo referencia a que “nuestras cubiertas parecían un matadero; con dolor y pesar peleábamos. La sangre caía por los imbornales de babor convertida en torrente”. Para evitar más pérdidas, Brown ordenó a la tripulación resguardarse en el entrepuente de la fragata.

La “25 de Mayo”, con su casco hecho trizas y herida de muerte, apenas flotaba y su fin parecía inminente; Brown la describió como “un despojo ingobernable”. En ese momento, se acercó el bergantín “Caboclo”, cuyo comandante, el capitán de fragata John Pascoe Grenfell (categorizado como “uno de los mejores oficiales al servicio brasileño”, según Brown), propuso a Brown rendirse y lo invitó a tomar un té a bordo de su buque. Sin embargo, Brown se negó a capitular, manteniendo su resistencia, lo que llevó a una andanada de metralla contra el “Caboclo”, causando una lesión que obligó a amputar el brazo derecho del capitán Grenfell.

A las 9:30, otros buques de la escuadra de Brown se hicieron presentes para ayudar a la “25 de Mayo”. La caótica e insostenible situación a bordo obligó a Brown, aproximadamente a las 10:30, a transferir su insignia al bergantín “República”, lo que hizo en una pequeña embarcación en medio del fuego enemigo. Al subir al nuevo buque, fue recibido por su comandante, quien escuchó el famoso reproche de Brown: “Señor Clark, lamento tanto verlo vestido con nuestro uniforme como dirigiendo este buque. Salga de mi vista, porque no reconozco a nadie más valiente que Brown, Espora y Rosales”.

Desde su nueva posición, Brown proseguiría con la intensa lucha. Acompañada por cañoneras, la goleta “Río de la Plata” del capitán Rosales continuó enfrentándose con su único cañón. De hecho, cuando la goleta se quedó sin municiones, un grupo de marineros improvisó nuevas balas de forma artesanal.

Al mando de la “25 de Mayo”, Tomás Espora, a pesar de estar gravemente herido, ordenaba desde una camilla improvisada en la cubierta a los pocos hombres con capacidad para combatir. Esta fragata, asistida por el bergantín “República” y ocho cañoneras, fue remolcada por dos de estas últimas y acompañada por la goleta “Sarandí” hacia el fondeadero de Los Pozos, mientras enfrentaban un intenso tiroteo por parte de la corbeta “Liberal” y el bergantín “29 de Agosto”.

Poco después de las 13:00 horas, tronó el último cañonazo. Debido a que la fuerza naval brasileña enfrentaba escasez de municiones, carecía de buenos prácticos y podía encallar por la inminente bajante de las aguas, el capitán Norton no persiguió a su valiente adversario y se retiró del lugar del feroz enfrentamiento. En su retirada, la fragata “Nichteroy”, la corbeta “Itaparica” y el bergantín “Caboclo” presentaban averías en sus arboladuras.

Finalmente, el escuadrón que representaba a la flota argentina fondeó en Los Pozos esa tarde del 30 de julio de 1826. La “25 de Mayo” quedó tan destruida que se tornó imposible repararla, y, por ello, permaneció fondeada en Los Pozos hasta fines de 1827, momento en que se hundió por las fuertes bajantes y los violentos temporales. La fragata, que había tenido una vida de gloria tras varios combates y sin haber sido sometida o capturada por el enemigo, cerró su ciclo marino dignamente. En 1933, durante trabajos de dragado del Ministerio de Obras Públicas en Puerto Nuevo, se extrajeron del fondo del río maderas, balas, cañones, anclas, cadenas y clavos que se identificaron como pertenecientes a la ilustre “25 de Mayo”. Estas reliquias se encuentran actualmente en el Museo Naval de la Nación, situado en Tigre.

En su parte sobre el combate, el ministro de Guerra y Marina, Guillermo Brown, destacó: “Hemos buscado, alcanzado y batido, pero no hemos obligado a rendir a los buques enemigos. Los de la nación están libres. Lamento informar que son muchos los muertos y heridos, y entre ellos, mi valiente capitán Espora. La ’25 de Mayo’ está completamente destrozada”. En respuesta, el ministro expresó que “el Gobierno se complace de la honorable conducta de la escuadra que, en los combates del 29 y 30, hizo pagar la audacia del enemigo, arrojándolos de una posición que nuestros valientes marinos no les permitieron conservar”.

Sobre los líderes navales de esos días, Guillermo Brown continuó teniendo un papel destacado en el resto de la guerra contra el Imperio del Brasil, y comandó la escuadra de la Confederación Argentina durante los complejos conflictos en el Río de la Plata entre 1839 y 1851. Se retiró del servicio naval en 1845 y falleció el 3 de marzo de 1857 en su histórica Casa Amarilla.

Espora continuó su lucha en la guerra contra el Imperio del Brasil, destacándose como corsario y en varios combates. Tras el conflicto, asumió como comandante general de marina y capitán del Puerto de Buenos Aires. El coronel de marina Tomás Espora falleció el 25 de julio de 1835 en su casa en Buenos Aires, en la actual avenida Caseros 2526, que se conserva como monumento histórico.

Rosales siguió participando activamente en la guerra contra el Imperio. Debido a su oposición al régimen de Juan Manuel de Rosas, se mudó a Carmelo, en la República Oriental del Uruguay, donde vivió el resto de sus días administrando una pulpería. Falleció el 20 de mayo de 1836, y sus restos fueron repatriados en 1996, conservándose actualmente en la iglesia de María Auxiliadora en Punta Alta.

James Norton continuó luchando durante la guerra contra las Provincias Unidas, fue inspector del Arsenal de Marina de Río de Janeiro entre 1831 y 1834, cumplió una misión en Nueva Zelanda de 1834 a 1835 y falleció el 29 de agosto de 1835.

John Pascoe Grenfell participó en la Revolución de los Farrapos (1835-1845). Fue jefe de la escuadra brasileña en Montevideo entre 1841 y 1846, y cónsul del Imperio en el Reino Unido de 1846 a 1848. Comandó la escuadra brasileña en el Río de la Plata y participó en la guerra contra el régimen de Juan Manuel de Rosas, culminando en la batalla de Caseros. Como resultado, fue condecorado con la Orden de la Rosa y la medalla de la Campaña del Río de la Plata.

Finalizada la campaña contra Rosas, Grenfell pasó unos días en Buenos Aires y aprovechó para visitar a Guillermo Brown, su adversario en Quilmes, en su famosa Casa Amarilla. El reconocido líder naval brasileño se presentó allí con su uniforme de gala, decorado con numerosas condecoraciones ganadas por su valentía. Al encontrar a Brown sembrando alfalfa y apoyado en su bastón, Grenfell le dijo: “¡Ah! Bravo, amigo, si usted hubiese aceptado las propuestas del emperador Pedro I, cuán distinta sería su suerte, porque en verdad, las repúblicas son siempre ingratas con sus buenos servidores”. A lo que Brown respondió: “Señor Grenfell, no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos. Considero superfluos los honores y riquezas cuando basta un poco de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores”.

A mediados de 1852, Grenfell asumió nuevamente como cónsul en el Reino Unido. Durante la guerra del Paraguay (1865-1870), fue designado comandante de las fuerzas navales aliadas, aunque no pudo asumir por problemas de salud. Ascendido a almirante, falleció el 20 de marzo de 1869.

Hace 200 años, el frente costero de la actual ciudad de Quilmes fue escenario de un intenso combate naval que se extendió por dos días. Este enfrentamiento evidenció el valor, la tenacidad y el heroísmo del Gran Almirante Guillermo Brown, de sus capitanes Tomás Espora y Leonardo Rosales, como así también de aquellos oficiales y marineros que supieron estar a la altura de las circunstancias, librando un combate desigual ante su formidable adversario brasileño, que poseía cualidades de valor y espíritu caballeresco similares a las de sus camaradas de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

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